¿Se parece el progresismo de Petro al de Biden?

"Ni de fundas, están a muchos años luz de distancia". Acá las razones

Por: edgar giraldo alzate
enero 26, 2021
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¿Se parece el progresismo de Petro al de Biden?

Ambos se declaran progresistas, ¿pero realmente van por la misma línea?

En primer lugar, el progresismo de Biden es básicamente el mismo de Obama; que a su vez está inspirado en las ideas socialistas del excandidato Sanders.

En Europa la palabra socialismo es de común aceptación, pero en EE. UU. y en Colombia son términos demoníacos, razón por la cual los políticos prefieren usar el eufemismo de progresismo.

Como ciudadano norteamericano, yo soy un ferviente admirador de Obama y voté por él dos veces y recientemente por Biden. Me seducía la capacidad de superación de Obama, pues tanto aquí como allá ser afrodescendiente, hijo de madre soltera y pobre son los ingredientes perfectos para el fracaso.

Técnicamente, los demócratas tienen un ala de izquierda muy similar al socialismo europeo y en esa vertiente se ubica Barack Obama. Él fue un gobernante marcado por dos tendencias muy definidas.

Por un lado, el Estado debe ser un firme regulador de la actividad económica, que debe estimular el crecimiento de las empresas. Al mismo tiempo, debe producir empleo, pagar los impuestos justos, no explotar al pueblo y contribuir a crear un estado fuerte.

La regla de oro de un demócrata progresista es que en la medida que el Estado sea más fuerte, el ciudadano obtendrá mayores y mejores derechos. ¿Y quién paga por todo esto? Pues los ciudadanos con más impuestos.

Esto no se parece en nada al comunismo, ni a la socialdemocracia: aquí no hay expropiaciones, ni nacionalismos desbocados. Ni el Estado se quiebra a causa de su propia ineficiencia, ni existe la demagogia barata.

¡El Estado de Obama-Biden es exitoso!

Por otro lado, tenemos la tendencia de un autoritarismo social, que es muy diferente al autoritarismo social de los conservadores interesados en controlar la “cosas inmorales” como el sexo, drogas, alcohol, (etc. tipo Ordóñez). Este otro autoritarismo es más amplio y busca regular temas como el medio ambiente, producción de comida y educación.

Ahora bien, estos dos autoritarismos, el económico y el social, enmarcaron el primer discurso del candidato hace algunos años. Al releerlo nos encontramos que ni está lleno de promesas ni de retórica. Su discurso giró alrededor de estos cuatro puntos y él se mantuvo fiel a ellos: disminuir la dependencia del petróleo, remediar la crisis de la salud, solucionar el problema escolar y satisfacer el problema económico de la clase media.

En este orden de ideas, durante los 30 primeros días de su primer gobierno, se implementó el paquete de estímulo económico que costó 787 billones que impulsaron 160.000 proyectos de los cuales 100.000 eran de infraestructura (autoritarismo social). Luego, vino la salvación de la industria automotriz y una regulación más dura para los bancos y Wall Street (autoritarismo económico).

La aporreada economía apenas sí se estremeció con semejante impacto. Al igual que los pacientes que sufren un paro cardiaco, la gráfica plana del electrocardiograma se convirtió en una montañita de picos vitales titilando tímidamente. Pero ya al final de su segundo mandato, Obama ya había alcanzado muchos de sus objetivos.

¿Ahora que pasó al subir Trump? Pues sencillamente él dio un reversazo en todo lo alcanzado. Dijo adiós al plan de salud; juró que la crisis ambiental no existía y se retiró del pacto de París; subió los impuestos a los pobres y bajó los de los ricos; y la clase media empeoró su crisis. De manera pues, que al final, los logros progresistas quedaron pulverizados.

Aquí en Colombia, Petro también se autoproclamó progresista, ¿pero qué tan real es ese progresismo? Veamos esos mismos cuatro puntos.

1. Disminuir la dependencia del petróleo. GP ha tomado el tema y hablado de la necesidad de impulsar las energías alternativas, pero resulta que Colombia depende de sus energéticos para subsistir y el chorro de dólares que producen no se pueden cortar abruptamente, sin tener un plan b para reemplazarlos. Países tan avanzados en el tema de la energía solar, como Alemania, Canadá y Australia, llevan más de 20 años trabajando en esto y ni siquiera han alcanzado el 5% de reemplazo.

2. Remediar la crisis de la salud. GP habla de salud gratis para todos. Teóricamente Colombia tenía un buen plan de salud, pero finalmente cayó en manos de politiqueros corruptos que lo hicieron ineficiente. Los planes de salud estaban montados sobre el supuesto que el 70% de los afiliados “ricos” sostendrían al 30% de los “pobres”. Pero en la práctica, resultó al contrario y hoy el 70% de los afiliados son los que no pagan o pagan muy poco. De manera que el problema de salud no es un problema de regalar la salud, pues hay otros factores, además de la corrupción, que están por fuera de su propuesta, como es el costo elevadísimo de las medicinas.

A partir de la Ley 100 de Gaviria, se empezó a desmontar el ISS, y la primera consecuencia de esa estupidez, fue que las medicinas se dispararon, ya que la entidad, era el primer comprador de medicinas, con un sistema muy transparente de licitaciones; y de esta manera sus precios quedaron al garete.

3. Solucionar el problema escolar. De nuevo aquí todo es gratis. Suena muy bello, pero de nuevo se necesita un Estado fuerte para lograrlo. GP ignora la mala calidad de la educación, las universidades de garaje, la falta de escalafón basada en conocimientos y no en términos de antigüedad. El candidato (ni ninguno otro) en toda su campaña mencionaron la palabra transferencia de tecnología, ni el fortalecimiento de los 60 Centros de Desarrollo Tecnológicos que existían en el país. Tampoco mencionaron mejorar la enseñanza en matemáticas, al nivel escolar; o incentivar el desarrollo de las ciencias duras.

4. Satisfacer el problema económico de la clase media. Aquí Petro hizo todo lo contrario y se dedicó a estimular el resentimiento entre la clase baja, lo cual asustó a la media, y de carambola la empujó a los brazos de Uribe. No existe algo que aterrorice más a un empleado que ver la posibilidad de expropiación de su vivienda o su carrito. Además tener dos millones de venezolanos de clase media en la calle vendiendo chucherías y hablando pestes del fracasado chavismo (del cual nunca ha abjurado G.P.) asusta al más valiente.

De otro lado, hablar de solucionar el problema ambiental a nivel local suena ridículo en un mundo globalizado donde los colombianos respiramos el aire contaminado que pudo haber sido generado en la China. Aquí se podrían hacer políticas locales como reciclar, proteger las fuentes hídricas, y establecer control estricto en las emisiones las reservas forestales. Definitivamente, prohibir la extracción de metales, la deforestación (por ejemplo la de La Conejera, que adelanta su cuñadito), la quema de pastos y cañaduzales, y la caza de especies protegidas.

Las fotos muestran siempre a un Obama sonriente, lo cual es reflejo de su humildad y extraordinario sentido del humor. Cuando un genealogista descubrió que su apellido materno descendía de la oligarquía tradicional norteña, un periodista le preguntó su opinión y él dijo: “Es que yo soy la oveja negra de la familia”. Como su madre es blanca y su padre africano, algún periodista impertinente le preguntó si se consideraba blanco o negro, respondió: soy un chandoso.

Las fotos de Petro muestran una caradura sin emociones. GP carece por completo del sentido del humor y es autoritario, sin embargo, lo que más caracterizaba a Obama era su capacidad conciliadora... A su vez, el talante de Biden muestra una gran humildad, que es muy lejana de la insoportable arrogancia petrista.

¿Los progresismos de Obama-Biden y Petro se parecen? Ni de fundas, están a muchos años luz de distancia.

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