Renuncia de Santos ¿lo más saludable para la paz del país?

"El proceso de paz con las FARC ha entrado en barrena, una de las vías para desempantanarlo es que Santos se haga a un lado y asuma su enorme responsabilidad ante semejante debacle"

Por: Fabio Arévalo
octubre 03, 2016
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Renuncia de Santos ¿lo más saludable para la paz del país?

El principal lastre que ha tenido el proceso de acuerdo con las FARC (aun no es un legítimo proceso de paz nacional), es el propio presidente Juan Manuel Santos. Leyéndolo semiológicamente se lo puede interpretar en su verdadera dimensión. Hasta el domingo su ego no cabía en este país y el afán por tener un protagonismo internacional desbordó cualquier aspiración. No es sino ver la postura sobradora, la mirada desviada (es de los pocos 'líderes' que no miran fijamente de forma permanente, al menos en conferencias y entrevistas). La sonrisa permanentemente burlona, cierto toque de cinismo que emana en sus pronunciamientos y el impostado interés social. Lo genuino en este caso, parece no va con él.

El escritor Gustavo Alvarez Gardeazabal, en el programa La Luciérnaga se cansó de repetir: ‘Este es un gobierno bogotano, aristócrata y perfumado’. (Y él insiste en que el gobierno Santos lo mandó a callar en Caracol, pero hoy es el columnista más leído e influyente de Colombia). Allí está la esencia de un obsesionado por ser presidente, que a pulso tal vez nunca habría logrado de no ser porque Uribe, en su mejor momento lo señaló y respaldó. Sin ese espaldarazo, difícilmente lo habría logrado, ya que una reelección de un presidente en ejercicio es casi pan comido, con toda la maquinaria y poder a favor.

El plebiscito ganó ampliamente en las engañosas redes sociales, en todas las encuestas, en casi todos los medios, que hasta Semana (dirigida por su sobrino) en actitud oportunista le dedicó portada. Grave error para un medio tomar partido de esa manera. Le faltó tacto y respeto por la sensibilidad de la mayoría de lectores. Muchos medios tomaron partido abandonando la ética en la información. Un artículo web tituló: 'El 'Sí' triunfa por unanimidad entre columnistas nacionales e internacionales http://www.pulzo.com/nacion/columnistas-estan-favor-si/PP133154 Mientras los medios del establecimiento y más antiguos del país (no los más leídos) tomaron banderas (Tiempo y Espectador)  http://www.pulzo.com/nacion/medios-colombianos-plebiscito-paz/PP133145

 

Pero con los resultados del plebiscito en frío debe evaluarse, lo que ocurrió. Fue una verdadera catástrofe para el gobierno Santos que supuestamente tenía a bordo a alcaldes y gobernadores, a la gran mayoría de parlamentarios y barones electorales y hasta conocidos líderes opositores (Robledo, Cepeda, López, Piedad Córdoba). Jamás en ninguna elección una campaña había tenido tantas ventajas a su favor. Solo faltaron los parlamentarios del Centro Democrático. La comunidad internacional se pronunció en pleno, los presidentes más famosos dieron su espaldarazo, y la cereza del postre vino por cuenta del queridísimo Papa Francisco, quien quiso decir de alguna manera, que si ganaba el SI vendría a Colombia en el 2017, en una especie de pequeño chantaje a la opinión. Hasta el escéptico y antipático gobierno estadounidense, dio su tímido y comprometedor respaldo. Y los banqueros mundiales como la señora Legarde ofrecieron el oro y el moro. Pero lo que pocos saben es que la letra menuda decía a bajos intereses, es decir nada hay regalado de los estamentos internacionales, no nos hagamos falsas ilusiones de la lluvia de plata por cuenta de un postconflicto aun en veremos.

En entrevistas internacionales, con la sobradez que lo caracteriza el presidente Santos afirmó que frente al plebiscito solo tenía una opción ganar o ganar. Es decir con soberbia sentenció que no tenía ningún plan B. Lamentablemente nada hay seguro hasta que no lo sea pragmáticamente y legalmente. Ese fue otro de su grandes pecados. Tal vez ningún presidente del país ha tenido la maravillosa oportunidad de hacer el más vistoso show a su favor por cuenta de una de las grandes noticias internacionales desde Colombia: terminar un guerra de más de 50 años. Semejante gabela nunca fue suficiente para mejorar medianamente su imagen. Con las mañas de la vieja política nombra a un dinosaurio como jefe de campaña del SI al plebiscito, al poco agraciado Cesar Gaviria, quien no le hizo la tarea, ya que solo se dedicó a cazar peleas personales con el uribismo intentando meter en su problema a los colombianos y hasta de forma amenazante.

El SI tuvo los personajes de más alto reconocimiento, los mejores recursos, además era algo obvio. Era como preguntar a los colombianos, si querían comida, si querían estar saludables. Pero todo  finalmente recae en la responsabilidad del Jefe de Estado, que no fue capaz de hacer la paz en casa. Primero debió a cualquier costo personal arreglar su problema con su mentor Alvaro Uribe. Pero su orgullo y soberbia no lo dejaron.

Votar SI era muy fácil y tentador (por no decir seductor), desde lo neurolinguístico votar NO era complicado, a la gente y a su cerebro no le atrae lo negativo. Para cualquier gobernante o político defender el NO en público, era un suicidio político por el riesgo de ser discriminado en las inversiones postconflicto; de allí que muchos seguramente lo hicieron de dientes para afuera. Pero una campaña que la tenía tan fácil con semejante inversión, con una maquinaria aplastante a su favor, con toda una estructura gubernamental debe tener un responsable. Y ni siquiera es Timochenko o Iván Marquez, que en principio nunca estuvieron de acuerdo con el plebiscito. Y menos el pobre César Gaviria sin 'garganta' ni carisma para calar en la opinión pública. La responsabilidad plena es del propio presidente y sus vanidades. Recordemos que cuando se le increpó sobre la pregunta de la consulta popular, de forma arrogante contestó: “El presidente tiene la facultad de redactar la pregunta que le dé la gana”. Allí empezó a naufragar el plebiscito.

El proceso de paz con las FARC ha entrado en barrena y por lo tanto una de las vías para desempantanarlo es que Santos se haga a un lado y que asuma su enorme responsabilidad ante semejante debacle. Su renuncia sería el mejor acto de grandeza en favor de la paz de Colombia y pasaría a la historia como un ser auténtico que luchó por la convivencia pacífica de sus compatriotas. Además de esa manera se despejaría el camino de la polarización, el país tendría otro aire y el mismo proceso lograría una gran oportunidad para refrescarse y perfeccionarse. Pero ello solo ocurriría cuando hay absoluta sinceridad y compromiso prioritario por la paz de los colombianos y no por un desafío personal.

Pero conociendo las vanidades de vanidades de la más rancia aristocracia, eso es improbable, un imposible. Por encima de la misma paz del país, tal vez juega su propio reto. Un camino para la paz exige líderes serenos, humildes, conciliadores y sabios. Seres que primero hacen la paz con su propio espíritu, con sus contradictores, opositores, rivales y enemigos. Que respetan a los demás con tolerancia y paciencia. Que obran con "la prudencia que hace verdaderos sabios". Quien se muestra desafiante, reactivo no es más que un guerrerista enmascarado. El jugador de póker, solo piensa en sus propias ganancias, en su éxito personal. Los demás son secundarios. La paz es muy distinta a ello.

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