Retorcer y educar, la labor del maestro

"Si la función de un profesor no es la de mejorar el entorno, es mejor alejarse de tan ardua profesión"

Por: Juan Felipe Marín Cabra
abril 30, 2018
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Retorcer y educar, la labor del maestro

Respecto a las palabras usadas por Álvaro Uribe acerca de los profesores y la intención que tienen ellos de "retorcer los cerebros" digo que tiene toda la razón, precisamente esa es mi labor, retorcer cerebros, “retorcer mentes".

Retorcer mentes hasta llegar al punto de que en cada estudiante brote libremente la savia de la crítica; retorcerlas hasta que cada uno vea con sus propios ojos las desdichas que hemos padecido los colombianos, sin tener la necesidad de usar las mentiras que nos han mostrado. Es mi obligación retorcer las mentes de los colombianos porque es la única forma que tenemos de aspirar a la libertad y a las oportunidades que tanto nos han negado.

Un profesor, maestro o docente, tiene que tener la implacable convicción de manifestar y develar las carencias y defectos de nuestra historia, sin olvidar la reciente; los defectos y consecuencias que tiene un sistema económico como el nuestro basado en la explotación de recursos mineros y con las piernas abiertas a las grandes industrias y terratenientes.

Los maestros tienen la obligación de generar tal sensibilidad que nos lleve a comprender la riqueza de nuestras geografía y el invaluable valor de nuestra cultura, fauna y recursos naturales. Nosotros, los maestros, tenemos la obligación de conducir a nuestros estudiantes por el camino del pensar que indiscutiblemente traerá consigo la construcción de un país que ya no se dirija sobre la negligencia, apatía y desidia, sino por el de la construcción, interés y cooperación.

Haciendo alusión nuevamente a las palabras del senador concuerdo nuevamente con él acerca de su afirmación respecto a que los profesores solo enseñamos a gritar, al fin de cuentas así debe ser. Tenemos que enseñar a gritar porque hasta ahora no nos han querido escuchar.

Somos un país que durante todos estos años hemos sido silenciados por la violencia y por el miedo que el estado colombiano ha querido perpetuar durante su corta historia y que, ahora, tras el silencio de las balas, que por cierto pareciese que el exmandatario no quiere callar, vemos la oportunidad de reivindicar nuestros deseos como colombianos de tener un país con cierto porvenir.

Además, si el señor Uribe se da las libertades de gritar y de hacerlo desde muchas posiciones, ¿por qué nosotros no? Al fin de cuentas la posibilidad de hablar es lo que enriquece nuestra democracia.

Ahora bien, ¿cómo un profesor podría no enseñar a gritar cuándo claramente notamos que estamos muriendo de hambre, que estamos padeciendo gracias a un ineficiente sistema de salud y que nuestros recursos para educar cada vez son peores? Creo que bajo esa circunstancias y en pro de una Colombia en paz prefiero el sonido de los gritos, hasta que sean atendidos y no el de los fusiles que nos vuelva a silenciar.

Para terminar menciono que si la función de un profesor no es la de mejorar el entorno, es mejor alejarse de tan ardua profesión. Es lógico que tengamos que retorcer mentes, esa es nuestra labor. Tenemos que retorcer las mentes de los estudiantes, desorganizarlas para que nuevamente se organicen y posteriormente nos organicen a nosotros.

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