¿A quiénes matan las vacunas?

Las discusiones que circulan alrededor de las vacunas nos hacen preguntarnos si realmente ellas son las que acaban la vida de las personas, ¿será de esa forma? ¿o puede haber algo más?

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febrero 18, 2019
¿A quiénes matan las vacunas?

A los no vacunados. A ver, en ningún país del mundo está listado “vacunas” como causa de muerte en las estadísticas globales. Pero sí, por ejemplo, “infecciones del tracto respiratorio superior” (entre ellas influenza una enfermedad viral para la que existe una vacuna) y “cáncer ginecológico” (entre ellos el de cuello uterino para el que existe vacuna) Y corremos el peligro de que en las estadísticas globales de muerte empiecen a contarse casos de sarampión, difteria y otras enfermedades que habían desaparecido de la lista. Ya ha comenzado a crecer esa tendencia mortal. En Madagascar, una isla al este de África, se han reportado 300 muertes por sarampión en niños en los últimos meses.

Y los culpables son los enemigos de la vacunación. No las madres que por fallas en el sistema de salud o pobreza no vacunaron a sus niños sino aquellos turistas probablemente no africanos y educados que viajaron a ese país sin haberse vacunado por razones de desinformación en las redes, “filosofía personal” o por seguir la moda de no vacunarse. Sí, así de simple: quienes no se vacunan son culpables de la muerte de niños no inmunizados al transmitir el virus de manera inconsciente e irresponsable. Los enemigos de la inmunización con vacunas, que no morirán por estar bien nutridos o haber sufrido la enfermedad de manera leve durante su privilegiada infancia, son culpables de la muerte de los niños infectados  hoy.

Uso el sarampión como ejemplo de epidemia porque en la historia reciente hay ocurrencias bien documentadas. En 1951, un marinero danés (¡uno!) introdujo el virus en la población Inuit (esquimales) de Groenlandia y sólo 5 personas no se contagiaron, el 99% de la población enfermó. La vacuna se desarrolló unos quince años después y en ese momento ocurría aproximadamente un millón de muertes en el mundo por sarampión. Yo recuerdo casos de neumonía sarampionosa como la llamábamos y entre ellos con precisión un caso de un niño desnutrido de Buga en el Valle del Cauca. La familia contaba que “el brote se le había metido en el cuerpo” y efectivamente en la autopsia encontramos típicas células gigantes en el pulmón. Cuento estos detalles para testificar años después que los niños morían verdaderamente de sarampión, una enfermedad que muchos consideraban sólo un brote en la piel. Y volveremos a ver esos casos cuando crezca el número de niños infectados por aumento de la población no vacunada.

Sé que este mensaje de vacunarse no será bien recibido por muchas personas que se oponen fanáticamente a la vacunación. Se me preguntará de manera un poco insultante cuánto dinero me pagan los laboratorios fabricantes de vacunas. ¡Ojalá alguna vez algún laboratorio me hubiera incluido en su nómina, no sería docente hora-cátedra en universidades locales! O si los monopolios de vacunas contribuyen a mi investigación. Nunca he sido parte de investigaciones de vacunas. Me refiero a estos comentarios mal intencionados porque han sido dichos de colegas respetables y meritorios que estudian el desarrollo y uso de vacunas. Por ejemplo la Dra. Nubia Muñoz, única mujer colombiana nominada al Premio Nobel de Medicina, quien después de una larga y difícil carrera académica es acusada en redes virtuales de conspirar con monopolios internacionales para promover la vacuna contra el virus del papiloma humano, causa probada del carcinoma de cuello uterino. La doctora Nubia, como le decimos en Cali, no cuenta nunca detalles de su historia personal que harían ruborizar de vergüenza a quienes la tildan de ser un instrumento pagado por grandes firmas farmacéuticas. Pero no estamos hablando ahora de ella sino de quienes al oponerse de manera terca y agresiva (e ignorante añado yo) a la vacunación preventiva están causando miles de muertes infantiles en el mundo.

Y estas muertes no van a ocurrir solamente en lejanos rincones del continente africano.  Pueden ocurrir aquí y aún en otras regiones de países ricos. El sarampión es una amenaza real en estos días y puede extenderse como incendio forestal en el noroeste de los EEUU según el Washington Post. Se necesita que más del 90% de la población esté vacunada para evitar en el caso del sarampión una epidemia.  Si más del 90% de la población está vacunada se produce un efecto llamado inmunidad de rebaño pues muy pocos individuos pueden contagiarse y la diseminación del virus se corta.  En el condado que incluye Portland, Oregón, una cuarta parte de los escolares no están vacunados contra sarampión, paperas ni rubeola y la inmunidad de rebaño se ha perdido. El gobernador del estado declaró esto una emergencia de salud pública y advirtió que la situación podía salirse fácilmente de control.

California y el noroeste de los EEUU son regiones relativamente ricas, bien educadas y “requeté webonas” (conectadas a la web) con minorías de inmigrantes pobres, con mal dominio del inglés y educación mediocre. ¿Quiénes creen ustedes que van a morir primero en una epidemia de sarampión? Todos esos irresponsables mensajes anti vacunación en la red no han prevenido ninguna muerte por vacunas. Pero van a producir miles de muertes por enfermedades virales que pudieran haberse prevenido.

La colocación de vacunas, como todo acto médico, puede causar infrecuentemente reacciones adversas serias. Entre las que no se cuenta el autismo infantil para tranquilizar a madres y padres que reciben esta equivocada información por internet.  Andrew Wakefield publicó dos artículos que relacionaban autismo a la vacuna “triple” (MMR) contra sarampión, paperas y rubeola. El artículo en The Lancet ha sido retirado de los archivos de la revista por no ser confiable. El segundo artículo presentaba unos dudosos hallazgos que no han podido ser reproducidos por otros investigadores. El Consejo General de Medicina (GMC fundado en 1858 y financiado por médicos, no por el gobierno ni grandes farmacéuticas) concluyó después de una larga investigación que la conducta científica de Wakefield es “irresponsable y deshonesta”. A pesar de todo lo anterior Wakefield se sigue presentando como un mártir perseguido por monopolios fabricantes de vacunas. ¡Y todavía hay gente que le cree! Sé que es muy difícil oponerse y cambiar las creencias públicas pero por favor no repita ni “retweetié” mensajes contra la vacunación.  

Oponerse a la vacunación preventiva está matando niños. Las vacunas no.

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