Por qué no votar por Enrique Peñalosa

Un repaso por el trabajo del candidato más populista y el que más veces se ha quemado

Por: Carlos David Beltrán
octubre 19, 2015
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Por qué no votar por Enrique Peñalosa
Foto: tomada de uniminuto.edu

Oír hablar a Peñalosa en los conversatorios sobre su dolida infancia, a raíz del supuesto matoneo originado por sus condiscípulos del  Gimnasio Campestre debido a los ideales progresistas que pregonaba su padre, y más tarde escuchar la ardua labor que realizaba en su estadía por Estados Unidos en donde tuvo que lavar platos y limpiar el piso de su sitio de trabajo tras salir de clase en la Universidad de Duke y así lograr mantenerse económicamente. Lo hizo porque el sueldo de su padre como embajador de Colombia ante la ONU no les alcanzaba para sobrevivir, supongo yo. Eso, inicialmente, no es más que una vieja destreza que utilizan los políticos de la élite colombiana para sumar humildes adeptos a sus candidaturas.

Enrique Peñalosa, como delfín político, adquirió sin duda gran experiencia en temas de índole urbanístico, tales como planeación, innovación, ordenamiento territorial, proyección social y sostenibilidad ambiental mientras se desempañaba como subdirector de Planeación de Cundinamarca, y más tarde como director del Instituto Colombiano de Ahorro y Vivienda, logrando así consolidar durante su mandato, en 1998, mejoras radicales en temas urbanísticos de carácter estructural para una Bogotá obsoleta en todos sus frentes de acción. De ahí que se le conozca como 'el gurú del urbanismo'. Adicionalmente, es necesario destacar que durante su administración se construyeron las Megabibliotecas (Virgilio Barco , el Tintal y Tunal ), se implementó el pico y placa para reducir el tráfico vehicular, se proyectaron 200 km de ciclorutas y pare de contar. De ahí para adelante la aparente recuperación satisfactoria del espacio público, la creación de proyectos urbanísticos enfocados en la vivienda prioritaria, los aparatosos y dispendiosos bolardos, con los que se pretendía conservar el espacio común, y la nefasta implementación del sistema de transporte masivo, desataría cierta incertidumbre sobre las capacidades gerenciales de Enrique Peñalosa.

Es que pensar en rescatar los sitios de uso púbico no era solamente llegar con los camiones de la Policía bajo orden de desalojo, intimidando, coaccionando y amedrentando a los vendedores informales,  sometiéndolos como viles ladrones indecentes, incautando sus mercancías y acechándolos como leones rugientes ante su posible regreso, todo con tal de embellecer las calles de la ciudad y cambiar la percepción de los bogotanos. Pero surge una inquietud respectiva: ¿Qué sucedía con los vendedores informales? ¿Acaso se les reubicaba laboralmente? Ingenuamente todos creían que así había sido, pero al observar la tasa de desempleo del (16.3 % para 1999 , según el DANE)  frente al ( 9.9 % para 1997, según el DANE) es posible dar respuesta a nuestro reparo inicial. Desde luego que los andenes no son para que toda suerte de vendedores se parqueen allí, impidiendo y limitando el acceso peatonal de las personas; sí debe buscarse alternativas laborales que garanticen su dignidad  dentro de un  ambiente sano , apacible y por supuesto productivo .

Con la creación de Metrovivienda, el proyecto urbanístico donde, teóricamente, el Distrito compraba lotes en diversos sectores de Bogotá para darlos en venta a reconocidos constructores privados del país bajo la premisa de crear proyectos enfocados en la vivienda de interés social (VIS), logrando beneficiar así a personas de escasos recursos económicos en toda  la ciudad.

El HIT del proyecto consistía en que el Distrito se comprometía con los constructores a expedir la licencia de urbanización, a entregarles el terreno con las vías ya trazadas y a instalar las redes de servicio público, permitiendo de esta manera evitar los sobrecostos en la subestimación del precio real y final de la vivienda. Paradójicamente, según un informe revelado por la Contraloría Distrital en el año 2002, deja entrever que con un presupuesto de 86.000 millones de pesos Metrovivienda solo generó 1869 viviendas para sectores de escasos recursos en cuatro años de gestión, presentando así un déficit fiscal aproximado de 4.500 millones de pesos en el año 2001.

En palabras del contralor distrital para ese momento, Juan Antonio Nieto, “los recursos recibidos y la baja generación de viviendas, junto con el desequilibrio en el precio de venta de los superlotes adquiridos, Metrovivienda no es sostenible financieramentente ”, según archivo de El Tiempo para el año 2002, sin contar las quejas por los graves daños ocasionados en la estructura física, debido a los bajos costos de los materiales con los que se edificaron las viviendas.

“Nos prometieron la creación de un CAI, un centro de salud, almacenes , Rutas de transporte público , Colegios ,  y hoy solo se ve inseguridad , asegura el Señor William Latorre habitante de la ciudadela el recreo ”  según archivo de El Tiempo para el año 2004 . Pero  sobretodo un hecho desconsolador sacudió  y marcó a los habitantes de la ciudadela el Recreo debido a la fuerte ola invernal que azotó  al país en el año 2011 , dejando a  su paso más de 50.000 personas afectadas, tras el desbordamiento del rio Bogotá , donde el lodo y el agua alcanzaban  los 40 cm  de altura , deteriorando las  pertenencias de los damnificados y generando grandes problemas de salubridad publica .

Tal vez lo más inepto de la administración Peñalosa fueron los muy controvertidos bolardos, con los que se pretendía salvaguardar el espacio público de los peatones, pero que terminaron siendo ubicados en medio de potreros al sur de la capital, quizá para controlar el tráfico vacuno, pero que le costaron a la ciudad la módica suma de 76.8 millones de pesos, según cifras del IDU para el año 1998, teniendo en cuenta los sobrecostos con que estos se adquirieron, pues el costo real de cada uno oscilaba entre $29.640 a 41.00, pero terminaron comprándose a 46.542 cada uno, según la Secretaría de Tránsito y Transporte para la  época. Por culpa de ese estorbo, ese atrapa ciegos, ese rompe rodillas, ese acaba puertas y por la misma falta de planeación que hemos reiterado, en el año 2012 se suscribió un contrato del  IDU con el Consorcio San Andrés para realizar mejoras en el espacio público, donde se le encomendó la debida función de retirar más de 1600 bolardos distribuidos por toda la ciudad, lo cual le costó al erario de los bogotanos otros 3.500 millones de pesos.

Y finalmente llegamos al dolor de cabeza que padecemos incontables usuarios bogotanos con la implementación del sistema masivo de transporte público  conocido como Transmilenio, como popularmente se le dice. Ese mismo sistema de transporte que se inició durante la alcaldía de Enrique Peñalosa, con la idea de modernizar el transporte público en Bogotá y así poder desechar y sustituir esa utópica y descabellada idea frente a una posible implementación del metro de Bogotá, aduciendo el incremento en los costos y la falta de dinero para su construcción. Con ese mismo argumento es que Bogotá se constituye hoy por hoy como la única metrópoli en el mundo con casi 8 millones de habitantes, sin contar con un sistema principal de transporte público como lo es el metro, ya que Transmilenio responde a una demanda propia de los sistemas complementarios de transporte público-zonal.

Los retrasos de las fases 1, 2 y 3, el carrusel de la contratación, la reparación de las losas que oscilan alrededor de 300.000 millones de pesos no previstos, la reconstrucción de las estaciones por más de 60.000 millones de pesos debido a la demanda de pasajeros, el jugoso negocio del capital destinado en un 90 % a los operadores privados y tan solo un 5 % al Distrito, el problema del hacinamiento masivo en los articulados, los colados, los vendedores informales, el hurto, las riñas y la delincuencia desatarían una deplorable visión de transporte público para el inicio del nuevo milenio.

Peñalosa es el candidato más populista en la historia de Colombia y el que más veces se ha quemado. Es el mismo que intenta vender su imagen independiente con el apoyo de los distintos partidos políticos en los que ha estado a lo largo de su carrera profesional, pasando desde el Partido Liberal, el Partido de la U, de corte uribista, el Partido Verde y hasta recibir el apoyo de Cambio Radical y el Partido Conservador en estas nuevas elecciones. Es el mismo que no asiste a los debates programados porque quizá le da miedo enfrentar los ciudadanos que, como yo, cuestionamos su pasada administración. El mismo que exalta la importancia de constituir el matrimonio entre un hombre y una mujer en su paso por las iglesias cristianas, mientras a su vez abraza gais en Chapinero; el mismo que se molesta cuando se le pregunta por la injerencia de Andrés Villamizar al interior de su equipo, y responde con sátiras , y es el mismo que acepta el apoyo en su campaña de un mal ser humano con quien esta vez decidió retractarse y darle un espaldarazo.

En palabras de un destacado dignatario liberal: 'Peñalosa representa lo que ya pasó'

@BeltranCadavid

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