Santos, el elegido para la guerra que gobernó para la paz

"Solo cuando desaparezca esta nube de polarización, veremos lo que nos dicta la razón y solo ahí pasará usted a la historia y agradeceremos su obra"

Por: Anibal Palacios Herrera
agosto 08, 2018
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Santos, el elegido para la guerra que gobernó para la paz
Foto: Twitter @JuanManSantos

Juan Manuel Santos resultó electo en el 2010 de la mano del entonces presidente Álvaro Uribe y con el apoyo de toda la clase política. Ante este panorama, la elección de Santos parecía garantizar las mismas políticas y los mismos protagonistas del gobierno Uribe. Sin embargo, pasada su elección y en la medida que se hacían conocer los nombres que conformarían su gabinete esta sensación empezó a desaparecer. Contrario a lo que se podía entrever, el primer gabinete de Santos estuvo compuesto principalmente por técnicos expertos en cada tema, eso sí, sin olvidar algunas cuotas políticas que más que favorecer al uribismo favorecieron principalmente a otros sectores antiguamente críticos del mismo, como Cambio Radical y el partido Liberal.

El 7 de agosto de 2010, Juan Manuel Santos se posesionó como presidente ante una audiencia internacional, que incluía presidentes y delegados de todos los países de la región y de otros países importantes. Fue cuestión de tiempo para que Santos añadiera como un tema prioritario en su agenda el fortalecimiento de las relaciones internacionales con todos los países, incluyendo los que habían presentado problemas diplomáticos anteriormente como Venezuela y a Ecuador. Por esos pocos meses después de su posesión Santos invitó a su homólogo venezolano Hugo Chávez a una reunión en Cartagena, oportunidad que aprovechó para dejar atrás los antiguos titulares, en los que era normal ver a los ejércitos de ambos países formándose en la frontera y parecía inminente un enfrentamiento bélico con Venezuela. Esta nueva era diplomática fue motivo suficiente para que el expresidente Uribe rompiera puentes con Santos, pues esa cortina de humo ya no estaba en el país y ya no había necesidad de mantener al país unido en contra de Venezuela, pues esta ahora era una nación amiga.

Ya como presidente, Santos incluyó una política social importante y sacó adelante leyes como la de la restitución de tierras, que era un primer paso para la reparación a las víctimas y el programa Ser pilo paga, entre los más recordados. Sin embargo fue después de 2 años de gobierno que Santos anunció el inicio de unos diálogos de paz con la entonces guerrilla de las Farc y ante mucho escepticismo las críticas no se hicieron esperar, pues en la historia quedaron muchos intentos fallidos de negociación con esta guerrilla. No obstante, las negociaciones continuaron y estas se convirtieron en un factor determinante para la reelección de Santos en 2014, pues para este año ya se habían concretado 4 de los 6 puntos que incluía la negociación, razón por la cual varios sectores políticos de izquierda lo respaldaron, lo que generó una repartición política de la torta mucho más desmedida en el gabinete del 2014. Estas negociaciones fueron la gota que rebosó la copa para Uribe, quien desde el 2014 se dedicó a la propaganda negra contra las mismas y cuya campaña presidencial con Óscar Iván Zuluaga se basó en anunciar la terminación de las negociaciones si éste resultaba elegido.

Sin embargo, para este año, más allá del proceso de paz, también habían otros resultados para mostrar, como el excelente desempeño de la economía, la reducción permanente de la tasa de desempleo, la universalidad en la educación primaria, el mejor, aunque aún deficiente, acceso a la salud y cientos de kilómetros de carreteras concluidos, que, contrario a lo que muchos piensan, se llevaron a cabo desde antes de que Germán Vargas se ocupara de esta cartera en 2014.

Tras ser reelegido en 2014 con una oposición fortalecida encabezada por Uribe, el gobierno de Santos no solo se vio opacado por el regreso del uribismo al Congreso, sino también por una coyuntura internacional que impactó fuertemente las finanzas del Estado: la caída internacional en los precios de petróleo. Esta caída en los precios de más del 70%, recortó los ingresos del gobierno a la vez que elevó el precio del dólar, lo que empujó a la inflación y obligó a que el gobierno adoptara medidas de choque impopulares. La reforma tributaria de 2016, a la que muchos culpan de haber sido la causa real de la victoria del no en el plebiscito, fue la medida más importante y el impopular IVA de 19% jamás se le perdonará a Santos como una forma de asfixiar a la clase media.

Desde ese momento, a finales de 2016, el gobierno de Santos estuvo en permanente declive. Primero la derrota en el plebiscito, segundo la reforma tributaria asfixiante, la desaceleración de la economía, así como la lenta implementación de los acuerdos, el aumento de las disidencias, el caso Santrich y el asesinato sistemático de líderes sociales ha generado la sensación, de que el gobierno Santos terminó con la firma del acuerdo.

No obstante, varios organismos internacionales han felicitado la gestión de Santos. En materia económica, varias calificadoras de riesgo y el propio Fondo Monetario Internacional han manifestado que el gobierno ha sido muy cuidadoso en materia fiscal, lo que le ha permitido mantener un crecimiento aceptable y niveles bajos de inflación, a pesar de la coyuntura internacional. Así mismo, el desarme de las Farc, la disminución de la pobreza y desigualdad, los ambiciosos programas de infraestructura de vivienda, de transporte y telecomunicaciones, han dado como resultado que en este gobierno se hayan construido la mayor cantidad de carreteras, de viviendas para familias vulnerables y se haya dado un mayor acceso a las telecomunicaciones.

A pesar de estos logros, debido al amarillismo y el ambiente polarizado ha sido muy difícil apreciar el legado de Santos. Este legado que no son ni las carreteras construidas, ni entregar el país con la menor tasa de homicidios de los últimos 40 años, ni haber mantenido una economía sana a pesar de las circunstancias, ni siquiera se puede ver ese legado en forma del acuerdo de paz, que es lo que se cree popularmente.

El gran legado de Santos es la democracia que entrega más fortalecida que nunca, Santos entrega un país en el que no se utilizaron las instituciones para perseguir a la oposición, ni para montar falsos positivos judiciales, un gobierno que no benefició a ningún candidato. Además, entrega un país con un Congreso diverso y en el que se estrena el estatuto de la oposición.

Aunque nunca se olvidarán sus desaciertos, como la venta de Isagen, el incumplimiento de varias de sus promesas y por supuesto, las reformas tributarias, Santos entrega un país pluralista más cercano a lo que se plantea en la constitución del 91.

Santos fue elegido para la guerra y gobernó para la paz y ante todo, es consciente de que limitar la participación en política, es perpetuar la violencia y es por esto que el día de hoy estamos cerca de alcanzar una paz estable, por lo que después de todos estos años hay que decir: Gracias Juan Pa’ solo cuando desaparezca esta nube de polarización, veremos lo que nos dicta la razón y solo ahí pasará usted a la historia y agradeceremos su obra.

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