Recuerdos de una Navidad en Colombia

Recuerdos de una Navidad en Colombia

En otros lugares, esta festividad es sinónimo de frío y nieve. Sin embargo, acá tiene otra connotación. Desde Estados Unidos, Andrea recuerda sus diciembres en el país

Por: Andrea Bredar
diciembre 15, 2020
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Recuerdos de una Navidad en Colombia

En estos tiempos decembrinos, hemos tomado la iniciativa de comer temprano y salir en el carro a ver las luces y decoraciones navideñas de los vecindarios aledaños para entretener a nuestro pequeño de 3 años.

Mi esposo, originario de Iowa, me dice: aquí la navidad es sinónimo de frío, nieve, snowman, sleds, y luces. Luego me pregunta: cómo es la navidad en Colombia si no tienen ni frío, ni nieve.

Y se me agolpan en la cabeza tantas memorias, tantos recuerdos, tantos significados...

La navidad es música. Empieza con ese swing involuntario que tiene el cuerpo una vez las emisoras radiales empiezan a poner las tan tradicionales canciones de navidad. No es ese cute jingle bells, no. Son esas canciones que has bailado con tíos, primos y abuelos desde que tienes uso de razón. Aparte entramos en nuestra faceta de cantantes haciéndole la segunda a la gran Gloria Estefan cantando "farolitos en el cielo, poco a poco van naciendo, cómo nace el sentimiento por las calles de mi pueblo" (¿también se te movió el hombro involuntariamente?). Pero no dejamos de lado a Marco Antonio Solís y cantamos con sentimiento a quien ya no está: “llega navidad y yo sin ti, en esta soledad”.

La navidad es luces y decoraciones. No solo es poner el árbol. El pesebre o nacimiento es muy importante, y no son esos 10 figurines perfectos y estéticos, no. Nosotros recreamos toda la aldea. Hay ovejas de todos los tamaños y materiales, patos nadando en papel aluminio, casitas diminutas comparadas con el tamaño de los pastores. Animalitos que no tienen nada que ver con la escena, dinosaurios sin ir más lejos, pero son añadidos por los pequeñitos de la casa. ¡Y el Niño Jesús escondido celosamente y hay de que se pierda!

Luego salimos a decorar nuestras calles, sacamos vinilos y pinceles. Pintamos en el piso arbolitos, campanas etc. Algunas calles son mucho más coloridas con banderines plásticos que van de casa a casa. Los centros comerciales decoran tan bonito, que es un plan obligatorio de fin de semana. Las ciudades gastan buena parte de su presupuesto alumbrando la ciudad. ¡Y para la muestra un botón! Qué botón, este es un megabotón. Medellín, la ciudad de la navidad (los invito a terminar este artículo y googlear alumbrados de Medellín, quedarán con la boca abierta).

La Navidad es comida. No nos limitamos al pavo, no, no, no. Hay pernil, lechona, ajiaco, sancocho, ensalada de papa, arroz con pollo, arroz atollado, cuajada con panela, buñuelos, natillas, ponche, asado y cuánto invento la mamá proponga es bienvenido. No puede faltar el tamal que se le encarga al vecino para desayunar el 25 acompañado de chocolate y pan. Todos estos platillos se hacen en cualquier época del año, pero puedo jurar que en diciembre saben doblemente ricos.

Navidad es un conjunto de celebraciones. El 7 de diciembre prendemos velitas frente a nuestras casas y en la calle. Es un momento mágico para los niños porque se oficializa el inicio de la navidad. El 8 de diciembre se celebra el día de Virgen María y en honor a ella se ponen banderas blancas y azules colgando de las ventanas y terrazas. Del día 16 al 24 se celebran las novenas que son un conjunto de oraciones y villancicos tradicionales. Son los 9 días más sociables y divertidos. Se hacen en familia cada noche y obviamente se acompaña de música y comida. También se hacen en los barrios, donde por cuadra se organizan los vecinos y los más creativos han traído hasta caballos o burros, Marías y Josés para hacer la experiencia a otro nivel. Los centros comerciales y hasta canales de televisión organizan mega eventos de música con los artistas de moda, música y juegos. Generalmente no le cabe un alma más, pero nadie se queja, porque “es Navidad”.

El tan anhelado 24 es un día familiar. En la noche se reúnen todas las familias y se llevan los regalos para poner debajo del árbol. Dentro de esos van los del Niño Dios, sin cuestionamientos, ¡punto!

Los adultos cuentan sus anécdotas de jóvenes, los jóvenes van a jugar y corretear por la casa. Los más chiquitos haciendo extra esfuerzos para no dormirse porque a las 12 toca poner el Niño, gritar Feliz Navidad, abrazar y besar a cada uno y, obviamente, recibir y destapar los regalos. Y adivinen, más comida. Sí, comemos muy rico y siempre se puede repetir. Los creyentes vamos a la iglesia ese día, oramos, comulgamos y no nos vamos sin ver al Niño.

Ahora, si me preguntan qué es lo más bonito para mí, les diría que visitar a nuestros viejitos. Salir de la ciudad e ir al pueblo donde muchos de nuestros padres dejaron a sus padres. Oportunidad preciada para visitarlos y para dejarnos consentir. Ver en sus ojos esa alegría de tener la casa llena... eso es Navidad.

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