"Ruge la impostora": Yamhure

Precisiones de Ernesto Yamhure sobre hechos de su vida a los que se refiere la nota “Ernesto Yamhure y Natalia Springer: historia de un viejo rencor”

Por: Ernesto Yamhure
septiembre 17, 2015
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.

En aras de rendirle honor a la verdad, hago referencia a un artículo escrito por el ex editor político de las 2 Orillas, Gustavo Rugeles, en el que se refirió a algunos hechos de mi vida que merecen ser precisados ante la opinión pública.

Por lo que pude entender del escrito, el autor de la nota mezcló hechos del pasado, elementos del presente, muchas imprecisiones y algunas mentiras.

Según Rugeles mi supuesta animadversión hacia la señora Natalia Maria Lizarazo García, conocida de autos como “Natalia Springer Von Schwarzenberg” se genera por una vieja publicación que sobre mi hiciera Claudia Julieta Duque. Asevera el autor de la nota que en dicho artículo participó la contratista Lizarazo –hoy Springer- lo cual es una absoluta falsedad. –La vida está colmada de paradojas: a estas alturas, estoy defendiendo los derechos de autoría de una infamia publicada en mi contra hace más de 4 años-.

Desde marzo de este año inicié una investigación de tipo periodístico para descubrir muchas verdades ocultas sobre la cuestionada sicóloga “Springer”. Dicho trabajo concluyó no solo en el develamiento de su verdadero nombre y las razones por las que hizo el cambio, sino que me permitió descubrir que los estudios que ella acredita no son tan profundos como los presenta y que sus méritos académicos solo existen en el papel en el que imprime su currículo.

Y aquello, parece ser, le molestó profundamente a la señora Lizarazo García quien durante muchos años embaucó a un importante sector del poder político nacional con una historia fantasiosa sobre su supuesto pasado de rancia nobleza austriaca, cuando lo único que hay de europeo en ella fue su alumbramiento en un hospital capitalino ubicado frente a la Plaza España.

Sabía que iba a ser objeto de retaliaciones por cuenta de los tres artículos que sobre ella he publicado en las últimas semanas en el portal del Centro de Pensamiento Primero Colombia –pensamientocolombia.org-.

El pasado domingo recibí un correo electrónico del señor Rugeles preguntando si es cierto que yo “estoy tirado en una cama” por cuenta de “un derrame cerebral”. ¿El estado de salud de una persona es un asunto de interés periodístico? La respuesta a este interrogante fue proveída por doña María Elvira Bonilla, directora de Las 2 Orillas en amable correo electrónico, al expresar su “censura” del comportamiento del periodista, concluyendo que “tenga usted toda  mi consideración y ni mas faltaba que un profesional del periodismo se entrometa en asuntos personales y mucho menos cuando se atraviesa por momentos de adversidad como podemos tenerlos todos los seres humanos”.

Teniendo de presente la catadura moral y profesional del reportero Gustavo Rugeles, reconocido por haber militado en las filas Neonazis y por haber golpeado salvajemente a su ex novia, una reconocida periodista de nuestro país, estaba perfectamente preparado para lo que fuere menester.

Rugeles –que en aras de la transparencia con los distinguidos lectores de Las 2 Orillas debería poner en conocimiento de ellos la íntima relación que sostiene con la señora “Springer”, antes Lizarazo- se despachó una columna llena de refritos, narrando hechos que ya fueron analizados ampliamente por la fiscalía colombiana que luego de varios años de minuciosa investigación precluyó el proceso que se me adelantó, haciendo tránsito a cosa juzgada.

Rugeles culmina su vodevil periodístico con la siguiente conclusión: que yo puse en evidencia a la señora Lizarazo García por temor. ¿Temor a qué? ¿A que los fantasiosos y onerosísimos logaritmos con los que esa impostora ha defraudado al erario revelen algo de mi que no se conozca? He dicho ante la justicia y ante la opinión pública que conocí a Carlos Castaño en momentos en los que iniciaba el proceso que condujo a la desmovilización y sometimiento a la Ley de Justicia y Paz de los miembros de las AUC. Nunca lo he negado. Me siento orgulloso de haberle podido aportar a un proceso de paz que, al margen de todas las críticas que se le puedan hacer, sirvió para llevar la paz y la tranquilidad a muchas regiones de nuestro país.

Lo que me parece sumamente grave es que en manos de una mujer avergonzada de su origen humilde, ávida de reconocimiento y que para tal efecto creó un personaje de ficción muy sofisticado, colmado de títulos académicos de bajo nivel y al que le puso el nombre de Natalia Springer Von Schwarzenberg, pelo rubio, nariz respingada y ojos verdes, se haya depositado la responsabilidad de trazar el modelo de justicia que nos devolverá la paz. Hagámonos la siguiente pregunta: ¿Puede una sicóloga, que ha hecho cursos breves en universidad de bajo nivel académico en Europa y una disertación doctoral sobre el conflicto en el Perú ser la persona que diseñe la justicia transicional que se implementará en Colombia? Estoy firmemente convencido de que la respuesta es un rotundo e incontrovertible no.

Si por manifestar estas inquietudes quedo expuesto a que la impostora Springer me mande a amenazar con un periodista que va a publicar mi historial clínico, o develar las demandas laborales que he interpuesto en Colombia –lo cual es un derecho que nos asiste a todos los ciudadanos-, pues mejor me le adelanto y le quito la chiva: sí, estoy enfermo y sí, he interpuesto una demanda laboral contra la empresa La Hora de La Verdad.

@ernestoyamhure

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