¿Quién nos hizo ese daño?

Quién fue el artífice de esa interpretación que hace que muchos digan que exigir respeto de los derechos humanos o reivindicar las luchas sociales es algo radical

Por: Hernán Enrique Díaz Bravo
junio 02, 2022
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¿Quién nos hizo ese daño?

Luego de más de 40 días de protestas, y bloqueos a lo largo del país y todavía eso sumando a lo sucedido durante el último bimestre del año 2019, todo lo que desencadenó los casos de violencia policial en septiembre de 2020 y lo sucedidó en este último tiempo me sigo haciendo la misma pregunta, para la cual siempre cambia mi respuesta y como el título de esta columna lo dice: ¿Quién nos hizo ese daño?

Quién fue el artífice de tan magno problema al interpretar y decir que exigir el respeto de los derechos humanos o la reivindicación de las luchas sociales es algo radical y hasta de la extrema izquierda que afecta la estabilidad democrática del país y que esta actividad puede desestabilizar el Estado de derecho del cual algunos se jactan de decir que es un Estado sólido y robusto que tiene la capacidad de responder eficientemente a las demandas y necesidades de la población cuando estas se encuentran en problemas, si esto fuera así como muchos lo dicen nos hubiéramos ahorrado muchas de las situaciones que están pasando en la actualidad y que nos afecta a todos por igual.

Un ejemplo claro y rápido sin ahondar mucho en él es la génesis del conflicto armado en el que se encuentra Colombia, el cual por no dialogar y escuchar al otro respetando las diferencias para crear acuerdos, fue más fácil usar la fuerza y las armas para “acabar el problema de raíz” la cual no sirvió de nada porque ya llevamos más de 60 años en las mismas matándonos unos a otros, los “buenos” contra los “malos”.

Así de esta manera se suman otras preguntas para las que tampoco encuentro una respuesta lógica. ¿Cuál es el afán de dividir todo y crear el bando de los buenos que luchan contra los malos que solo buscan dañar el país?, ¿será que en el pensamiento de esas personas creen que todo es perfecto y el que protesta en la calle o el que está a favor de la manifestación pacífica y la apoya de diversas formas es un vándalo que quiere todo regalado?

Lo único que puedo decir, y no es a modo de respuesta, es que en qué momento se desdibujó el fin de los derechos humanos y se les politizó a tal punto de convertirlos en una bandera electoral de cualquier corriente política, cuando esto ocurre nos damos cuenta de que en algo estamos fallando como sociedad y que no hemos entendido que situaciones tan básicas, pero a la vez fundamentales no tiene tinte político, que el derecho más sagrado, el cual es el derecho a la vida, no puede ser visto como un arma política.

Pues estamos llegando al punto de decir que unas vidas valen más que otras y que existen muertos buenos y muertos malos, cuando eso ocurre es porque los consensos construidos alrededor del respeto por la vida y los derechos han fallado, en pocas palabras el sistema en el que vivimos falló por completo, puesto que dejamos de ver la vida como algo sagrado.

En conclusión, exigir el respeto de los derechos humanos y el mejoramiento de la calidad de vida de un país no pude ser visto y tratado como un problema de orden público que busca dañar al país, tampoco puede ser visto como una lucha entre extremos, ya que todos somos iguales y gozamos de los mismos derechos, considerando que nadie tiene más derechos que el otro o los derechos de unos valen más que los de los demás como reza el artículo 2 de la Declaración Universal  de los Derechos Humanos, el cual parece que se nos olvidó

“Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”.

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