Opinión

Reflexiones sobre la radio

Por:
agosto 13, 2013
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Cuando uno trabaja en radio tiene la costumbre de subir a un taxi y antes de saludar mirar el dial elegido por el conductor para aburrir, entretener o acompañar a su pasajero. Puede pasar que por culpa del odioso radioteléfono muchos de los amigos taxistas no oigan emisora ninguna. Es sencillo, dicen: se estrellan los sonidos y el resultado es incomprensible. Otras veces pasa que solamente oyen música, porque, dicen con razón, la avalancha de malas noticias y crueldades les afecta el alma. Pero también te encuentras con los taxistas —que son además multiplicadores de audiencia— que saben más de radio que cualquiera. Oyen noticias, cambian de dial, critican a los periodistas y comparan lo que les dice el micrófono con lo que ellos ven cada día en las calles. Un taxista observador es un gran reportero. Narro esto para llegar a una anécdota. Hace unos meses, en una de estas carreras con un taxista de la categoría de los informados, el señor, que sabía cuál era mi oficio, me preguntó: ¿ustedes se ponen de acuerdo en las emisoras de noticias para entrevistar siempre a los mismos personajes? —Cómo así, —repliqué.  Sí, es que uno pone una emisora y está hablando un ministro, pasa a la siguiente y está el mismo señor diciendo las mismas cosas y así sucesivamente. Se vuelve cansón, sentenció.

Y claro. El taxista, que tiene la razón del oyente, no solo dice una gran verdad, sino que debería ponernos en modo reflexivo a quienes hacemos de la radio nuestra vida. ¿Qué nos dice la aguda pregunta del oyente? ¿Qué quiere decir que el señor se pregunte si las emisoras se ponen de acuerdo cada mañana para entrevistar al mismo político que además dice siempre y en cada dial las mismas cosas? ¿Caímos acaso en el incómodo lugar de volvernos voceros de los políticos? No, me dirá un indignado colega, hay que entrevistarlos a todos, pero hay que entrevistarlos bien. Sí, coincido, pero pregunto ¿esas entrevistas con, por ejemplo, los ministros que cada mañana hablan en las emisoras sirven al oyente del común, al que tiene una vida más allá de la esquizofrenia noticiosa, para informarse? ¿Qué entiende el señor del taxi cuando la ministra de Justicia de turno termina hablando de la “sala de consulta de la sala superior de la judicatura y la inexiquibilidad del decreto 045 de 1998”? ¿Entiende algo? Más aún, ¿le importa? No se trata, faltaba más, de dejar de dar las noticias del día. Informar, además de investigar y dudar, es la esencia del periodismo. La cuestión es esta: ¿no hay otra fórmula que la inventada por Yamid Amat hace 30 años? Llevamos replicando un mismo modelo desde entonces. Las emisoras, con las obvias diferencias en eso que llaman “la mesa de trabajo”, no ofrecen nada significativamente distinto. Es por eso que, con razón, el oyente de la anécdota se pregunta si nosotros nos ponemos de acuerdo para hacer una especie de ronda de entrevistas.

¿Cuál es la alternativa? Hay ejemplos exitosos en el mundo. La NPR (National Public Radio), por ejemplo, rara vez entrevista a los políticos de turno. No lo hace porque, entre otras razones, personajes como el Fiscal o el Secretario de Estado no pierden el tiempo hablando cada mañana en los micrófonos de las emisoras. Los periodistas deben encontrar otra manera de contar las noticias, de informar. Y lo hacen exitosamente. Conocidas son las crónicas de la NPR que obligan a sus oyentes a quedarse en el carro hasta que termine la historia porque son tan buenas que no es posible apagar la radio. Esa experiencia demuestra que no solo hay otros modelos radiales, sino que la radio debe ser compañía. Si dejamos de ser compañía agradable, que informa y analiza, las emisoras musicales seguirán ganando terreno. En Colombia hacemos buena radio, seria, con penetración, que informa, pero ¿podemos hacer la experiencia radial de noticias más agradable? Haga el ejercicio usted, si es oyente de radio, y dedíquese a examinar las interminables entrevistas a ministros, procuradores, fiscales y otros especímenes. Luego pregúntese ¿una vez terminada la entrevista quedó usted realmente informado? ¿Dijo el entrevistado algo distinto al lugar común de siempre, de cada gobierno, de cada interés particular? ¿Se aburrió de la entrevista? Es posible que concluya que sí, que usted gusta de ese modelo radial. Es posible que llegue a otra conclusión. Como sea vale la pena preguntárselo, ¿o estaremos condenados a ser notas al pie de la creación de otros?

Twitter @espinosaradio

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