Recuperar y fortalecer la CUT

Carta abierta del defensor de Derechos Humanos Húbert Ballesteros

Por: Prensa Alternativa Cauca
abril 27, 2016
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Recuperar y fortalecer la CUT
Foto tomada de Youtube

La aparición del movimiento obrero colombiano cumple 103 años en este 2016, luego de hacer tránsito de las “sociedades democráticas” de artesanos en el siglo XIX, hacia organizaciones propiamente dichas de trabajadores asalariados. La lucha del artesanado colombiano  finalmente cedió ante el empuje del capital, que los privó de sus medios de producción y los llevó a la condición  de ser dueños únicamente de su fuerza de trabajo: la única mercancía que el capitalismo le deja al trabajador para vender.

Duras luchas se libraron en las dos primeras décadas del siglo XX por el derecho a la organización. Condiciones internas y externas, hicieron posible el surgimiento de la lucha obrera y el fortalecimiento de las organizaciones sindicales.

Desde muy temprana edad el movimiento sindical tuvo quee enfrentar  la reacción violenta del sistema, como si se tratara de un bautizo de sangre. La oligarquía arrebató con la muerte a muchos de los pioneros de la clase obrera: los asesinados en la huelga de los heroicos trabajadores petroleros en 1924 y la masacre de los trabajadores bananeros en 1928 fueron la advertencia del capitalismo y las transnacionales para aquellos que a lo largo de la historia, nos hemos atrevido a reclamar  respeto por la soberanía nacional y  mejores condiciones  para los trabajadores.

Tras la pérdida del poder conservador,  después de 33 años continuos de gobierno, la Iglesia Católica continuó jugando el papel del partido de los latifundistas en el movimiento sindical. La satanización de las ideas de izquierda y la división del movimiento obrero fueron las armas con las cuales la oligarquía desde  los pulpitos arremetió contra las formas organizativas  de los trabajadores. Vociferando contras las importantes conquistas que hasta el momento se habían logrado y trabajando en la conciencia de  los obreros hasta alcanzar  su división.

Fueron   el intervencionismo del Estado y la iglesia quienes  obstaculizaron durante décadas los avances del sindicalismo frente a los patronos. Las teorías patronalistas conservadoras y las  conciliadoras del liberalismo, impidieron mayores avances en las conquistas del movimiento  sindical en las décadas entre los años cuarenta y sesenta,  sólo la derrota sufrida por el Nazismo a manos del Pueblo Soviético y la aparición de la Federación Sindical Mundial (FSM) el 3 de octubre de 1945 fue  para entonces  y sigue siendo, la luz que ilumina con la teoría de la  luchas de clases, el desarrollo del movimiento sindical hacia  el Socialismo. Pero en La América del sur, dominada por los regímenes  militares y en la Colombia de la violencia del Estado contra el pueblo las condiciones no eran las más favorables.

El avance de las ideas socialistas en América Latina en los años sesenta, dieron un impulso importantísimo a  la lucha popular;  el movimiento sindical no solo creció en número de sindicatos y de afiliados,  se cualificó políticamente, surgió la Confederación Sindical de trabajadores de Colombia CSTC y la clase obrera acompaño a los demás sectores sociales en sus exigencias económicas y políticas, alcanzando  niveles  muy altos de unidad  en el paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977.

Las difíciles condiciones económicas  y sociales del pueblo y los vientos de unidad que se sentían por esa época crearon la posibilidad de la unidad en el movimiento sindical. Nace a finales de 1986 la central sindical más grande del país, declarada desde su fundación como una organización unitaria, progresista, clasista y  democrática.  Siendo una de sus mayores fortalezas, pero también uno de sus mayores retos la pluralidad política de las fuerzas que la constituyeron.

Con la creación de la Central Unitaria de Trabajadores CUT  el Estado, los patronos y los partidos políticos de la oligarquía,   sintieron perdido el control sobre   la mayor parte  del movimiento  sindical y desde ese mismo momento  iniciaron la elaboración  y ejecución de un plan para neutralizar sus posiciones y eliminar los representantes de las corrientes revolucionarias y clasistas.

Para esto, patronos y Estado se sirvieron del asesinato, la desaparición, el destierro, la  compra de conciencias y la corrupción,  también de teorías  del sindicalismo corporativo norteamericano y Europeo con el cual le dieron un ropaje de disputa ideológica y  política al oportunismo. Posiciones que se fortalecieron al interior de la CUT  inmediatamente después de que el revisionismo contrarrevolucionario dio al traste con las conquistas de la clase obrera en Alemania Oriental y la Unión Soviética.

Está  debilidad manifiesta en las organizaciones de trabajadores, brindo la oportunidad perfecta para que en la década del noventa, la represión, la apertura económica y la flexibilización laboral  impulsada por la burguesía, colocaran al movimiento sindical a la defensiva.

Ante las medidas económicas y políticas impuestas por el Estado en aplicación del modelo económico neoliberal, la respuesta fue la conciliación de clases y la búsqueda de posiciones en el gobierno y en el parlamento; como si con tener un exdirigente sindical en  el Ministerio del Trabajo o uno o dos en el Congreso  de la República  se  pudiera cambiar el modelo. La historia nos ha demostrado que  no fue así.

Se descartó de plano la confrontación con el régimen y solo una  parte de la izquierda llamo al paro, la huelga y el mitin como herramientas legítimas y necesarias para frenar la arremetida del capitalismo.

La beligerancia y los principios de clase, se cambiaron por la “concertación” entre patronos, Estado y trabajadores, convirtiendo al movimiento sindical en vagón de cola del capitalismo y a una buena parte de la dirigencia en convidados a cocteles en donde no se defienden los derechos de los trabajadores, sino que se negocian los intereses personales de las cúpulas sindicales.

A quienes desde una posición clasista, hemos mantenido en alto las banderas del movimiento obrero, la oligarquía nos reservo la prisión, el asesinato y el destierro.

La impunidad en  los delitos cometidos contra líderes y afiliados de las organizaciones sindicales alcanza el 95%, la flexibilización laboral, y la desindustrialización que ha venido sufriendo el país con la apertura económica y  los tratados de libre comercio son además elementos que han profundizado la crisis del sindicalismo en Colombia, el cual solo alcanza hoy un 4.5% de sindicalizados en el universo de las personas  vinculadas laboralmente,  y ha incrementado la informalidad  en el  país la  que alcanza hoy un 60%.

La respuestas de la Central no han sido acertadas; las disputas internas que se presentan desde hace varios años no han permitido enfrentar adecuadamente la crisis del movimiento sindical. Priman los intereses personales y grupistas por encima de los del conjunto de los trabajadores, la elección directa de los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional no trajo  democracia ni mayor transparencia a la elección del Ejecutivo Nacional y la distribución de los cargos. Tampoco la implementación de sindicatos por rama industrial se dio de manera concertada y transparente lo que genero un fracaso en la aplicación de esta política que busca superar la atomización de la organización sindical, la cual  se expresa en la existencia de  muchísimos sindicatos de empresa, algo que  resta fuerza a los trabajadores para enfrentar las políticas patronales.

Ante la pérdida de la unidad que dio origen a la Central, el abandono de sus principios y la crisis actual del movimiento sindical y en general del mundo del trabajo, debemos repensarnos nuestro accionar y liderazgo  sindical,   tomar decisiones  que le devuelvan a la CUT su papel protagónico en la vida económica, política y social de la nación.

Es necesario recuperar la confianza de las bases en las direcciones y de los trabajadores en la organización sindical. Indispensable devolverle a la actividad sindical la beligerancia que caracterizo nuestro trabajo en los años 60, 70  y buena parte de los ochenta.

La democracia interna debe hacerse práctica, involucrando las bases en la toma de decisiones importantes de la Central; el reconocimiento de  todos los sindicatos incluidos los pequeños, es  una decisión inaplazable para que  sectores productivos de la economía real, vuelvan a tener asiento en la Junta Nacional y los congresos de la CENTRAL. De la misma manera debemos  reconocer el importante papel aglutinador del trabajo por  rama de la producción que han cumplido las federaciones,  por lo tanto no es conveniente decretar su desaparición sin que hayamos generado las condiciones para dar el paso hacia los sindicatos por rama.

El congreso extraordinario que  se  celebró a finales de 2015, trazó lineamientos muy importantes  para alcanzar el objetivo de devolverle a la Central sus principios  fundacionales y enrutarnos en el camino de alcanzar el fin  supremo de la clase obrera. “llegar al poder para terminar con la propiedad privada y  desterrar para siempre la explotación del hombre por el hombre”.

 

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