El Plan de Desarrollo de Claudia López: contrato social desde la diversidad

La alcaldesa ha incluido diferentes minorías en sus políticas públicas, pero hay quienes opinan que esa diversidad se encuentra solo en el papel

Por: Ismael Ortiz Medina-Antropologo
marzo 10, 2020
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El Plan de Desarrollo de Claudia López: contrato social desde la diversidad
Claudia López en la candidatura a la alcaldía de Bogotá. Foto: Leonel Cordero

Dice Slavoj Zizek que los cuatro jinetes del apocalipsis del capitalismo de hoy son: el explosivo crecimiento de la crisis ecológica  y los problemas con el agua, la irrupción de las tecnologías de la comunicación en el centro de la vida pública y la redefinición de la política, la redistribución de la riqueza, y el no menos importante,  reconocimiento (desconocimiento) de la diversidad y los cambios en enfoque de derechos. Todos ellos están en el plan de desarrollo 2020-2023, lo que muestra el carácter universal de los mismos.

El debate en Bogotá como ciudad diversa y que acoge las diferencias, es un tema relativamente reciente. El paro cívico y la protesta barrial por servicios básicos fue, hasta bien entrados los años noventa, la principal fuente de disputa sobre derecho a la ciudad; había una ausencia total de espacios de participación, la ciudad estaba en manos del bipartidismo azul y rojo a través de la acción comunal; el clientelismo y la caridad eran la “política pública” y se reclamaba especialmente construcción de vías y acceso a servicios públicos.

Después de los años noventa se instalan las disputas desde la diversidad, que son disputas desde la subjetividad y por los reconocimientos o la forma como nos construimos como sujetos (Etarios, Étnicos, Sexuales). Buena parte de la gestión pública social es un asunto de administrar la diversidad y distribuir para la diferencia. Al mirar la Bogotá de hoy, vemos a una mujer lesbiana en la alcaldía, unos espacios de participación multiplicados y a una ciudad con una agenda no de política sino de políticas públicas: de Indígenas, Afros, Gitanos, Discapacidad, Raizales, Mujeres, Jóvenes, Adultos mayores, Niños, Víctimas, Ruralidad, Diversidad sexual, etc.

Entre las problemáticas que plantea la gestión de la diversidad está su cara adversa: la fragmentación de lo social. La diferencia parece devenir en una babel que pone como reto la convergencia. Señala Zizek que es el mercado el más exitoso en reconocer la diferencia: desde el consumo. El capitalismo lo acepta todo mientras se pueda hacer negocio y no se toquen los temas de distribución de propiedad y riqueza,  y a la diversidad social y la crisis ecológica las convierte en un asuntos de estilos de vida y donaciones en los cajeros de los supermercados para salvar el planeta; hay tiendas especializadas en productos LGBTI, modas con tendencias étnicas y raizales y mercados segmentados para veganos y vegetarianos que aman los animales.

Quizás sea ese el gran reto del plan de desarrollo; la redistribución de la poca riqueza que cada vez menos capta el sector público; ya hay un reconocimiento en políticas públicas, en espacios propios y autónomos de participación (cada sector o grupo tiene su política y su consultiva o consejo) pero no ocurre lo mismo con la riqueza. Los espacios de planeación no están a la par con los espacios de participación y menos con los espacios inversión y de decisión sobre los recursos y los presupuestos. Quizás sea desde la diversidad (étnica, Social, Etaria) donde se deba llamar a participar en los ejercicios de presupuesto participativo.

Antanas puso en el centro del debate a la ciudad como escenario educador y al estado como agente pedagógico, luchó como la gestión para garantizar derechos básicos y resolver los temas de hambre(comedores), Peñalosa como agente de las grandes obras de urbanismo, movilidad y privatización y Petro reivindicando el papel de lo público en enfrentamiento con los sectores privados (constructores, operadores de salud y basuras, gremios del transporte); lo que muestra el plan es que Claudia ha puesto como uno de sus enfoques los temas de género y diversidad.

Claro que hay una diversidad heredada y con territorios propios (cabildos indígenas), otra construida y diseminada, en buena parte no hecha pública y sin territorios físicos (diversidad sexual) y una más oculta en la profundidad de la cultura; la del género y sus secuelas de desigualad y sobre todo de violencia. La diferencia no es tan simple y menos cuantitativa, es subjetividad pura.

Así que el reto, además de reconocer es redistribuir desde la diferencia. La ciudad sí ha avanzado en formulación de políticas, pero para muchos es un avance en inclusión formal y no real o en inclusión abstracta y exclusión concreta. Muchos consejos y consultivas, muchos espacios de participación pero con poca incidencia; falta mucho por avanzar en planeación y sobre todo en ejecución presupuestal en perspectiva de diversidad, pues toda la diversidad reclama programas y proyectos con presupuesto propio y diferenciado.

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