Opinión

¿Regreso a la guerra?: cómo entender el mensaje de Iván Márquez

Muy a pesar de Márquez y los extremistas que lo celebran, este no es ni el fin del fin, ni un impedimento para continuar con la implementación del acuerdo

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septiembre 02, 2019
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¿Regreso a la guerra?: cómo entender el mensaje de Iván Márquez
Lo de Márquez es una salida desesperada para evitar la extradición, igual que para Santrich

El mensaje de Márquez, en conjunto con Santrich y El Paisa, está causando un fervor orgásmico entre sectores que le han apostado desde el principio al fracaso de la paz y han salido a anunciar el regreso a la guerra y a celebrarla. Es fácil mandar a los hijos de los otros a que se sigan matando.

El mensaje es, sobre todo, un golpe para los reinsertados, porque Márquez fue uno de los líderes del proceso de paz, y por muchos años ellos confiaron en su orientación en esa transición. Sin embargo, muy a pesar de Márquez y de los extremistas que lo celebran, este no es ni el fin del fin, ni un impedimento para continuar con la implementación del acuerdo. Lo contrario, es un llamado para que el gobierno avance con más firmeza en su cumplimiento y una oportunidad extraordinaria para la justicia.

Me gustaría dedicarle tiempo a recordar, por ejemplo, como es casi un subproducto de los procesos de paz el surgimiento de estas facciones extremistas que se declaran en disidencia y vuelven a la lucha armada. En procesos internacionales tan complejos como el nuestro, tenemos el caso de “Real IRA” en Irlanda del Norte. En Sierra Leona, la paz se rompió muy a pesar del aval de las Naciones Unidas y de que se trató de un pacto que garantizaba la más absoluta impunidad y que repartía entre las facciones, literalmente, los recursos del país como un botín de guerra.

Sin embargo, prefiero recordar hechos que nos resultan más familiares: la paz de Uribe, la de las Autodefensas Unidas de Colombia, terminó mucho peor, con un sector muy significativo en la disidencia. En ese entonces, la fórmula consistió en optar por un eufemismo para bajarle el impacto: se dijo que ya no eran paramilitares sino bandas criminales, y se le dio así fin al debate sin cuestionar todo lo que se había hecho mal. Nadie salió a celebrar eso, pero tampoco impidió que la justicia sacara adelante los procesos bajo la ley de Justicia y Paz, que, con todas sus limitaciones y desaciertos, llevo a que el país y las víctimas conocieran unas verdades muy necesarias.

Lo de Márquez es una salida desesperada para evitar la extradición, igual que para Santrich. El anuncio se resume en que ambos se unen al cartel del Paisa, que nunca ha dejado de operar. En esa medida, no es algo que no supiéramos, que sorprenda a alguien, o que amenace la estabilidad del acuerdo.

 

Lo lamentable no es este desenlace,
lo lamentable es que no tengamos una clase política sensata
capaz de liderar esta transición y llevarla a buen término

 

Los efectos del anuncio son en cambio, muy interesantes. Márquez y Santrich acaban de autoexcluirse formalmente del acuerdo que, recordemos, tiene rango constitucional y que prevé estas circunstancias específicas. Ambos han perdido, sin lugar a réplica, toda la inmunidad que les cobijaba por la comisión de crímenes excepcionalmente graves, crímenes que ellos ya han aceptado, y cuyas investigaciones ya están muy avanzadas gracias a la verdad que se ha ido conociendo en estos años del proceso. Ambos tienen el perfil de los personajes que salen a romper los acuerdos y luego terminan capturados, respondiendo ante los tribunales con toda la fuerza de la justicia. Y ahí es como si se les cayeran los dientes: se les ve muy pequeñitos, pidiendo clemencia.

He dicho varias veces, en este y otros espacios, que la paz no se logra con la firma de ningún acuerdo. En Sudáfrica la firma de la paz dejo al país al borde de la guerra civil. La firma es tan solo el comienzo de un largo camino de reestructuración social. En Colombia estamos aún más lejos, si tenemos en cuenta que el paramilitarismo sigue operando en plena forma. Lo lamentable no es pues este desenlace, lo lamentable es que no tengamos una clase política sensata capaz de liderar esta transición y llevarla a buen término. Lo lamentable es que sigamos en manos de esta clase política tan pobre, tan desalmada como para regodearse en la violencia como si fuera una victoria.

Con la violencia perdemos todos, y solo saldremos de ese pantanero el día en que entendamos que el cambio real empieza por ahí.

 

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