Re-cordando a Lucas Villa

"Matar a alguien no se puede cuando este alguien no será olvidado" escribe un conocido del estudiante que se convirtió en símbolo de las protestas del 2021

Por: Edgar Eduardo Pulido García
mayo 07, 2021
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Re-cordando a Lucas Villa

Conocí a Lucas, no podría decir que somos amigos cercanos, ni siquiera amigos, eso sí, cruzamos un par de palabras en algunos espacios y nos encontramos de manera recurrente. Tenía —tiene— una personalidad histriónica, como ven en los vídeos, de esos que tienden a bailar en medio de la nada o que se suben a un barandal y caminan. Una suerte de felino ágil, con un discurso fuerte aunque difícil de asir, una barba rala y risa, cabello escaso y enrevesado como su palabra.

Eso sí, era —o es— de esas personas de diligencia absoluta: conseguir leña para el canelazo, equipos para la asamblea, llegar al otro lado del país con lo del pasaje en los bolsillos, marchar hasta que los pies sangren, alfabetizar en buses.

Era —o es, porque está vivo, así lo hayan matado muchas veces, unas por las balas, otras por la prensa y unas tantas por la desinformación colectiva— una de las personalidades de la universidad, de esos que se hacen simbióticos con el campus, que se saben el nombre de todos, sin importar jerarquía o especie, acaso porque no le interesa.

Hace poco en el viaducto mientras intentaba gritarle a la ciudad desde ese gran panóptico de hierro, unos hombres armados intentaron aquietar su paso, ponerle fin a su transitar de gato, a sus palabras y pelo enrevesado. Las balas perforaron su tórax y su cráneo. Creyeron con eso, muchos también lo dimos por hecho, que lo habían matado.

Terrible error de los asesinos, no tocaron su pecho. Su corazón aún palpita y manda sangre a su cuerpo. Tal vez porque la vida de Lucas, sus recuerdos, están en su corazón, no en su cerebro, como él mismo dijo, parece un rezo, y es cierto, porque recordar —del latín re cordis— es pasar por el corazón.

Y ya tarde están los fratricidas, porque matar a alguien no se puede cuando este alguien no será olvidado. Espero ver de nuevo a Lucas subir a las barandas con sigilo de gato y caminar en el campus con las manos, escuchar sus soliloquios encriptados. Y si no se puede y su cuerpo en este baile se agota, ahí estarán nuestros corazones, cientos de miles, para recordarlo.

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