¿Quieres seguir siendo un número más que carece de representación?

"¿Dónde están las convocatorias ciudadanas para consignar las ideas que permitan resolver la problemática nacional?"

Por: javier villegas correa
mayo 13, 2021
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¿Quieres seguir siendo un número más que carece de representación?
Foto: Las2orillas / Leonel Cordero

Hemos llegado a este tiempo, en el cual observamos, mas no vemos, que es los que sucede en nuestras vidas. Cuando llegan los momentos de dificultad es cuando nos ponemos a prueba y sacamos lo mejor que cada uno posee para poder resolver nuestros problemas y nuestras angustias mas apremiantes.

Opinamos, criticamos y hablamos en lo referente a lo externo, en lo que ocurre en las calles y en las pantallas, como entrando en un panteón o un coliseo a ser espectadores impávidos de una realidad que nos muestra que lo externo no puede solucionarse con aquello que está fuera de cada uno de nosotros.

Atravesamos un tiempo oscuro. Y cuando queremos ser escuchados, nadie nos escucha. La indignación es el común denominador, tanto para los que apoyan las manifestaciones como para los que no. Escuchamos y nos preguntamos en nuestro interior: ¿quién me representa? La respuesta es más fácil: nadie me representa, porque busco una solución que no hallo en mi mismo. Nuestro viento que nos empuja es el hambre, el temor, la angustia, la enfermedad y la necesidad.

Nuestros líderes solo responden mediante cuestionamientos: de quién es la culpa, qué está mal hecho y qué es incorrecto. Pero muy pocos dejan a un lado todo aquello que oprime sus corazones y buscan una solución. Simplemente no la encuentran, simplemente no la pueden ver.

¿Quién está dispuesto a aportar un punto seguido o a un punto final? ¿Quién está dispuesto a renunciar o ceder para así favorecer a todos aquellos que con angustia observan este teatro de horror? ¿Quién me representa si aún no sé en qué deseo ser representado?

De esta situación, cada colombiano debe entender algo como individuo: aquel que desee ostentar el poder que renuncie, pero aquel que quiera reinar que reine en pro de beneficiar a su nación y con ello a todos sus ciudadanos.

A cuántos ha tomado por sorpresa este tiempo de protesta en nuestra nación, esperando que alguien más solucione, en especial aquello que está dentro de nosotros. Queremos más, y el querer más cuando se desvía de lo justo se convierte en mas necesidad e inequidad. Los jóvenes reclaman, los adultos reclaman, ¿y qué reclamamos?

La sociedad actual se ha sumergido en una realidad que es totalmente imaginaria. Una realidad que está basada en la autocomplacencia y en la búsqueda de la aceptación por parte del otro. Una utopía que nos lleva a vivir un tiempo de caos y necesidad como choque, para que volvamos a la verdadera realidad: el que no trabaja no come. Y ahora que atravesamos por un gran choque económico a causa de la pandemia, las fuentes de trabajo se han reducido.

Llegó el momento de organizar nuestra casa. Nuestra propia casa. Y ser testigos de que el trabajo arduo se debe dar desde muchos frentes. ¿Acaso nuestros problemas los debe resolver un solo individuo? ¿No es una estrategia de facilismo dejar que el otro me solucione los problemas bajo el precepto del autoengaño?

Las soluciones no pueden surgir de complacer para evitar un reproche, sino que es el dar aquello que le hace buen provecho a todo aquel que reclama lo justo. Acaso lo justo en este tiempo no es voltear nuestra mirada sobre todos aquellos que hoy están afectados por la falta de alimentos, la falta de combustibles, la falta de medicamentos y atención médica.

Cuantas madres sufren porque no saben de qué forma van a alimentar a sus hijos. Cuántos padres se sienten frustrados por la falta de oportunidad de ganarse el pan diario. Cuántos jóvenes tienen que optar por la prostitución para ayudar con el alimento en sus hogares. Cuántos ancianos hoy están sin alimentos y medicina acercándose a la mendicidad. Cuántos hijos hoy siguen presionando a sus padres por cosas materiales solo para su autocomplacencia.

Llegamos a una crisis social sin precedentes en el país. Nos está tocando a todos a nuestra puerta: ricos y pobres, alfabetos o analfabetos, jóvenes o viejos. Y seguimos con una misma dualidad en nuestros líderes: la derecha ataca la izquierda, la izquierda ataca a la derecha, el centro ataca a ambos y así acudimos a un circo de tiradores de piedra que llega a otra función.

Esta situación es el límite, frente al precipicio. ¿Nuestro Estado como nación me hace incluyente?, ¿o al contrario nos reduce a tal punto de que solo puedo observar a unos pocos tomar el poder como fuente de beneficio mas no de servicio? Llegó el momento de que todos seamos actores en la obra, y participemos del diseño y la construcción de una nueva nación que deje a un lado la discordia que destruye y sume en el odio a los mas jóvenes.

Llegó el momento de que cada ciudadano participe como espectador sobre lo que se está negociando en nuestro país como petición para terminar este paro. Y las negociaciones a puerta cerrada no son eficaces, porque carecen de lo mismo, “justicia”. ¿El que pide en quién piensa? Probablemente, en sí mismo o sus mas cercanos. Y el que cede, ¿lo hace pensando en que termine la pesadilla?

Todos los ciudadanos podemos ser parte integral de esta discusión, pidiendo ver todo aquello que se negocia. No más imposición, no más desidia y no más autocomplacencia por parte de unos pocos que han olvidado una gran mayoría. Que aquel que desee mostrar sus resultados y sus buenas obras no busque publicidad para mostrar aquello de lo que carece. Cuando un gobernante tiene que mostrar en vallas, pancartas y comerciales su maravillosa gestión es porque no tiene nada que mostrar. Las buenas obras brillan por sí solas y no necesitan ser publicitadas.

Busquemos como ciudadanos un mecanismo para convocar a cada uno de los frentes del paro para que en un debate público frente a todo el pueblo colombiano se busque un consenso de negociación, en el que el ciudadano pueda decidir en su corazón quién lo representa. De lo contrario, seguiremos estancados en un largo proceso de reclamo en el tiempo.

Corregir todo aquello que no funciona, sin el apasionamiento de aquellos que solo piensan en sí mismos. La vanidad de poseer u ostentar el poder es el sometimiento entregado voluntariamente por unos ciudadanos que piensan en medio de la desigualdad, el hambre y la desesperación.

¿Me siento representado por los convocantes del paro, que hoy reclama en medio de la angustia, pero que, al mezclarse con el egoísmo, no permite pedir de forma sensata ni ofrecer una solución equilibrada que pueda sostenerse en el tiempo?

Los que hoy asumimos el resultado ante la protesta social hemos cosechado para todos lo mismo: falta de transporte, falta de combustible, falta de alimentos y muchas otras cosas más. Lo que carece tiende a la muerte y al fallo, entre tanto lo que posee la caridad y el perdón, aceptación y desprendimiento conlleva a un equilibrio justo en bien de los necesitados.

La pandemia del coronavirus desnudó una realidad casi imposible de amasar con nuestras manos, pero si no eres capaz de enfrentar tus miedos, tus culpas y tus errores no habrá un inicio o partida de solución a la gran avalancha de problemas que hoy vivimos todos los ciudadanos. ¿Dónde están las convocatorias ciudadanas para consignar las ideas que permitan resolver la problemática nacional?

En medio de un desarrollo tecnológico, no recibimos propuestas para compilar la mayor cantidad de voces sensatas que lleven a resolver este difícil momento. Cuando miremos un resultado, la fracción que veremos será nuestra realidad que será justa o llena de necesidad. ¿Quieres seguir siendo un número más que carece de representación?

Necesitamos nuevos políticos, nuevos dirigentes, nuevos mecanismos políticos, nuevas leyes, nuevas dinámicas como Estado y nación, porque, de lo contrario, de qué otra forma vamos a asumir este gran problema que viene gestándose desde mucho tiempo atrás.

Recuerda que los tiempos de caos y desesperanza son usados por unos pocos para portar la máscara del bien y así buscar ostentar el poder que oprime, mas no que libera ni mucho menos que soluciona. No dejen de leer la historia para que recuerden las dificultades por la que ha pasado la humanidad. Hablar con nuestros padres y abuelos, para así indagar con sus familiares más trajinados en el camino de la vida lo que fueron momentos difíciles y complejos, es vital.

Este no es el fin, a pesar de que “todo principio tiene un fin”. ¿Por qué todo principio debe tener un fin? Porque todo fin es necesario para que vuelva a existir un principio.

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