¿Por qué es importante desescalar el lenguaje?

"Hablar de 'mamertos, uribestias, lambertos o terrorista' solo incrementa la violencia"

Por: Libardo Steven Acosta
julio 30, 2015
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¿Por qué es importante desescalar el lenguaje?
Imagen: tomada de etcetera.com.mx

En entrevista a Noticias RCN y al programa La Noche, el presidente Juan Manuel Santos le confesó a la periodista Claudia Gurisatti que era hora de desescalar el lenguaje. Al instante se hizo popular el #FarcTerroristas y la periodista, pasada la entrevista en su canal, trinó: “Antes del unilateral las Farc se dedicaron a 3 cosas: terrorismo, terrorismo y terrorismo.¿Cómo les decimos? ”Señores perturbadores de la paz”?.” Lo que refleja que no tuvo buena aceptación por parte del público y de la periodista la idea del presidente.

Algunos años atrás, la universidad de Chicago entrevistó al filósofo de la comunicación, Jûrgen Habermas, y las preguntas de dicha entrevistas se enfocaban sobre los atentados ocurridos el 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York. Según Habermas, lo ocurrido solo responde a una cosa: la falta de comunicación entre estados unidos y el mundo musulmán. Aunque puede parecer muy alejado de la actual coyuntura política en Colombia, la máxima de Habermas “la falta de comunicación genera violencia” cae como anillo al dedo para explicar porque no se lograra la paz tan fácilmente.

Colombia, a lo largo de su historia, ha pasado por distintas expresiones de una misma guerra: desde los indígenas gaitanistas que se negaban al virreinato, pasando por la bien conocida época de la violencia, conflicto entre conservadores y liberales, y llegando a la actual guerra de guerrillas que enfrenta la nación. Algo a estudiar en esta guerra y sus anteriores expresiones es la singular cantidad de apodos que se han presentado por ambos bandos. Ejemplos claros: indios vs. chapetones, mochuelos vs. alcanfores, chulavitas, godos, patiamarillos, pateadores vs. carracos, y los apodos siguen apareciendo, y no dejan de aparecer en cada coyuntura.

A veces pareciera un efecto de la cultura colombiana el insertar un mote o apodo en un nuevo grupo social con ideas políticas distintas, algo que muchos considerarían común, pero bajo un análisis más ampliado, este pequeño proceso cultural de “inventar apodos” parece ser uno de los catalizadores de la violencia en Colombia. Para que se dé una comunicación amena deben existir dos elementos: un emisor y un receptor. Si, por alguna razón, el emisor o el receptor tienen algún prejuicio sobre su contrario la comunicación entra en choque y el lenguaje no tendrá inteligibilidad, mejor dicho, la comunicación no será comprensible y las interrupciones, mas dogmáticas, que idealistas, de ambos bandos no permitirán que el mismo lenguaje se presente ni surja la comunicación. Al no producirse la comunicación lo más probable es que surja un estado violento.

Una explicación más pragmática, la falta de comunicación entre campesinos del Tolima y el gobierno nacional de la época permitió el gamonalismo y la expropiación de tierras por parte de terratenientes. Esa falta de interacción entre gobierno y campesinado para expresar y comunicar problemáticas, solo permitió que los campesinos se alzaran en armas para solucionar sus problemas incurriendo en la violencia y se empezaran a formar los primeros frentes de las FARC – EP.

Ahora la pregunta es ¿y qué tiene que ver que yo le diga “mamerto, uribestia, lamberto, terrorista, etc"? Pues en la creación de violencia. La respuesta es simple, la comunicación no se va a presentar. Yo no voy a escuchar a un “uribista” sus posiciones sobre el proceso de paz, no escucharé al “proguerrerista” del fiscal a la hora de proponer soluciones, no escuchare al “farsante- traidor” ni al “paraco”. De hecho, a mi punto de vista, lo que diga mi contrario solo será para que, o se venda el país a terroristas, o para que los paracos no permitan la paz. Y mi paz, en la que yo creo, es la única y jamás va a estar de la mano con lo que piense mi contrario, a tal punto, que si mi contrario piensa en algún momento lo mismo que yo, prefiero ir en contra de la razón a compartir mis ideas con un guerrillero o un paraco. De hecho, haré un golpe de estado, creare una guerrilla o armaré unas autodefensas porque mis ideales me lo permiten y me dan la razón, porque “Dios no es neutral, Dios está de mi lado” porque el contrario está tan mal que ni merece la pena escucharlo.

Si los colombianos hubiéramos entendido que es “desescalar el lenguaje” nos hubiéramos permitido escuchar y generar una conversación argumentativa. La comunicación, si se quiere llegar a la paz, debe darse en todas las esferas sociales y políticas de la sociedad, si no se logra, la estirpe colombiana no merecerá una segunda oportunidad y estará condenada a otros 500 años de guerra.

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