Requiem por el Círculo de lectores

El recorrido final de una editorial que fue la ventana a la literatura y el conocimiento de miles de personas y que en Colombia lo manejaba El Tiempo

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diciembre 07, 2019
Requiem por el Círculo de lectores

Se enteró hace unas semanas que la empresa en la que trabajó por veinte años cerraba sus puertas en España, el lugar donde el alemán Reinhard Mohn creó la empresa en 1962.

Aunque las ventas habían bajado espectacularmente en la última década de la mano con la oferta en el catálogo de libros –a donde ya vendían más cosméticos que títulos de autores- la noticia tomó por sorpresa a los casi 200 vendedores del Círculo que aún quedaban regados en Colombia. Luz Marina Sanabria formó parte de este ejército durante 20 años.

Hace quince años, en el  2004 Luz Marina Sanabria tenía 150 socios del Circulo de Lectores que atendía con esmero en Bogotá. Mensualmente vendía más de un artículo por cabeza. Desde CD’s, DVD’s y  libros  que ofrecían en el legendario catálogo. En ese año en el país habían 2.100 vendedores que se repartían los más de 250.000 socios distribuidos en los 350 municipios en los que el Circulo tenía cobertura. Las ventas anuales superaban el millón de libros y una persona como Luz Marina podía mantener perfectamente a sus dos hijos con el  $ 1.200.000 que hacía en promedio al mes. Catorce años después Luz Marina es una de las últimas vendedoras del Circulo en Colombia. El internet mató los negocios por catálogo Y Luz Marina quedó con trece socios y su salario raramente superaba el mínimo.  Ahora el negocio quedó borrado del mapa.

La historia de Circulo de lectores en Cololombia  abrió las puertas en 1969. Uno de sus primeros éxitos de venta en el País fue Lo que el viento se llevó, la novela de Margaret Mitchel que vendió más de 500 mil ejemplares entre 1972 y 1975. Cifras parecidas alcanzaron los best sellers de Frederick Forsyth como La alternativa del Diablo o las novelas basadas en películas, un género de dudosa calidad que tuvo en El último tango en París su momento de mayo auge.

Círculo de lectores la editorial que con sus catálogos llenos de sorpresas le abrió el mundo de los libros a millones de personas fue manejada por los alemanes del Grupo Bartelsman hasta 1990, momento en que fue adquirida por el Grupo Editorial de El Tiempo, entones de propiedad de los Santos. Además de la importación de  libros iniciaron una aventura editorial de libros con sello propio, muchos de referencia como la Gran Enciclopedia de Colombia que, en diez tomos, recoge todos los aspectos del país y que tiene maravillosos artículos de eminentes escritores como los críticos Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Alberto Álvarez, escritores como Piedad Bonnet o historiadores como Malcom Deas. Cada uno de los tomos de la Gran Enciclopedia vendió más de 300 mil copias.

En el 2006 La Casa Editorial El Tiempo regresó al vínculo con la matriz alemana con la venta del 50% de sus acciones lo que significó su vuelta al club del libro latinoamericano. En ese momento ya Amazon y E bay eran opciones reales para comprar on-line. Ya el Circulo entró en una espiral descendente que vendedores como Luz Marina Sanabria sintieron en Colombia.

La situación se agravó aún más con las malas decisiones, una de ellas ocurrió en el 2014 cuando Bertelsman le vendió a Planeta la totalidad de las acciones del Circulo, entonces los catálogos empezaron a vaciarse de libros y quisieron hacer énfasis en otros productos como cosméticos o batas lo que terminó de sellar el destino de la empresa. Un Circulo de lectores sin libros era algo completamente absurdo. Incluso se bajó del catálogo la colección que más dinero le dio a sus arcas: las novelas de Agatha Christie.

A Luz Marina le quedan buenos recuerdos de sus clientes, de la empresa no tanto. Recuerda clientes que la invitaban a su casa a celebrar junto a la familia ya que la consideraban una de ellos. En la época de auge de las Enciclopedias mensualmente recibía estímulos, regalos, ella era el vínculo de la familia con el conocimiento. En la empresa no, nunca se sintió valorada. Por eso no hubo una carta de despido, un gesto de agradecimiento. Supo que la empresa a la que le había dado buena parte de su vida se había acabado cuando leyó un titular en un periódico español.

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