La Gran Consulta por Colombia nos regresó el optimismo. La euforia es generalizada, y pese al fuego amigo y enemigo para neutralizarla, se sobrepuso, por un lado, el desempeño de “Las Nueve Fuerzas”, unidas y representadas en grandes líderes de la nación, y del otro, el ánimo de sus electores, que ven en ellos, una luz de esperanza para salir del atolladero en el que nos encontramos, enderezando el rumbo del país. Los nueve líderes, demostraron humildad, sabiduría, compromiso y sentido de país. Lo dieron todo y sus esfuerzos se sintonizaron con la cordura, el carácter y las soluciones que necesita Colombia, algo muy inusual en la política.
Los electores, son los protagonistas, hicieron caso omiso a los mensajes del primer mandatario y a los supuestos defensores de la patria, que no escatimaron esfuerzos para desincentivarla. El pueblo le apostó a dos candidatos serios, con enorme potencial, hubieran podido ser los demás, pero sobre Paloma y Oviedo recaerá la responsabilidad de cumplir el acuerdo de voluntades signado y elevar el poder expresado en las urnas para este naciente símbolo de unión, “Las Nueve Fuerzas”.
Los casi 6 millones de votos, a los que desde ya, se sumarán otras fuerzas, son una razón poderosa para recuperar el optimismo, pero no hay lugar para desfallecer, porque se aproxima el desafío mayor, movilizar todas las voluntades y capacidades inimaginables, para asegurar una victoria contundente en la primera vuelta presidencial. La tarea apenas comienza.
Será posible avanzar con una alternativa diferente a la que representan los extremos
Otra razón, no menos importante, que nos llena de optimismo, es que, será posible avanzar con una alternativa diferente a la que representan los extremos. El conteo realizado evidencia que no se requiere de una ultra derecha recalcitrante, que abone el terreno al continuismo. El show, la charlatanería y las encuestas inducidas, incumplieron su propósito, llegaron al límite. El masivo apoyo a La Gran Consulta por Colombia, los puso ad portas de la sepultura. El país no está para continuar con gobiernos de extrema, independiente de su origen ideológico, son lesivos para la democracia.
“Las Nueve Fuerzas” ganaron para quedarse, para gobernar, se conectaron fácilmente con las regiones, con la academia, los empresarios, los trabajadores y el campo. Son una amalgama de estadistas, ejecutores, técnicos, pensantes y administradores de todo nivel, tienen una oportunidad inigualable para recuperar los destinos del país. Estos nueve líderes, fusionados en este proyecto, combinan la sensatez, la sabiduría, los principios y una visión clara, tranquila, segura, coherente y confiable para conducir la nación, y quizá algo sobresaliente, está fundada en una plataforma de principios y valores que se proyectan como innegociables. Ninguno de ellos ha sido defensor del crimen, por el contrario, son sus férreos enemigos.
Produce un alivio, además, constatar, el rechazo abrumador del pueblo a los exintegrantes de los grupos terroristas, que siguen en la impunidad, sin reparar a sus víctimas. Se les acaba su cínica pontificadera desde el seno de la Patria, pierden su personería jurídica – Los Comunes- y las 10 curules que nunca debieron tener. Su fracaso, es una notificación directa a los violentos, que no hay lugar para ellos, ni para sus atrocidades y menos para sus acostumbradas condiciones y exigencias. Ahora esperamos que la JEP, muy inepta en sentenciar a las cabezas de las FARC, y luego de haber guardado por 8 años en actitud cómplice los macro procesos contra el secretariado, profiera y ejecute las condenas que deben pesar sobre los victimarios.
Reanima nuestra esperanza, la nueva conformación de las fuerzas políticas en el Congreso de la República. Se ha renovado con nuevos liderazgos, talentos prominentes que le apuestan a la solución de los graves fenómenos que no nos dejan avanzar, como la corrupción, la criminalidad y la violencia. Los mismos que serán fundamentales para hacer contrapeso al socialismo del siglo XXI que promueve el Pacto Histórico. Afortunadamente, en ambas cámaras la alianza opositora para el período 2026-2030 son mayoría.
Así las cosas, el optimismo ciudadano debe elevarse con ímpetu y sin descanso, abrir el camino para que el próximo gobierno esté en manos de “Las Nueve Fuerzas”. Y para lograrlo, no hay que dejarse influenciar por mensajes radicalizados que la asocian con el “Petro/Santismo”, pues su objetivo es fracturarla. Tampoco perder el foco programático. La JEP debe reestructurarse, las fumigaciones están en mora de regresar, La Paz total replantearse, recuperar sin dilaciones el ejercicio de la autoridad y la justicia, reactivar la red de cooperantes, reestructurar el INPEC y rescatar la seguridad fronteriza, a la DNI y a la UIAF tomadas por el M19. En suma, ejecutar una limpieza general de la institucionalidad y reeditar una Política de Seguridad Democrática 2.0 con una implementación adecuada del proceso de paz y recobrando el respeto y liderazgo regional, que no debimos perder.
Luego de las elecciones del 8 de marzo, la esperanza ha regresado a millones de hogares. Las condiciones están dadas para derrotar en forma abrumadora al mal pacto histórico que nos desgobierna. La hidra de mil cabezas debe salir de la Casa de Nariño.
Del mimo autor: Nace iniciativa para prevenir la tentación del autoritarismo
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