Opinión

Recuerda que morirás

La declaración de Santrich esta semana, buscando audiencia, dejó el latinajo ´Memento mori´, que es una idea profunda que nada tiene que ver con amenazas de mafiosos

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febrero 28, 2021
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Recuerda que morirás
Marco Aurelio: “Podrías dejar la vida ahora mismo. Deja que eso determine lo que haces, dices y piensas”

La asociación entre Santrich y la frase Memento mori no debería ser la que quede en la memoria de quienes hayan oído esta semana, por primera vez, esta expresión en latín. Hace un par de años, cuando empezaba a publicar esta columna semanalmente, escribí que en Colombia había muchas incertidumbres, pero algo seguro: siempre estábamos hablando de Santrich. Tiene esa cualidad, que en estos tiempos es poder, Jesús Santrich, la de poner a la gente a hablar de él. Usualmente hay desprecio en esas conversaciones, pero el hombre sigue la lógica de Trump y tantos otros en el mundo del poder, esa que dice “que hablen de mí, bien o mal, pero que hablen”. La declaración de esta semana es una suma de decadencias: escondido en algún lugar de Venezuela, protegido por un régimen mafioso que ha destruido un país y millones de vida, armado para defender una “revolución” que solo interesa a narcotraficantes, traicionando a miles de sus compañeros y compañeras que han jugado limpio a la paz, decidió amenazar al presidente Duque. Para hacerlo, además, usó la comparación entre la figura del cerdo y la de Duque, en un truco barato que ya agotaron algunos caricaturistas y opinadores mediocres. Hay tanto que decir sobre este gobierno y el estilo del presidente, tantas ideas y tantos debates, pero no es este el terreno en el que mejor se mueve Santrich, a quien no se le conoce una idea sobre nada.

Dejó, sin embargo, el latinajo, Memento mori. Es una idea profunda que nada tiene que ver con amenazas de mafiosos. Hace un año, al comienzo de la pandemia, compartía en una columna “Las lecciones de los estoicos en los tiempos del coronavirus”. En ese momento, escogí tres ideas estoicas, resumidas en tres citas, que a mi me han servido especialmente. Vale la pena volver a traerlas, su valor se conserva en el tiempo:

“Las personas no se sienten perturbadas por las cosas, sino por las opiniones que tienen de esas cosas”. Epicteto 

"Te conviertes en aquello a lo que le prestas atención ... Si tú mismo no eliges a qué pensamientos e imágenes te expones, alguien más lo hará" Epicteto

“Dígase a sí mismo temprano en la mañana: hoy me encontraré con hombres ingratos, violentos, traicioneros, envidiosos y poco caritativos. Son así porque ignoran la diferencia entre el bien y el mal. Pero yo he visto la belleza del bien, y la fealdad mal, y he reconocido que el que se equivoca tiene una naturaleza cercana a la mía- no la misma sangre o parentesco, pero la misma mente, poseemos ambos una parte de lo divino-. Por eso, nadie me puede dañar. Nadie me puede implicar en fealdades. Tampoco puedo molestarme ni odiar a mi pariente. Porque venimos a trabajar juntos como un par de pies, manos u ojos.” Marco Aurelio

Esta es la oportunidad para traer una cuarta idea, esa del Memento mori que es “recuerda que morirás”. No parece tener su origen en algún filósofo estoico sino en una historia de los romanos: en una procesión triunfal, al general romano que iba al frente de la carroza principal, un sirviente le susurraba al oído: “Respice post te. Hominem te esse memento. Memento mori!”, “Mira hacia atrás. Recuerda que eres mortal. ¡Recuerda que morirás!”. El público veía al general, que ocupaba el lugar de mayor prestigio en el imperio, y el general oía a su sirviente, que le recordaba su mortalidad. La imagen es poderosa: el general sabe que debe cuidar que su ego se desate y, para hacerlo, utiliza la ayuda de otro. Me hace acordar esa historia de Ulises, que se ata al mástil, para evitar ir hacia las sirenas.

Es una tarea exigente, al fin y al cabo, es más agradable celebrar sin pensar en la mortalidad. También más peligroso, supongo: la victoria es fugaz. Los estoicos retoman esta idea de diferentes maneras en su trabajo. Marco Aurelio, otro romano y que con sus Meditaciones lleva miles de años siendo relevante, escribió: “Podrías dejar la vida ahora mismo. Deja que eso determine lo que haces, dices y piensas”. Séneca, en sus Cartas Mortales a Lucilo, decía “Preparemos nuestras mentes como si hubiéramos llegado al final de la vida. No pospongamos nada. Balanceemos los libros de la vida todos los días... A quien da los toques finales a su vida cada día nunca le falta tiempo.”

La tarea de pensar en la muerte propia no tiene intenciones lúgubres. Hecha de manera correcta, se supone que debe llevar a una claridad total sobre las prioridades en la vida. Un punto sutil: las prioridades en el momento presente, es decir en el mismo instante en que se recuerda la muerte. Es por eso que, con otras palabras, es una idea que se cruza con el budismo. No hay más allá que valga la pena sino se ocupa bien el ahora. No recuerdo si es una imagen de las Meditaciones de Marco Aurelio o es de otro autor: pensar en esos grandes hombres y mujeres, todos tan importantes y poderosos, que hoy están enterrados, hechos polvo, al lado de sus caballos. La idea entonces no es apesadumbrar sino dar perspectiva.

Confieso que, para mí, aunque llevo un buen tiempo prestando atención a lecciones de los estoicos, es todavía un ejercicio difícil. Esta semana pensé bastante en un tipo de muerte:  la de las personas que transitan la edad media, la cercanía de los cuarenta años. Será porque me acerco a ese momento de la vida, pero trato de entender cómo se ven esas vidas que no terminaron de formar una historia y un legado. Qué sentido tuvieron estas vidas. Me ha dolido la partida de amigos y de conocidos justo en ese momento, en donde se empiezan a dejar todas las inseguridades de la adultez temprana y se empieza a tener esa perspectiva, ese sentido de quién es uno y para dónde va, para dónde quiere ir, hasta dónde puede ir.

Probablemente me diría Marco Aurelio que no me ocupe tanto en los legados que no fueron, me diría un budista que observe el pensamiento sin atarme a él, no vaya a ser que, por estar en esas, olvide que el legado es, precisamente, la acción que tome en el momento que inmediatamente viene después. Que recuerde que, yo también, voy a morir.

@afajardoa

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