Presidente, dígale no al acordeón

"El gobierno debe entender que un pueblo sano es un pueblo rico, no al revés"

Por: João Vegó
abril 20, 2020
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Presidente, dígale no al acordeón
Foto: Leonel Cordero

"¡Abridlo! Abierto. ¡Cerradlo! Cerrado. ¡Adentro! Ahora afuera… mejor no, adentro". Gritaba el ministro de Salud a través de su megáfono, desubicado y guiado, como la economía, por pura especulación.

El acordeón, al cual nos han introducido subrepticiamente, dando puntadas en cada decreto e hilándolo con la constante preocupación de "no saturar el sistema hospitalario", ahora nos resulta la única medida capaz de contener una catástrofe sanitaria como la actual y al mismo tiempo sostener la ya coja economía nacional.

Soportado en la idea de que el país no toleraría el golpe económico de un lockdown serio y temprano —puesto que implicaría detener la producción, el comercio y las rentas del gobierno— y que la posibilidad de nuevos brotes tras el encierro es totalmente plausible se ha optado por aceptar la tesis de que la muerte a cuentagotas es menos mala que deberle a las bancas internacionales.

Para ello, tras el planteamiento de "no saturar el sistema hospitalario" se esconde la estrategia de normalizar la calamidad, afectar por ciclos partes de la población y la economía (¡pero no toda, eh!) durante 70 semanas, lo cual a toda luz es un contrasentido a los buenos resultados que ha obtenido la administración en general a lo largo del país.

Se planea afanadamente abrir el chorro de la producción y darle paso a la contaminación, atemorizados al parecer en la basta capacidad de orden y ejecución que se requiere, y que al gobierno le falta, en un momento como este para “tomar el toro por los cuernos” y darle la vuelta, no solo a la crisis que atravesamos sino, máxime, al proyecto de país que hemos abandonado.

Colombia ha diversificado su mercado, no lo justo a su capacidad, pero cuando menos lo suficiente para hablar de desarrollo, y justo ahora tiene la posibilidad de aventajarse en la carrera económica y social que aún se vive en el mundo que existía antes del virus. Sin embargo, la medida que está por aplicar el gobierno no solamente entorpece el control real que se tiene sobre la enfermedad, sino que mientras deja chapotear la economía de algunos sectores, a otros se les ata un ladrillo al pie, como los son, por poner un ejemplo, los agremiados de Asobares o partícipes y desarrolladores de eventos y espectáculos, que siendo un sector muy amplio y ricamente nutrido en la cultura colombiana ahora se verá inequitativamente afectado.

Ya a comienzos de este año la tasa de desempleo marcaba 0,4% más respecto al mismo periodo (febrero) del 2019, ahora las proyecciones para los meses siguientes se realizan en unidades, complejizado aún más por la situación alimentaria tan crítica por la que actualmente están pasando millones de familias, y que consta con solo observar las calles manchadas de rojo hambre oscilando en las ventanas. Con esto es fácil evidenciar que al país le esperan 16,2 meses llevados de malagana, pues el malogrado “gobierno” actual tendrá que estar atendiendo tantos frentes que su miope visión apenas podrá contar algunos contagios que se le filtren en ese “abrazo a la producción”. Mientras el pueblo solo piensa en comer, pues lleva alimentándose con migajas durante mucho tiempo y hoy se acabaron. Así el pueblo famélico no tiene en mente ropa, autos, lujos, comodidades ni placeres, solo quiere comer y durante setenta semanas solo pensará en eso.

Por eso, señor presidente, digo no al acordeón. Evitémosle el hambre a la gente y ganemos esta carrera contra la muerte y las potencias. Paremos todo ahora mismo que podemos, cerremos y cuidemos nuestros municipios como las riquezas que son. Tomemos de la tierra lo necesario para todos y cada uno, que sea el Estado el encargado de repartir nuestros bocados sin distinción y que lo que sobre lo venda fuera y se quede con las vueltas. Que se nos ordene y se nos obligue al encierro, pues cuanto más pronto nos aislemos, más pronto nos reuniremos en las plantas, fábricas, talleres, empresas y oficinas, pero todos juntos y al mismo tiempo.

Colombia debe aprovechar su condición y permanecer sana y aislada para retomar cuanto antes la producción en un mundo colmado de urgencias y necesidades en el que ahora más que nunca la agricultura y la tercerización de sus productos jugarían un papel fundamental en la economía internacional, resaltando, no solo en la región (como ya se tenía previsto por el FMI), sino por fuera de sus límites meridionales. El gobierno debe entender que un pueblo sano es un pueblo rico, no al revés.

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