Rafael Orozco, el cantante que Colombia nunca pudo reemplazar

A veintiocho años del asesinato del célebre músico colombiano, recordamos las claves que lo convirtieron en leyenda

Por: Jorge Eric Palacino Zamora
junio 11, 2020
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Rafael Orozco, el cantante que Colombia nunca pudo reemplazar

A las diez de la noche del jueves 11 de junio de 1992 se truncaron las ilusiones del formidable vocalista del Binomio de Oro, Rafael Orozco Maestre. Dos horas después, la noticia corrió a los titulares de prensa; también hasta Corferias, el centro de eventos por excelencia de la capital colombiana donde se desarrollaba el Festival Show de América- RCN, con la presencia de las principales orquestas colombianas y algunas del exterior. Rafael era el artista colombiano con mayor proyección del momento, al lado de las agrupaciones salseras Niche y Guayacán Orquesta. Desde la tarima central se confirmó la fatídica nota. Los asistentes al festival enmudecieron y la mayoría partió a sus casas a desenfundar los acetatos y casetes del Binomio de Oro.

Desde Bucaramanga, Cúcuta, Medellín y Bogotá muchos seguidores y enviados especiales de los medios de comunicación intentaban conseguir un tiquete a la ciudad de Barranquilla. La mañana del viernes, en aquel revuelo no paraba de sonar la música de Rafael Orozco, en especial su composición Solo para ti, una de sus primeras obras, registrada en la producción Binomio de Oro de América, trabajo que se agotó en las discotiendas. Los seguidores intentaban eternizar a Rafa atesorando esa última producción musical.

Ídolo

La trayectoria de Rafael Orozco Maestre solo puede registrarse con caracteres de leyenda. Su talento, capacidad vocal y su conexión con los seguidores, le permitieron llegar al gusto del público nacional y llevar la música vallenata, decorada con arreglos modernos, a escenarios internacionales.

Tuvo la inteligencia y el tacto necesarios para matizar con un estilo orquestado, los aires musicales que en sus inicios tenían una connotación regional. Esa fórmula de modernizar sin perder la esencia fue el fundamento del proyecto musical que surgió hacia 1976. Los binomistas recitan de memoria las circunstancias que rodearon el surgimiento del grupo con ocasión del cumpleaños de Lenin Bueno Suárez (Leabus), el productor y compositor fallecido en 2019, cuando emergió la idea de unir a Rafael Orozco con el acordeonero Israel Romero.

Rafael ya era conocido en el ambiente musical tras la grabación de Grandes éxitos, al lado de Emilio Oviedo , álbum prensado por Codiscos y del cual se destacó Cariñito de mi vida, obra de Diomedes Díaz el otro artista que marcaría historia en la música de acordeones. Orozco Maestre se unió al “pollo” Israel Romero. El 16 de junio de 1976 quedó como fecha fundacional de El Binomio de Oro.

El primer álbum pasó la prueba con temas tan icónicos de la colección binomista como La creciente, del compositor Hernando Marín; La gustadera, tema de corte guapachoso del autor Alberto Murgas; y Momentos de amor, una bella página romántica de Fernando Meneses. Ya desde esa primera producción se advertía el traslado de un género que había visto la luz en el contexto rural para hacerse más citadino.

El establecimiento de algunos músicos en principales ciudades, especialmente en Medellín y Barranquilla, incide en esa renovación que en términos musicales, estéticos y coreográficos va incorporando El Binomio como su sello particular, aunado a una cuidadosa selección de los temas, de la mano de los mejores compositores.

La agrupación se establece en Barranquilla, puerto a donde llegan muchos sonidos e influencias de las Antillas, circunstancia que pudo alinderar el estilo internacional de la agrupación. Para su segundo álbum ― Por todo lo alto― el autor Fernando Meneses repite con otro éxito: Reconozco que te amo que, al lado de la canción Necesito de ti, de Tomas Darío Gutiérrez, fueron piezas destacadas en aquella primera etapa.

Rápidamente la música de Orozco y Romero irrumpe con fuerza en la capital del país. Inicialmente, a fuerza de su presencia como parte del equipaje de los estudiantes universitarios procedentes de la costa colombiana. Con los años, los capitalinos trenzaron una fuerte comunión con estos artistas, invitados frecuentes a los programas musicales que se grababan para la televisión colombiana, especialmente El show de Jimmy, El show de las estrellas o Espectaculares JES.

En aquellos años ochenta, la sicodelia corría por cuenta de las perchas que la gente del Binomio exhibía en las carátulas de sus discos. A nivel de presentaciones, el Binomio de Oro adopta un estilo de presentación similar al de las orquestas merengueras y salseras que visitaban el país. El conjunto que lucía uniformes de esmerada confección, era muy puntual. Lejos estaba de los titulares sensacionales que daban cuenta de incumplimientos o hechos bochornosos en tarima tan comunes entre otras agrupaciones colombianas de la época.

Rafael e Israel eran excelencia y prenda de garantía. Vestían trajes distintos a los utilizados por los demás músicos del grupo en presentaciones especiales, lucían la misma indumentaria de las carátulas de sus discos, quizá como una de las tantas estrategias de mercadeo que impusieron con el criterio de que no bastaba con hacer buena música, sino que había que agregarle una estética y un estilo para romper el molde de lo hecho hasta ese momento por los músicos vallenatos.

Hasta entonces, los músicos de este género se preocupaban poco por la proyección en tarima. Tenían poca movilidad, mientras que El Binomio de Oro inauguró una novedosa apuesta con coreografías especiales a partir de movimientos acompasados entre cantante y el grupo de coristas; a la manera de los merengueros dominicanos que irrumpían con fuerza. El Binomio en tarima se medía, de igual a igual, a los internacionales Hermanos Rosario, Wilfrido Vargas o Bonny Cepeda, respaldado en su moderna sonoridad y esa vigorosa presencia escénica.

Fue sin duda Rafael Orozco el artista nacional capaz de dar a su carrera un enfoque profesional, de entender la música como una empresa organizada que con los años, y a instancias de su calidad artística, se quedó en el gusto de los colombianos. Sin embargo, el legendario Binomio de Oro, referido y transformado como una universidad del vallenato después del asesinato de Orozco, y con graduandos tan importantes como Jorge Celedón o Jean Carlos Centeno, no volvió a ser la institución musical adorada por multitudes, tal cual los tiempos dorados de Rafael Orozco Maestre, el cantor de Becerril.

Fotos Discografía Binomio de Oro- sello Codiscos.

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