Recuento de los tratados fallidos de paz en Colombia

Mucho del fracaso de este proceso se debe a que su implementación cayó en manos de un gobierno opositor al mismo. Pero no es el primer intento de paz fallido

Por: Juan Antonio Mayorga Pinedo
mayo 25, 2022
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Recuento de los tratados fallidos de paz en Colombia
Foto: Archivo

El último acercamiento verdadero para lograr una anhelada paz en el país tuvo lugar en 2016 con la firma del tratado de paz en La Habana, Cuba.

Este ha resultado, en resumidas cuentas, un fracaso total para la sana implementación en territorio, al igual que se ha transformado con el tiempo en una vergüenza internacional según varios analistas políticos, estadistas y expertos en la materia sobre derechos humanos.

Pasados los años transitorios a la firma con las Farc, se han visto faltas de cumplimiento de lo pactado por los firmantes de la paz que durante más de cinco años estuvieron diametralmente diseñando la puesta en marcha de “una nueva Colombia”.

Mucho del fracaso de este proceso se evidenció debido a que su implementación cayó en manos de un gobierno opositor tajante a la paz, que desde el inicio de la negociación declaró el proceso como un peligro para la democracia colombiana, se puede decir que, el partido de gobierno en cabeza del presidente Duque Márquez relegó su implementación a las sombras y como ya se había evidenciado durante el paso de la historia colombiana y sus intentos fallidos de hacer la paz, habrían el camino para que las bestias depredaran la Colombia rural, aprovechándose de la dejación de armas de los guerrilleros rasos que en últimas llevaron del bulto.

Asesinatos de excombatientes denuncian expulsión de los territorios donde se encuentran, falta de apoyo del gobierno para los proyectos productivos, persecución de sus líderes, todo esto ha determinado el nuevo, o mejor dicho no tan nuevo provenir de Colombia, la violencia lograba establecerse después de vivir meses de paz extraña durante las negociaciones.

El abandono a lo pactado por el gobierno Duque ha determinado que muchos de los ex combatientes no logren oportunidades factibles para su reincorporación en la sociedad, sin embargo, pudieron ingresar a algunos grupos mayoritarios de la población colombiana fácilmente, cómo incorporarse a las ya decenas de desempleados, a los campesinos empobrecidos, a la gente abandonada, a los miles de pobres que sumado a esas circunstancias, estarían las constantes amenazas por parte de grupos paramilitares que acechaban en las zonas rurales buscando sus muertes.

Historias macabras como la del exombatiente Dimar Torres, asesinado cruelmente y arrojado al monte, entre muchas otras que no alcanzarían a decirse por este medio; situaciones que hacen eco en muchos de los firmantes que pasaban a ser víctimas o en peligro de serlo, si seguían por el camino de pretender ser “ciudadanos normales”, lograrían solo la más brutal de las muertes.

Como sabemos algunos que conocemos un poco sobre la sangrienta historia colombiana, que de cierta manera a lo sumo no hace falta tampoco leer mucho del tema, para darse cuenta de a falta de una voluntad efectiva de paz por parte del gobierno, si hacemos un poco de memoria, nos estrellamos de inmediato con la Unión Patriótica y su desaparición sistemática, cuyas siempre dinámicas violentas se hacen presentes para tumbar cualquier voluntad de cambio para el país.

Como el título bien lo dice, somos expertos en tratados fallidos de paz ¿por qué?, ¿quién se opone a ello? Y muy importante ¿a quiénes les interesa la guerra fratricida interminable? No creo resolver estos cuestionamientos de manera resumida, la diversidad de variables intrínsecas hacen que el tema se complejice un poco.

Fuimos testigos (o por lo menos nuestro abuelos) sobre un intento, si no, uno de los primeros de nuestra historia reciente en tema sobre paz, que desde 1948 había sumido al país en un estado de zozobra escandalizante.

Con la llegada de Rojas Pinilla al poder con su lema a viva voz: “No más sangre, no más depredación; paz, justicia y libertad para todos” para 1953 se esperaba la dejación de armas a un total de 6.500 guerrilleros de Antioquia, Huila, Santanderes, Cundinamarca y sumándole a estos, la apuesta más significativa, las guerrillas del Llano que dentro de estos seis mil guerrilleros mencionados, contenían en sus filas más de la mitad, 3.540 guerrilleros punto preponderante para lograr algo significativo, si se buscaba “pacificar” Colombia.

Se tramaban ciertas dinámicas que obligaran a los guerrilleros a dejar sus armas; sin lugar a dudas, en las zona del Llano las fuerza gubernamentales trataban de cualquier manera, doblegar a los guerrilleros para que dejaran sus armas, aquellos actores del estado, intimidaban a la población civil que por su lejanía a las institucionalidad y su cercanía con la organización guerrilleras, contenían canales de comunicación que daban al ejército una herramienta para usarlos en contra del movimiento subversivo.

Aviones bombardeaban los montes con volantes y panfletos cuya información era repetitiva hasta el cansancio “amnistía total, trabajo, paz, reconciliación”. Los comandantes vieron una posibilidad de cambio, al menos que pasaran de las armas a la política, como lo decía Eduardo Franco Isaza “De la lucha armada pasamos a la lucha ideológica”.

Con el pequeño acercamiento sobre el entorno, simplemente quiero relatar un tipo de carta que se le hizo a un tal Guadalupe Salcedo, sobre el error que significaría pactar una paz con un gobierno tramposo.

Agosto 15 de 1953

Señor Capitán:

Guadalupe Salcedo.

(…) “Quieren enfáticamente (el ejército) terminantemente la entrega de armas y de hombres; no admiten nada”.

“No aceptan amnistía y, sobre todo, nos hicieron el favor de amenazarnos con la destrucción y el arrasamiento. Dicen que nos tienen medio muertos, así que concentrando todas sus fuerzas nos liquidaran irremediablemente.

Hasta aquí, percibimos cierta belicosidad por parte de las fuerzas armadas organizadoras de tal encuentro, se puede analizar que su discurso era de intimidación, de rendición y no obedecía a una lógica de negociación de partes (esto tampoco lo entendimos en el pasado plebiscito).

“Que yo no tenía para que ir al Llano a reunirme con ustedes, que escribiera una carta diciéndole a usted que se entregaran y que las armas también, que todo estaba arreglado. Se supone que con esta carta querían hacer fiestas con la prensa y la radio y al mismo tiempo hacer presión sobre ustedes” (…)

El afán consistía, de cierta manera,entregar todas las armas posibles y tal vez retener bajo su dominio, un número significativo de guerrilleros preponderantes para lograr ganar cierto poderío e irradiar debilitamiento al interior de las fuerzas revolucionarias de los Llanos, todo consistía en transmitir presión, intimidación.

“Quisieron ponernos presos, después de haberse comprometido a respetar nuestra libertad. Dos veces consultaron con Villavicencio y solo nos salvó la actitud de las autoridades Venezolanas” (…)

Las fuerzas militares resolvían como se les ocurriese, no sabemos las verdaderas directrices exigidas desde el alto mano, las desconocemos, en el discurso podríamos encontrar una respuesta, mas sin embargo, no creería saber cómo era el verdadero proceder de tales actores; voluntad de paz no había obedeciendo a lo escrito en la carta.

“En la conferencia sacaron a los Venezolanos y a los periodistas del “Nacional” a la calle”

La situación era contraria a lo dicho por Rojas, tal vez muchos de los milicianos cayeron en el error de firmar y perecer después, como el caso del “confuso” asesinato posterior de a quien se le escribió dicha carta, Guadalupe Salcedo masacrado en Bogotá por el año 1957. La pacificación consistió en un engaño que sentencia las vidas y firmó las muertes de muchos líderes guerrilleros.

La guerra, las masacres, la sangre, la pobreza sigue brotando en nuestra tierra…

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