Opinión

Presidente Duque, Colombia jamás debe quedar como uno de esos países mendicantes

¡Carajo!, si el Estado no es capaz de responder por nuestras poblaciones afectadas no estamos en nada, y sepan que no nos gusta ver a nuestros líderes pidiendo limosnas

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noviembre 22, 2020
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Presidente Duque, Colombia jamás debe quedar como uno de esos países mendicantes
¿Qué sentido tiene que salgamos a pedir limosnas internacionales para salirle al paso a las urgencias de la región cuya soberanía tenemos  amenazadal?. Foto: Presidencia

Como mínimo, un saborcito amargo fue lo me quedó cuando leí la noticia de que el presidente Duque había salido a poner el sombrero con el fin de pedirle ayudas a la comunidad internacional para sortear la devastación que dejó el huracán Iota.

Claro que todos los colombianos sufrimos una aflicción profunda cuando pudimos ver las imágenes de los destrozos en San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y todos reconocemos la necesidad de actuar con la mayor urgencia y de la manera más expedita posible. No obstante, de la misma manera que ya sabemos que en la vida no todos los caminos conducen a Roma, a estas alturas también debiéramos saber que no todas las prácticas se justifican a la hora de definir la estrategia de reconstrucción de las islas, independientemente del grado de angustia que padezcamos.

Si hay algo que la pandemia nos ha enseñado, sin consideraciones ni analgésicos, es que hay fatalidades provenientes de la naturaleza que pueden llegarnos en cualquier momento y que son tan implacables que pueden, incluso, avanzar hasta el extremo de marcar en la historia de las comunidades un antes y un después de sus sucesos.

Eso es, exactamente, lo que nos ha ocurrido con San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Lo mismo que tantas veces les ha pasado y seguirá pasándoles a USA, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Nicaragua, etc., etc., etc., en general, a todos los países que compartimos el Mar Caribe.

Estamos conscientes del momento difícil por el que atraviesan las economías del mundo, también sabemos de las precariedades fiscales que aquejan a los Estados del planeta y tampoco desconocemos los impactos graves que la pandemia ha traído sobre la sociedad colombiana, ¡pero carajo!, si el Estado colombiano no es capaz, por sí mismo, con creatividad, soberanía y grandeza, de responder por nuestras poblaciones afectadas, entonces eso quiere decir que no estamos en nada, que ya es hora de que comencemos a aceptar que esto es un Estado fallido.

¿Qué sentido tiene que salgamos a pedir limosnas internacionales para salirle al paso a las urgencias de la región cuya soberanía tenemos más amenazada de todo el territorio nacional?

San Andrés, Providencia y Santa Catalina son unas verdaderas joyas, con unos de los mejores potenciales turísticos y culturales del país, y lo que debiéramos hacer es convertir sus ruinas recientes en verdaderas oportunidades que por decenios les hemos negado a fuerza de abandonarlas a sus tristes suertes de corrupción y politiquería.

Jamás lo que le resulta obvio a algún burócrata ha significado solución alguna para alguien. Este no es el momento de que el gobierno se ponga a pedir olletas, molinillos, bolsas de café y chocolate para llevárselas a unas gentes metidas por emergencia en unas tiendas de campaña. Eso no se pide. Un gobierno sale y lo compra y lo manda y punto. Sin mendigárselo a nadie.

Lo que más puede tener sentido es desplegar lo que debería ser el liderazgo institucional y ponerlo al servicio de un nuevo horizonte para las comunidades de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Convocar a sus gentes y a lo mejor entre creativos y empresarios del turismo, a los mejores ambientalistas y los mejores líderes de la cultura para empinarse en una nueva mirada.

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No sigan equivocándose los que creen que nuestro país es esa cosa escandalosa, llorona y pedigüeña que se percibe en las redes

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Colombia es un país grande. Que no sigan equivocándose los que creen que nuestro país es esa cosa escandalosa, llorona y pedigüeña que se percibe en las redes.

A la enorme mayoría de los colombianos nos gusta ganarnos la vida trabajando y así lo hacemos. Y no consideramos que responder por lo nuestro forme parte de algún orgullo sino de la dignidad debida. A la gran mayoría de colombianos no nos gusta ver a nuestros padres ni a nuestros líderes pidiendo limosnas sino respondiendo valientes y esforzados por lo que nos corresponde.

Por eso no nos gusta ese miserabilismo que han querido sembrar como cultura ese montón de ONG que viven de mendigar afuera a nombre del pueblo colombiano.

La mayoría de colombianos preferimos llegar a ser un país respetable y respetado en el concierto de las naciones y eso nunca será posible si seguimos pidiendo limosnas.

 

 

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