Primera cumbre mundial sobre la Insoportable levedad del ser y Ensayo sobre la Ceguera

"Asistimos a una realidad donde pisamos fuerte para no despeñarnos, para no ser absorbidos por ‘agujeros gravitacionales’, por caminos donde no existen exigencias"

Por: Jorge muñoz Fernández
julio 07, 2017
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Primera cumbre mundial sobre la Insoportable levedad del ser y Ensayo sobre la Ceguera

No existe forma alguna de sustituir el debate de la virtualidad o saltarnos los niveles de la alta y exquisita nanotecnología que obliga a resemantizar el lenguaje y, con ello, la interpretación del mundo.

Amplias capas de las sociedades se apoderan masivamente de los sistemas que innovan las mediciones del tiempo, reformulan la historia y recetan condiciones hegemónicas para reordenar el globo.

Así como la humanidad tuvo tiempos en que fue conducida por el animismo, la magia, la tragedia, la religión, la dialéctica hegeliana y la dialéctica materialista, hoy estamos en manos de la virtualidad.

Tenemos la idea que, a la manera de grandes rocas que gravitan en la profundidad de la Tierra, la presión y las altas temperaturas, donde abunda una sobre carga de procesos, van forjando en nuestra conciencia la geografía subjetiva que somos.

La modernidad se encuentra desmayada y sus principios se han desintegrado. Sin embargo, pese a las grandes conmociones que sobrellevamos, presumimos que las ideas del siglo XVIII aún están vivas y actúan como catalizadoras de grandes cambios sociales y filosóficos que conmueven al planeta.

No obstante, es innegable que el mundo necesita una nueva lectura, ya no tanto desde dispositivos totalizadores, sino desde la microfísica del poder y las prácticas locales.

En los programas del conocimiento, en las redes semióticas que dominan a la niñez y la juventud, como lo afirma el Premio Nacional de Contabilidad, Guillermo León Martínez Pino, “se observa la evaporación de todos los valores racionales y las emergencias de múltiples voces y visiones del mundo”.

Se trata de redefinir los protocolos de la modernidad en fuga.

Hoy la lógica de sentido es virtual, vista como prolongación de la realidad, que se difunde en todas las actividades humanas, aupada por el poder financiero global.

En tal sentido, los postulados de Nietzsche no han muerto, como sí ocurrió con su compañero medioeval, mitológico y teocrático, y constituyen un nuevo plano epistemológico que le otorga perfil a todas las representaciones económicas, políticas, afectivas, éticas y estéticas, sin abandonar la sensibilidad hedonística.

Hacer una lectura al tablero universal con los ojos de la modernidad, como si fuera una metodología inequívoca, es admitir que las prácticas discursivas todavía se hospedan en la tradición y perviven en escenarios demo liberales que solo perpetúan la cosmovisión del mercado como productor de subjetividades.

Obramos como si hubiésemos derrotado la concepción de uno de los tres grandes sospechosos de la historia que afirmaba: “no es la conciencia la que crea la vida sino que es la vida la que crea la conciencia”, conciencia como Supremo Creador y vida como existencia y relaciones de producción, que van moldeando y justificando las múltiples formas de pensar y de ser.

Es a partir de este momento, cuando el hombre encadenado, cosificado, enajenado, forzado a vivir con la creencia de que “el hombre era esclavo del hombre”, se libera mediante la acción y la praxis y proclama la libertad: “De pie los esclavos sin pan”.

En esas perspectivas, pensar desde la conciencia crítica tuvo formidables implicaciones, que postularon nuevos paradigmas, que desplegaron miradas transdisciplinarias, disidentes y heterodoxas, insertando el pensamiento en los espacios de la complejidad.

Muy pronto se cayeron estrepitosamente las grandes ideologías y aparece la adoración idolátrica al mercado como paradigma de la conducta social que obligó a repensarlo todo.

En nombre de esa razón fragmentada todavía vivimos como si el clima político mundial estuviera en eterna primavera.

Asistimos a una realidad donde pisamos fuerte para no despeñarnos, para no ser absorbidos por ‘agujeros gravitacionales’, por caminos donde no existen exigencias, inventando nuestra propia gramática existencial, viendo el desmoronamiento del Imperio soviético y el Muro de Berlín empujados por del capital y asistiendo al nacimiento de la onda postmoderna neofascista.

Caído el sujeto de la modernidad, que camina dando bandazos con gafas de monturas de hierro, nos resistimos a usar gafas de alta sensibilidad, eludiendo las grandes fuerzas sociales para renovar el universo, mientras Milan Cundera y José Saramago convocan desde El Himalaya a ‘La Primera Cumbre Mundial sobre La Insoportable Levedad del Ser y el Ensayo Sobre La Ceguera’. Hasta pronto.

 

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