Porque ya es tiempo de que al campo le suene la flauta

Comentarios del festival 'Música pinga en la minga' y los chismes que corren, según el líder de la banda Velandia y la Tigra

Por: Edson Velandia*
junio 13, 2016
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Porque ya es tiempo de que al campo le suene la flauta
Foto: Laura Cárdenas

El festival Música pinga en la minga se llevó a cabo el 11 de junio en la concentración campesina e indígena de La Lizama, Santander. En el participamos los grupos: Tres Yo, Las Avispas Africanas, El Kolectivo la Panela, Velandia y la Tigra, El León Pardo, y  los solistas: Adriana Lizcano, Arley y  Jaison Neutra.

Cada uno de los artistas estuvimos allí por una única razón: aportarle música a la minga.

El concierto estuvo a la altura de nuestras expectativas: un equipo de amplificación de la mejor calidad y un escenario digno para un evento digno, gracias a la gestión de Oscar Sampayo, el entusiasta amigo de la minga que se puso la camiseta para sacar adelante el evento, y de moneda en moneda reunió la mayor parte del presupuesto para el sonido y la tarima. Otra parte del dinero salió de los aportes del público mediante el clásico método del “sobrero”.

El concierto comenzó a las 10 en punto de la mañana como estaba programado. Los campesinos e indígenas estuvieron en transito permanente entre la pequeña cancha de tierra donde levantamos la tarima y sus campamentos, los cuales debían mantener vigilados para evitar que fueran ocupados por la fuerza pública. Así, el público estuvo compuesto principalmente por algunos estudiantes que vinieron especialmente al evento. La mañana fue soleada y familiar, cada uno de los músicos fuimos turnándonos el escenario  con espontaneidad. El ambiente era cordial, como el de un bazar de barrio, pero este, vigilado por el ejercito y la policía que no se mueve de la zona desde que se instaló allí la Minga.

A las 3:30 pm el concierto debió ser suspendido cuando los músicos decidimos retirarnos ante la posibilidad de la llegada del ESMAD a La zona, consecuencia del bloqueo de la vía realizado por los campesinos. Las personas que estaban al frente de la movilización nos expresaron su pena por verse obligados a realizar esta acción y nos explicaron sus motivaciones: exigir la presencia de un vocero del gobierno luego de casi dos semanas en las que su protesta no ha sido tenida en cuenta.

La decisión nuestra fue mantenernos al margen de la acción y esperar en el sitio más seguro posible. Conocemos de sobra la intensidad de estas confrontaciones.

Afirmar que esto fue una pesadilla como lo titula Juan Roca es una exageración ridícula. El video publicado en el blog muestra un momento de angustia que no tuvo ninguna consecuencia qué lamentar.

Pesadilla es la que viven los campesinos y las comunidades afro e indígenas, que tienen que dar esta pelea desigual contra un gobierno que no cumple los acuerdos con ellas pero sí tiene listas sus fuerzas descomunales para fumigar cualquier intento de protesta por dicho incumplimiento. Y me refiero a otras pesadillas:

La de la anciana que debe subir una montaña durante horas con un bulto de plátano a las costillas para venderlo por tres pesos a un intermediario. Que el intermediario lo venda mejor y que ella mientras tanto a penas vea aumentada su deuda con un banco cada vez más rico.

Pesadilla, la de soportar corporaciones ambientales que toman posesión de reservas naturales so pretexto de protegerlas y por debajo de cuerda se llevan el agua a condominios millonarios.

Pesadilla es saber que mientras suceden las intensas manifestaciones populares, gran parte del pueblo, indolente, enajenado, se desgarra las vestiduras porque consideran una traición a la patria que la selección Colombia de futbol pierda ante la de Costa Rica.

También dice el autor anónimo en dicho blog que hubo amenaza de retención por 12 horas de parte de los campesinos hacia nosotros. En ningún momento hubo dicha amenaza. El trato de los lideres hacia nosotros fue claro y respetuoso. Siempre nos expresaron su agradecimiento por vincularnos a la minga. Acusar un intento de secuestro es una calumnia lamentable que parece contener la intensión de deslegitimar la protesta. Tampoco es cierta la afirmación de que los campesinos incumplieron nuestras exigencias puesto que nunca exigimos nada. Esta vinculación fue incondicional. Ni siquiera exigimos transporte ni alimentación, cada músico y cada grupo llegó a La Lizama por sus propios medios y se alimentó del asado comunitario.

Nunca planeamos hacer parte de un posible bloqueo, pero sabíamos en qué nos estábamos metiendo, éramos consientes de que la situación era tensa y angustiante.  Nuestro aporte es con música, no es un aporte de fuerza física o de choque, por eso ante la dificultad para continuar con el evento nos retiramos de la concentración.

El concierto Música pinga en la minga fue posible porque músicos y manifestantes entendemos que las movilizaciones populares deben nutrirse de creatividad, de arte, de música y danza. Debemos incluir nuestras ceremonias y ritos en las manifestaciones, no como un mero ingrediente de entretenimiento, sino como un pilar fundamental de la expresión social. Además de un discurso rico y poético, los movimientos populares deben desarrollar un permanente movimiento cultural. “Cultura” es “Cultivo”. Así como los campesinos e indígenas cultivan la tierra, nosotros cultivamos lo intangible, trabajamos con el oro del alma, que es la poesía, esa que no pueden saquearnos porque nadie sabe donde queda la mina que la produce. Ningún modelo industrial del mercado del arte puede desanimar a los artistas independientes, nosotros somos inmunes a las mafias oficiales y privadas. Comprendemos la situación del campo, porque sabemos lo que es trabajar en contra de las adversidades en un país gobernado durante siglos por gente inculta que no sabe cantar ni bailar, que cuando tuvo un falso poeta en la casa de Nariño, este  permitió una masacre en el palacio de justicia. Y ese presunto poeta sigue impune y sin publicar un solo poema de mediana calidad.  Pero aparte de Belisario Betancourt  hubo otro presunto poeta en el gobierno, se llamaba Rafael Núñez, el autor de la letra del himno nacional, el que nombra a esta tierra “La tierra de Colón”.  ¿Habrá mayor traición?

En contra de la ola de desinformación que pretende descalificar el festival, Nosotros reiteramos nuestro apoyo a la Minga nacional agraria, campesina, étnica y popular. Nuestro llamado es a trabajar decididamente en la superación del retraso mental que tiene a la humanidad aún en la era de las cavernas.

Los músicos que participamos en Música pinga en la minga, junto al gran movimiento  de la música independiente en Colombia, no estamos aquí para amenizar la fiesta de la narcocultura que nos gobierna. Nosotros no vinimos a enardecer el espíritu nacionalista, lo nuestro es universal, humano, ecológico, divino y sagrado. Es una transgresión al mandato del entretenimiento. Nosotros somos cultivadores.

* Líder de la banda Velandia y la Tigra

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