Poco a poco los camiones se fueron llenando de cajas de cartón y lo que era la Biblioteca de la Cancillería volvió a ser la capilla que mandó a construir en 1605 el entonces arzobispo de Santafé, Bartolomé Lobo Guerrero.
No se sabe a dónde llevaron los archivos. Algunos dicen que se fueron a pocas cuadras del Palacio San Carlos a la sede de la Academia Diplomática, un espacio con graves problemas de humedad que devoraría el catálogo en cuestión de segundos.
Según Caracol Radio, lo que se sabe es que ya empezaron a llegar las figuras religiosas para equipar la capilla.
En total, sacaron 31 mil piezas entre libros, mapas y archivos históricos. También estaban las cartas que escribió Simón Bolívar entre mayo de 1815 y abril de 1827 a su amada Manuela Sáenz.
El Libertador vivió en el mismo palacio donde se ubicaba la Biblioteca, pero tuvo que huir la noche del 25 de septiembre de 1828 cuando llegó el ejército del comandante Pedro Carujo a intentar asesinarlo.

En 1954, el Ministerio de Relaciones Exteriores formalizó la creación de la Biblioteca de la Cancillería que fue bautizada en honor al expresidente: Marco Fidel Suárez.
En las repisas de la naciente biblioteca pusieron una copia de su monumental libro Sueños de Luciano. Allí, creó un personaje ficticio llamado Luciano Pulgar que se defiende de las críticas que recibía el gobierno de Suárez.
Esa obra también se empacó entre las cajas de la mudanza.
Del mismo modo que no hubo un inventario oficial de las piezas que descolgaron del Museo Nacional hace un par de semanas, tampoco hay una lista que saque a la luz el catálogo de libros, archivos y documentos que salieron de la Biblioteca de la Cancillería.
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El movimiento de los libros se vendría ejecutando desde hace 5 semanas, cuando se cerraron las puertas de la Biblioteca. El diario El Tiempo aseguró que la encargada de ejecutar la orden que, probablemente, viene desde la Presidencia, es la secretaria general de la Cancillería, Gina Paola González Grau, quien cuando llegó al cargo ordenó que eliminaran su segundo nombre de todas las comunicaciones oficiales.
Además, según La Silla Vacía, González infló su experiencia laboral antes de llegar a la Cancillería.
Otros de los tesoros que salieron de la Biblioteca de la Cancillería
Dentro de las cajas, también viajaron libros invaluables como la obra de Joseph Gumilla, un misionero jesuita que se dedicó a escribir crónicas virreinales de los Llanos y la cuenca del Orinoco a comienzos del siglo XVIII.
Estos archivos, que fueron impresos en 1637, son los más antiguos del catálogo de la biblioteca.

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Las memorias que sobrevivieron al Bogotazo
En la colección de Memorias de Relaciones Exteriores se encuentran las publicaciones mediante las cuales los secretarios de Estado informaban al Congreso el curso de las misiones diplomáticas, la negociación de tratados, los gastos de legación y las coyunturas globales.
Sin embargo, estos volúmenes corresponden a los archivos que sobrevivieron a la turba enardecida de manifestantes que incendió el centro de la ciudad el 9 de abril de 1948.
En aquella ocasión, la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores quedó hecha cenizas junto a millones de expedientes diplomáticos. Solo quedaron los que se conservan en la colección de la Biblioteca.

Colección Patrimonial, la más grande de toda la biblioteca
La Colección Patrimonial es el fondo documental más grande de la Biblioteca de la Cancillería.
Lo conforman casi 2.000 volúmenes de alto valor histórico, literario y científico. Dichas obras abarcan un amplio periodo de tiempo que va desde 1637 hasta 1956.
Esta colección contiene atlas, cartas hidrográficas y mapas que delimitan fronteras virreinales y republicanas.

Finalmente, el paradero de las casi 31 mil piezas de la Biblioteca Marco Fidel Suárez sigue siendo un completo misterio. Desde la Cancillería no se ha emitido ningún comunicado oficial.
Mientras tanto preocupa las condiciones en las que se tengan los libros. Pues la antigüedad de algunos demanda condiciones físicas y químicas especiales para su conservación.
Entre ellas, se deben mantener en una temperatura entre los 16 hasta los 20 grados centígrados. Además, la humedad no debe superar el 55%.
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