Por un plan de emergencia cultural para Medellín

En medio de la actual coyuntura, este sector le hace un llamado a la alcaldía, al concejo municipal y a los demás entes relacionados con su quehacer

Por: Sector Danza Independiente Medellín
junio 01, 2020
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Por un plan de emergencia cultural para Medellín

Con el presente comunicado recogemos las voces de diversos artistas, gestores, educadores, cultores y cultoras de la danza, quienes, en medio de la coyuntura por la emergencia sanitaria actual, abogando por la articulación de nuestro sector y el mejoramiento de condiciones de política pública del mismo, hemos venido dialogando y sumando intenciones que faciliten mayor nivel de información, participación e incidencia de todos aquellos que hacemos parte de la danza en la ciudad de Medellín.

La actual crisis plantea la posibilidad de un nuevo comienzo, una reconstrucción que vaya más allá de la necesaria reactivación del sector. Evidentemente se está en los terrenos de una emergencia sanitaria sin precedentes, pero de continuar el mismo rumbo en las circunstancias dadas y decisiones hasta ahora tomadas, se podría experimentar también una profunda emergencia cultural, que refiere además de las prácticas artísticas, a las prácticas de convivencia, ocio, reconocimiento y cuidado de patrimonios materiales e inmateriales, ambientalistas y de civismo entre otras relacionadas con la producción simbólica de las sociedades humanas y que configuran su cultura.

En este orden de ideas, respetuosamente, hacemos a continuación algunas solicitudes, aportes y manifestaciones a la Administración Municipal en su accionar para mitigar el impacto en la comunidad artística y cultural de la ciudad frente a la pandemia, que es claro para todo el país, simplemente ha dejado a la vista de todos, el “abandono” que sufre el arte y la cultura por parte del estado.

Plan de emergencia cultural para la ciudad de Medellín

La “cultura ciudadana”, esa de la que esta ciudad se enorgullece tanto, está en riesgo, si no se atienden eficazmente las necesidades de las iniciativas que la han construido desde las bases territoriales, las prácticas artísticas, la cultura viva comunitaria, los saberes populares, las prácticas ancestrales, los espacios de producción simbólica, entre otras.

Lo que está en crisis no es solo lo económico, la situación ha recaído también sobre los cuerpos y las prácticas culturales como la danza, que son vitales para la reconstrucción del tejido social, pues trabajamos sobre el fortalecimiento de las personas en aspectos más integrales. Entender esto colectivamente es reconocer que no somos paquetes de entretenimiento, y que nuestra labor ha sido relevante durante muchos años en la generación de la resiliencia de una ciudad altamente afectada y en catástrofe por diferentes tipos de violencia.

Por eso, teniendo en cuenta que la Unesco, en su estrategia para reforzar la labor en materia de protección de la cultura y promoción del pluralismo cultural en caso de conflicto armado (y otros desastres) de 2015, plantea que:

La capacidad de acceder al propio patrimonio (ya se trate de un edificio religioso, de una ciudad histórica, de un sitio arqueológico o de un paisaje) o de participar en prácticas culturales específicas puede proporcionar un sentimiento indispensable de identidad, dignidad y empoderamiento. Además, en situaciones posteriores a emergencias, la cultura puede ser un motor para reconstruir la economía y la sociedad y promover la tolerancia y la reconciliación…

Se exhorta a la administración pública de la ciudad, con el liderazgo de la Secretaría de Cultura Ciudadana y el Concejo Municipal de Medellín, a que evalúe y proceda a la declaratoria por decreto municipal de la emergencia cultural en Medellín. Y en ese sentido se propone convocar a la ciudadanía para establecer un plan de emergencia cultural con miras a convertirse en acuerdo municipal, que deberá ser parte del Plan de Desarrollo 2020-2023, e indicar con claridad y especificidad las estrategias y recursos que se aplicarán para reactivar las prácticas culturales en la ciudad, teniendo en cuenta la emergencia sanitaria por el COVID-19, sus efectos, y el estado crítico del sector cultural que se hace evidente frente a la pandemia pero que tiene antecedentes ya manifiestos en la ciudad; es preciso poner en primerísimo plano, con el liderazgo de Medellín, y escalar para el país, la reapertura de los escenarios y aulas de las artes y la cultura, los lugares de encuentro, convivio y construcción cultural definiendo de manera temprana protocolos de bioseguridad para los espacios culturales y eventos a realizarse.

Esperamos que la declaratoria de emergencia cultural tenga tal alcance que el municipio y la administración pública estén habilitados de manera excepcional para reformular y redireccionar los presupuestos programáticos de la SCC y adicionar otros recursos del presupuesto municipal, articulando la participación de los agentes del sector, organizaciones civiles y colectividades e independientes de artistas, formadores, cultores, productores, gestores y gestoras, de modo que se acompañen y den sustento al plan de emergencia cultural donde se destinen recursos y apoyos económicos para los y las agentes del sector, pasando por la coordinación de SCC con otras secretarías y dependencias de la alcaldía, sin que esto implique la disminución o dilución del presupuesto de cultura en secretarías como la de educación o salud (realidad evidente en la lectura del PMD y los debates que se han hecho en el Concejo Municipal para el tema cultura).

Es indispensable que se aborden acciones puntuales que vayan más allá de las convocatorias de estímulos que consideramos muy necesarias, pero que fracturan el tejido sectorial en el modo como se han venido formulando, en tanto no corresponden al contexto y sus potencias; estas son insuficientes en su alcance y cobertura disponiendo a los distintos hacedores del sector al plano competitivo que a la final deteriora las relaciones y la convivencia en la construcción de lo social que es nuestra misión.

En esa medida requieren ser revisadas, reformuladas y fortalecidas presupuestalmente. Insistiendo en que este no debe ser el mecanismo único, en tanto la cultura viva comunitaria no se inscribe dentro de una vocación productiva en términos del mercado y definitivamente es de una naturaleza distinta a la industria cultural o naranja donde se ha querido empaquetar y requiere de la responsabilidad estatal para su financiamiento, consolidación y continuidad.

Presupuesto para cultura dentro del Plan de Desarrollo 2020-2023

Revisar el presupuesto público de la ciudad en materia de cultura propuesto en el Plan de Desarrollo Medellín Futuro 2020-2023, que hasta ahora presenta el índice más bajo de los últimos 3 periodos de gobierno.

Se solicita acoger la propuesta mínima del 3% destinado a cultura, en consonancia con las propuestas del alcalde en tiempo de campaña y, a las necesidades reales del sector y reconociendo a la cultura como eje indispensable, junto a salud y educación para la reconstrucción social en medio de la pandemia y posterior a ésta. No obstante, esto no puede implicar la dilución del presupuesto de cultura en otras secretarías y la pérdida de espacios ya ganados por el sector durante las últimas décadas.

La voz de la cultura debe tener relevancia en la transformación educativa que se propone en dicho plan y la articulación con otras dependencias de la Alcaldía y su autonomía depende de que se destinen los recursos necesarios para ello. En este sentido nos plegamos a otros movimientos civiles de los agentes culturales de la ciudad en su manifiesto #MenosDel3EsPoquito.

Renta básica y estrategias de empleabilidad

Como punto central del plan de acción, toda vez se declara la emergencia cultural e independiente de ello, es imprescindible establecer una renta básica que se sume a los aportes ofrecidos por el gobierno nacional con el fin de completar una renta digna básica para artistas, gestores y gestoras independientes, teniendo en cuenta las dificultades e impedimentos explícitos que el gobierno ha interpuesto en la reactivación económica de las prácticas culturales, como el cierre de los espacios donde naturalmente acontece nuestro hacer. Además, como un necesario reconocimiento al aporte que como cultores hacemos en la construcción sensible de Colombia y Medellín en los procesos de la convivencia, el aprendizaje a lo largo de toda la vida y la construcción de una paz estable y duradera, lo cual comprendemos como objetivos estratégicos de la ciudad y de esta administración.

Los y las agentes del sector cultural a través de nuestras formas de acción y organización, y nuestras trayectorias, hemos dado fe de nuestro hacer y lo que ahora solicitamos es la confianza y el respaldo económico para continuar nuestra labor, que de seguro ha tenido más incidencia en la construcción de los territorios que la agenda propia de la institucionalidad.

Así mismo, buscar estrategias de empleabilidad acordes a los planes de reactivación que se desarrollen desde la administración municipal. Para esto, es necesario analizar los métodos de caracterización del sector, por ejemplo, según la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, 6800 ciudadanos y ciudadanas se registraron como artistas o gestores a través de un formulario de Google y solo 622 fueron contemplados en condición de vulnerabilidad. Otras estrategias evidencian que dicha muestra no refleja la situación actual y por venir en cuanto a la vulnerabilidad y mucho menos en dar cuenta de la totalidad de agentes que configuramos el sector, por lo cual solicitamos se destine un recurso y estrategia seria y eficaz para la caracterización del sector, perentoriamente de la mano de las organizaciones civiles y colectividades independientes de la ciudad en este campo, como ejercicio de gobernabilidad y gobernanza.

Convocatorias de estímulos al arte y la cultura

Aunque las convocatorias son un terreno ganado por el sector, en la actual contingencia, se quedan cortas ante las urgencias presentadas y ponen a los participantes en un estado de “competencia por la supervivencia” que no son dignas. Es indispensable que se generen otras estrategias que resuelvan la crisis del sector cultural.

Esto se evidencia en que alrededor de 1000 proyectos o más, que aspiraron a los apoyos LEP (Escénicas) y Convocatorias Especiales (No escénicas) quedaron por fuera, frente a lo cual y de cara al futuro, se solicita separar en múltiples categorías cada una con su asignación presupuestal, por tipo de participante (persona jurídica con ánimo de lucro, persona jurídica sin ánimo de lucro, grupos conformados, persona natural), por enfoque disciplinar o por área artística, anexando la opción interdisciplinar, equilibrando los recursos destinados igualitariamente entre las áreas; estableciendo condiciones diferentes para la ruralidad y la zona urbana, y en los criterios de evaluación hacer relevante la calificación por trayectoria y lugar o población de incidencia del proyecto y no por estratificación social, noción que no da cuenta a la realidad socioeconómica de las personas y organizaciones para ser tenido en cuenta. Así mismo, se hace importante revisar el mecanismo de evaluación y la pertinencia de los perfiles de los evaluadores y jurados.

Se pide revisar la experiencia con el programa de salas abiertas y enfocarlo también a agrupaciones sin sala, a través de estrategias como “grupos residentes”; además de generar un programa homólogo y específico al sector danza con la idea de “estudios abiertos” articulando los distintos salones, escuelas y estudios de danza de la ciudad. Además de analizar experiencias exitosas de otras secretarías de cultura, como por ejemplo el Programa de Apoyo a Grupos Artísticos Profesionales de Artes Escénicas del Fonca (México).

Invitamos a revisar el tema de las vigencias de la ejecución para el caso de las convocatorias, y dar viabilidad a la posibilidad de que existan vigencias compartidas entre un año y otro en coherencia por ejemplo a los tiempos de la creación.

Se solicita también generar un apoyo especial y estímulo a la asociatividad y el trabajo en red por el plan de emergencia y/o la política pública, amparado en la emergencia cultural para remunerar económicamente las iniciativas de participación en la revisión de éstas y otras estrategias.

Frente a la convocatoria de agenda cultural vigente y futuras, es necesario revisar las exigencias que se están presentando en las cartas de aceptación del estímulo, entre las que se plantean una serie de tareas que no corresponden de manera coherente a los presupuestos asignados, como la gestión de públicos o la reformulación de las propuestas artísticas frente a las condiciones biosanitarias, lo que implica otro ejercicio creativo que implica unos costos y acciones que no se justifican en los recursos de agenda. Así mismo, se pide hacer una revisión general de las convocatorias de agenda cultural en tanto la categorización, formatos y asignación tarifaria es errada e incoherente con las realidades del oficio.

Eventos de ciudad producidos por la Secretaría de Cultura Ciudadana

Se solicita revisar y poner en diálogo la pertinencia de la Secretaría de Cultura Ciudadana en la producción de eventos culturales de gran formato y retomar su papel como mediador de las condiciones y los recursos para que la propia ciudadanía pueda ejecutar esos eventos de ciudad. Se percibe un exceso de protagonismo en la gestión de la entidad, cuando su labor y misión debe estar más orientada a la mediación y el acompañamiento. Así mismo, abrir la misma discusión respecto de otras acciones y programas como Festival de Tango, La Feria de las Flores, DanzaMed, Mitos y Leyendas, Apoyos Concertados, entre otros.

Para esto se solicita, además, socialización del plan de gastos presupuestado desde la Secretaría de Cultura Ciudadana para lo que queda del año.

Sobre las colectividades de veeduría ciudadana

Manifestamos nuestro interés y compromiso como colectividad espontánea e informal, de ciudadanos habitantes de Medellín, cultores, artistas, gestores y gestoras de la danza y la cultura en general, en ejercer nuestro derecho a la participación y veeduría ciudadana frente a la gestión del estado, sus entidades y funcionarios, en el acompañamiento, vigilancia y fiscalización de la planificación, ejecución, contratación, asignación presupuestal, calidad técnica, de los programas y acciones que se formulen, amparados en el alcance y funciones que establece en estos casos el artículo 270 de la Constitución y la Ley 850 de 2003. Por lo cual solicitamos a ustedes la mejor disposición en una interlocución constructiva y con gran escucha en la horizontalidad.

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