¿Por qué tanta rabia hacia la izquierda colombiana?

"Aún hay gente que carga viejos estigmas y eso se observa en la resistencia que ciertos ciudadanos muestran ante el paro nacional del 21 de noviembre"

Por: Ariel Alberto Quiroga Vides
noviembre 14, 2019
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¿Por qué tanta rabia hacia la izquierda colombiana?
Foto: Twitter @PartidoFARC

En Colombia existe un sector amplio de la población que expresa rabia, rechazo e intolerancia a todo lo que huela a izquierdas, y paradójicamente ese sector tiende a estar compuesto en su mayoría por personas de bajos recursos, que se suponen son aquellas por las que luchan los movimientos alternativos, ¿por qué sucede esto?

Mi papá, hijo de colonos santandereanos que llegaron a las estribaciones de la serranía del Perijá en el departamento del Cesar, me cuenta que hace décadas cuando empezaron los movimientos guerrilleros, estos tenían un gran apoyo popular, cuidaban de uno, de tus bienes, perseguían a los malandros, e incluso tú podías dejar una bicicleta en un poste y ahí la encontrabas, porque ¡ay! de que te la robaras y ellos se enteraran (palabras textuales del viejo).

Sin embargo, en algún momento empezaron a meterse con los campesinos, los trabajadores, a robarse el producido, a secuestrar gente inocente cuyo único pecado era estar prosperando en algún negocio, a matar a dedo por simples sospechas, a quienes creían colaboradores del ejército, entre otras desproporciones. Todo lo anterior, directa o indirectamente, afectaba a aquellos que decían proteger las diferentes guerrillas, a los más pobres.

Al parecer hubo una ruptura en el método de financiar la guerra irregular contra el Estado, pues no siempre las guerrillas especialmente la de las Farc-Ep se dedicaron a mortificar a gran parte de la población, con el mote de que todo el pueblo debía financiar la lucha que era en su favor, pero que, para sorpresa de la mayoría de los colombianos, nunca hemos visto los beneficios de la guerra de las guerrillas contra los gobiernos del establecimiento, pues a diferencia de países como México, acá no se alcanzó ninguna victoria en el derecho laboral, por la presión de los fusiles.

Existen reportes de que la extinta Unión Soviética, aunque para alguna senadora sigue vigente según un libro de historia de la república de Wakanda, financió varios movimientos de liberación nacional a lo largo de Latinoamérica, usando como puente a Fidel Castro, lo que originó la sostenibilidad de las estructuras guerrilleras y su permanencia en el tiempo, sin embargo, con la caída del financista, los ejecutores se vieron en aprietos, y para seguir en funcionamiento, tuvieron que financiarse a las malas: secuestrando, vendiendo drogas, extorsionando, asesinando y en últimas, ayudando a generar un estado de cosas tormentosas para un pueblo que nunca ha podido manifestar con orgullo, que ha construido una nación desarrollada.

Las Farc-Ep, por lo menos desde 1989 hasta su desmovilización, no pueden tener el titulo de movimiento popular, en el sentido de que no gozaban ni gozan hoy sus dirigentes desmovilizados, con un amplio apoyo social; pues las gentes tienen memoria, heridas abiertas y un resentimiento que a muchos parece pasarles más que la necesidad del perdón y de paz nacional.

Sumado a que los mismos representantes de la izquierda armada no hacían mas que “defecarla” (para no decir, “cagarla” porque me censuran), se tiene que la derecha radical con tentáculos en los medios de comunicación y también con sus soldaditos perturbados y enfermos de crueldad, los paramilitares, no cesaban en mal informar a la población o amedrentarla con pasarles la motosierra. Creo que los pobladores de esta otrora república bananera, han conectado inconscientemente en su cerebro, que, aunque a mi hijo lo mató un paramilitar, la culpa es de esa izquierda guerrillera, porque ellos empezaron todo, lo cual sería obviamente un análisis miope, pero nadie con dolor en el alma va a conceptualizar los fenómenos sociales.

En Colombia se fue constituyendo un estigma a todo lo que oliera a izquierdas, pues el señalamiento de guerrillero no se hacía esperar a los militantes de movimientos pacíficos, y como los guerrilleros colombianos ostentaban el diploma de energúmenos violentos contra la población, entonces el silogismo era claro, ser, parecer o disimular ser de izquierda, encarnaba ponerse la camisa de un violento atrasado, amante de lo privado que produce, para socializarlo y volverlo inoperante.

Hay que darle las gracias a las Farc-Ep y a otras guerrillas del odio que cierta parte de la población rasa le tiene hoy a los movimientos de izquierdas democráticos, pues con su actuar facilitaron el estigma que supo ser aprovechado por medios extremistas como RCN y periodistas como Darío Arizmendi y Salud Hernández.

Colombia hoy es un país más educado y existen ciertas oportunidades para informarse, por lo que tragarse los cuentos de los medios del establecimiento ya no es una tarea fácil, pues la población busca contrastar lo que escucha y actuar en consecuencia, de ahí que se observen castigos políticos en las elecciones regionales y castigos mediáticos, pues los ciudadanos expresan abiertamente su rechazo a los medios convencionales y a las organizaciones políticas tradicionales, que consideran hacen parte de los problemas del país y no de las soluciones.

Sin embargo, aún existe población que carga los viejos estigmas que en mi concepto ayudaron a construir una guerrilla antipopular y criminal, y eso se observa en la resistencia que ciertos ciudadanos muestran ante el paro nacional del 21 de noviembre, que afortunadamente cuenta con un gran apoyo nacional.

Para terminar, súmenle toda la descarga de propaganda política que desde que llegó el televisor a Colombia, ha contaminado las mentes de generaciones, por ejemplo, recuerden a Bugs Bunny actuando como el soldado bueno ante el Pato Lucas que encarnaba al soldado y tirano malo, que después del 45, era eminentemente un comunista, o en las mismas circunstancias, pero viendo a Mickey Mouse.

Aunque es evidente mi desdén a los métodos de lucha y financiación de las extintas Farc-Ep (con este párrafo sí termino), aún así, siempre apoyaré cualquier proceso de paz negociada, porque prefiero a todos los exguerrilleros en la política para nunca darles un voto, que atrasando más al país y sirviendo como pendejos útiles a discursos enfermos y anacrónicos como los del uribismo, que lamentablemente alimentan los señalamientos injustos a toda la izquierda del país.

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