¿Por qué dejé de ser docente?

Por: Marcos Pedraza
diciembre 01, 2016
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¿Por qué dejé de ser docente?

El objetivo de esta lista es sicológico. Todas y cada una de las anotaciones expresadas es sincera, y su razón será funcionar como registro aquí, convertido en un referente de que es asunto pasado y, en consecuencia, descargar mi alma de una vez por todas, a ver si dejo de pensar en ello.

Si usted llegó aquí por casualidad o es docente, entenderá la mayoría de las observaciones, y probablemente no aquellas que tienen como contexto mi vida personal.

Fui docente en 5 colegios privados por 5 años. En el mundo profesional, la no permanencia en una misma empresa es un indicio negativo sobre el trabajador. No obstante, en el gremio docente no debería ser así. Los profesores deben tener la mayor inestabilidad laboral de todas las profesiones ya que nadie les ofrece contratos superiores a un año y las condiciones de trabajo generalmente son tan críticas que los docentes constantemente buscan nuevas oportunidades. Mi experiencia tuvo muchas cosas gratas, por supuesto; la convivencia con la juventud y en general la actividad en el ambiente que invoca los recuerdos de la mejor etapa de la vida de casi todas las personas… pero esta lista está destinada a lo horrible.

* El docente es un monigote ante la sociedad y las instituciones. Ocupa un puesto que no tiene funciones reales, puesto que el sistema educativo está tan descompuesto que las labores de un profesor se distorsionaron y degeneraron hace décadas. No obstante, a los docentes se les exige tanto como si sus funciones fueran aún legítimas. Se les culpa de todo lo malo, y no se les atribuye nada de lo bueno. Todos los ojos y oídos están puestos sobre ellos y todo lo que hacen bien y por lo que se esfuerzan tanto, es visto simplemente como lo que se supone, pero una pisada en falso sí hace sonar todas las alarmas. Los docentes viven bajo un efecto Pigmalión alimentado no por la ambición de sus logros sino por el miedo a sus fallas. Por eso lo de “monigote”, porque sirve perfectamente como chivo expiatorio, pero a un docente no lo dejan hacer lo que debería hacer. Bueno, esta es una generalidad, puesto que dichas funciones postizas las describiré abajo.

* Es la profesión peor paga en mi país. Gana más un comerciante sin educación superior o un conductor. Bien por ellos, pero triste para los docentes. La espina de la aspiración salarial se clava más cada año, puesto que para aspirar a unas cuantas boronas más, hay que haber invertido una fortuna extra de dinero, tiempo y esfuerzo en especialización o maestría. Ahora, ni me quiero imaginar lo que sienten quienes ya han realizado dichos estudios. Afirmo sin miedo a equivocarme que sus aspiraciones están fuera de las fronteras de este país, están ahorrando o piensan ahorrar para independizarse y no volver a pisar un colegio, o tenían desde antes la palanca para ingresar a la educación superior. Los profesores que duraban 20 o más años en un colegio, se acabaron. Uno entra a un colegio y ve que todos los profesores son jovencitos, y para todos, el ser docente de colegio es un escampadero. El profesor de colegio no está en muchas mejores condiciones que las de un cartero, en cuanto a economía compete; pero la cosa no para ahí.

* El modelo de pensamiento pos-modernista hace de esta la peor época para ser educador. En el posmodernismo, todo sin excepción es relativo, nada es verdadero ni definitivo. No existe una verdad sino que cada quien tiene la suya, y cada opinión es igualmente respetable por absurda o estúpida que sea. Esto hace que la virtud de un profesor como detentor del conocimiento ya no sea virtud. Entonces, un docente, que debería tener el respeto de la comunidad, ahora debe ‘ganárselo’ y partirse el lomo convenciendo a los estudiantes (y a sus padres) de que lo que tiene para ofrecerles, es algo si quiera útil.
Esta desgracia aplica a todos los oficios que involucren uso de autoridad, por lo que; además de los profesores, la sufre la policía y los mismos padres de familia.

* Impunidad absurda. Para procesar disciplinariamente a un estudiante, el docente siempre está solo. Tiene en contra al manual de convivencia, a los papás, a los directivos, la legislación, y con la suerte necesaria, a sus pares.

* Si un docente se amarra los pantalones y sigue el inseguible conducto regular, gastará inútilmente tiempo que le serviría para enseñar, que es lo que se supone que debe hacer un docente. Y digo ‘inútilmente’ porque los mecanismos están diseñados para que el estudiante ‘no sufra’ ninguna consecuencia de sus actos, no vaya y se deprima y se corte, o llore.

* Si un docente se salta el conducto regular, comete una falta.

* Si un docente reacciona y, por fuera del debido proceso, hace que a un estudiante le cueste de verdad algo una falta (lo que indiscutiblemente sí es educar), incurre en una falta laboral, y es demandado por los papás, acusado de matoneo.

* “La culpa es del docente”: Como ser profesor no vale nada, y esto ha sido aceptado y hecho propio por toda la comunidad educativa, pues el docente indefenso tanto política como legalmente se transformó en un chivo expiatorio perfecto. Un estudiante pierde una asignatura y quien tiene que rendir cuentas es el docente, como pedagogo. Un estudiante tiene un problema socio-afectivo y quien rinde cuentas es el docente, como director de curso. Un estudiante comete un acto vandálico y quien rinde cuentas es el docente, como vigilante. O, es que ¿no llaman ‘vigilancia’ a una de las más tediosas responsabilidades de los profesores? Los docentes son carne de cañón en un sistema temeroso y traumatizado por su propia infancia. La gente está inconscientemente horrorizada ante la posibilidad de que alguno de sus hijos sufra lo que sufrimos nosotros cuando éramos niños. De una generación para otra, las cosas cambiaron hasta volverse al revés. Los niños no aceptan un ‘no’, y el discurso educativo, en vez de enseñar la tolerancia a la frustración para erigir personas fuertes, evita decir ‘no’. Los niños son los que mandan. En sus familias, deben ser los que hablen primero, los que deciden qué comprar o a dónde ir. Todo por la penosa experiencia de nuestra propia infancia donde no podíamos interrumpir a los mayores mientras hablaban.
Todas las reglas tienen excepción, deben ser no solo explicadas a ellos sino justificadas, y ellos deciden si cumplir o no. Esto me lleva a un nuevo punto:

* La profesión del malo si sí, y malo si no”. Caso clásico del docente que recibe furiosas notas de un padre o madre por que su hijo o hija tuvo que vérselas con una sanción. No entró al laboratorio porque no tiene bata o porque llegó tarde. Pero el profesor, monigote; no puede decir “…y punto”. Hay que hacer la excepción, para evitar traumas que van desde lo psicológico en el estudiante hasta lo económico en la institución. De la excepción aprenden todos los demás estudiantes, no de la norma; la norma se va a la mierda, y se genera un caos. Pero adivinen a quién le echan la culpa de este caos: ¡Al docente! Un estudiante de primaria no ingresa a la huerta escolar porque no lleva botas. La madre se queja y le dice al profesor “Eso no es pedagógico”. El docente debe hacer la excepción a la regla y el estudiante (y otros, que aprovechan) ingresan a la huerta sin botas. Se ensucian hasta las rodillas, y esta vez las notas encolerizadas de los papás son por que los niños llenaron de tierra el uniforme.

Tuve una experiencia en la que una madre convenció a los directivos de que su hijo había perdido la materia porque yo incluí una palabra en el examen final, de la que hablé en clase pero que no estaba en el libro, y que por eso el niño no había podido estudiar. Era la palabra earthquake (terremoto), que usé para ilustrar una de las situaciones en las que una roca puede encontrar el cambio de condiciones necesario para pasar a ser otro tipo de roca. El tema era ‘ciclo de las rocas’ pero el libro no hacía referencia a los terremotos. El concepto se volvió popular en clase porque a los chicos les gustaba hablar de terremotos. Habíamos ido más allá del libro y orgulloso, lo incluí en la evaluación.
Después de la queja de la madre, otros docentes eran enviados (sin su aprobación) a mi clase para que la vigilaran, no fuera a  enseñar más de la cuenta y más niños perdieran. Con un solo estudiante y su acudiente que tuvo la astucia de culparme a mí, se echa por el piso el logro de los demás estudiantes. Mil discursos diferentes pero todos igual de absurdos pueden sumarse para culpar al docente y librar a otros de la realidad de su mediocridad. Malo si se enseña, malo si no.

Son muchos los padres que han enseñado a través del ejemplo a sus hijos que, puede aprobarse una materia o incluso un año escolar por medio de la acción legal, mas no estudiando. Un docente debe avisar a los padres que su hijo no hace nada de nada para que sea legal que repruebe, si no, existe la figura de la ‘legalización’ del año. Se me afloja la quijada. ¿De cuántas horas creen que es el día de un profesor? ¿de cuántos días la semana? ¿o cuántos estudiantes creen que uno tiene, 30, 40? ¿Cuánto creen que gana uno para responder por taaanto? Si un solo caso fue omitido por un docente y no hizo ese dispendioso seguimiento, porque no tuvo tiempo, o dicho sin miedo, no tuvo motivación; pues muchos padres, muy bravos ellos, se acercarán con derecho de petición debajo del brazo para remediar su situación. Aclaro, la situación no es la holgazanería de su hijo, sino la plata que ha invertido en él. Afortunadamente hay a quien echarle la culpa: al profesor.

¿Monigote o no monigote? Prosigo:

* La imagen social (o reputación) del profesor está denigrada y manchada. Los medios de comunicación tuvieron un éxito aplastante en estereotipar al docente, como alguien invariablemente viejo, unidimensional, incapaz absolutamente de acercarse si quiera a comprender las vastedad y rapidez de la vida ‘moderna’ y las complejidades de la juventud contemporánea. Alguien anticuado, intransigente, amargado, y sobre todo aburrido.

Cuando sucede alguna cosa que tenga que ver con los colegios o con la juventud, el desgarre de vestiduras y el alaraco siempre termina en un duro juicio a los profesores (ojo, a los profesores y no al sistema educativo), con el alarmante interrogante de si están o no capacitados para tener en sus manos al futuro del país. Este vendría a ser el nivel macro de lo que en los colegios, el nivel micro, es el discurso de que todo lo que pase en un aula – aunque con ‘aula’ se refieren al colegio entero - es responsabilidad del profesor. Dicha responsabilidad absurda que se le acarrea al profesor (chivo expiatorio, monigote), le sirve al resto de la comunidad para lavarse las manos e inflar pecho. Ejemplos de ello son:

* Docentes que son despedidos, destituidos o hasta pagan cárcel por un ACCIDENTE que ocurrió y en el que infortunadamente un estudiante salió ya sea herido o dañado. Por situaciones de esta desafortunada índole se les ha impreso con taladro a los profesores en sus vocaciones, el ser niñeras. Se supone que deben ser capaces de predecir y detectar el peligro con tal grado de confiabilidad que nunca-suceda-nada. Y si sucede, sería su responsabilidad. El accidente "se hubiera podido evitar" es la consigna. Llegué e tener varios jefes tan ciegamente convencidos de eso que daban miedo. Parecían suponer que un buen profesor era capaz de prevenir toda clase de infortunios, hasta los psicológicos, y que en un mundo lleno de buenos profesores, nunca ocurriría nada imprevisto. Me pregunto cómo habrán sobrevivido a los terribles años 80, cuando todo ese paradigma proteccionista y temeroso no se manejaba con tanta devoción. Ejemplo de esto: Un coordinador, que por ser de ‘convivencia’ sintió profunda vergüenza y se disculpó vehementemente conmigo por una grave falta de respeto que había cometido un estudiante conmigo. Si hace rato se me aflojó la quijada, ahora se me cae. ¿Cómo puede alguien ser programado tan exitosamente a culparse por lo que hacen otros? Así mismo quieren que los docentes se acepten responsables por todo lo que les ocurra a, y hagan los estudiantes a su alrededor, haciendo oídos sordos a factores que escapan a nuestras manos, como el ejemplo putrefacto de la televisión y las redes sociales o el ejemplo de las propias familias u otros círculos primarios de los estudiantes. ¿de dónde carajos viene esa tradición de pensar que los colegios y en sí sus docentes son los únicos responsables de la educación y el devenir de los jóvenes? Lo único que sé es que es algo muy reciente.

* Más encima a lo anterior, muchos colegios, como empresa –sobe todos los que son empresa familiar-, son fanáticos de los paseos. A los profesores, como a la mayoría de los seres humanos, les gusta salir, pero con sus familias. Una salida escolar es una pesadilla. Las probabilidades de incidentes no deseados y accidentes aumenta exponencialmente, y el profesor niñera termina el día con dolor de espalda y los nervios destrozados por haber permanecido en estado de alerta máxima por unas 20 horas seguidas, mínimo. Sobre todo los profesores de niños pequeños. Los profesores de jóvenes adolescentes se enfrentan a evitar consumo de drogas y… evitar no las relaciones sexuales, sino los embarazos que producen y que, de tener lugar, el profesor sería declarado responsable, seguro que sí. Estas jornadas exprimidoras, son parte del contrato para los profesores, pero no son parte de la matrícula para los padres, ellos pagan adicional. Son ingresos transparentes para el colegio.

La filosofía, o el discurso profesional, o el estado del arte docente es pura basura. A mí me lo advirtieron desde la universidad, y vine a comprobarlo duramente (aunque ahora me río). Ninguna labor tiene tanta palabrería hueca o conceptos con nombres pomposos inventados, que aparte de reforzados, no se enlazan a nada en la realidad. Vaya, de esto podría escribir un libro completo, criticando tanta carreta que hablan los docentes.

* Conocí varios casos, algunos de primera mano; en los que a docentes se les llamaba la atención por los términos empleados en mensajes a padres. La inconformidad viene desde directivos y desde padres. Un niño de segundo grado golpea a otro con un puño en la cara y la docente notifica a los padres, solicitando hablen con él puesto que había tenido una actitud violenta. El desgarre de vestiduras de la madre tuvo lugar por el uso de alguna variación de la palabra ‘violencia’ en referencia a su hijo. No pues, tan violenta la palabra. Menos mal el niño refleja tan prudente uso del lenguaje de la madre. No se puede usar la palabra ‘castigo’, sino ‘acción correctiva’; ni ‘disciplina’ sino ‘convivencia’; estuve en colegios donde no usaban el término ‘director’ sino ‘dinamizador’ de grupo, no vaya y ‘director’ suene demasiado fuerte. Para rematar, no se puede decir ‘inconformidad’ sino ‘no conformidad’. Creo que arreglamos el mundo a punta de eufemismos y la educación aplicando estándares de calidad que son para fábricas.

* No creo que haya ninguna otra profesión en la que durante una reunión de quienes la ejercen, tantos asistentes luchen tan valientemente para no dormirse.

* Muchos colegios obligan a los docentes a asistir los sábados exclusivamente para dicha palabrería. Sería excelente ir los sábados a adelantar trabajo que no se puede hacer en horas libres entre semana por estar reemplazando a otros profesores y que uno termina haciendo en su casa y durante su tiempo personal.

* Las reuniones de profesores suelen parecer ir dirigidas unívocamente a un objetivo común con la vocación docente, que tienen muchos y que yo perdí. Dicho objetivo pareciera ser la educación, la formación de personas, ofrecerle a los jóvenes una visión del mundo que los saque de “la olla…”, al menos en colegios de pobres; porque en colegios de ricos los que más están en “la olla” son los docentes. Todo se viene abajo a fin de año cuando los directivos hacen cambios ilegalmente a las planillas y pasan el año y lo hacen perder a quienes ellos quieren.
En 4 de los colegios donde trabajé ocurrió. En el primero, el nivel era tan malo que los directivos echaron por el desagüe el trabajo de todo el año de los docentes y ajustaron las calificaciones. Es a decir verdad el peor conflicto entre el sistema educativo y el educador. Ni aun el salario miserable es tan insoportable. Se les enseña a los jóvenes y a sus familias que sin esfuerzo se pueden obtener resultados, que lo incorrecto es la exigencia, y que puede lucharse contra esta. Un colegio no puede quedarse sin clientes.

En el segundo, un joven me calló la boca aprobando un examen que yo creía impasable. Era lo que le faltaba para ser promovido, pero en la reunión de concejo mis colegas me presionaron para cambiar la nota puesto que este estudiante ‘tenía que perder’. Así mismo, otra estudiante ‘tenía que pasar’ porque su madre regalaba torta y tamales a los profesores en las reuniones. Aún tengo en la consciencia el peso de lo que pude haber causado a esa familia por mi colaboración en semejante injusticia ‘haciendo perder’ a ese estudiante, pero adivinen: necesitaba el trabajo. Acepto lo que digan “por eso es que el sistema no funciona, por no denunciar, por quedarse callado”, bri, bri bri.
En el cuarto – voy a dejar el tercero de último -, una estudiante debía recuperar mi materia puesto que por haber sido una excelente estudiante, se confió y no hizo nada al final. La verdad es que no le hacía falta, igual iba a graduarse con la materia perdida. Pero, por hacer las cosas bien, de manera legal y ética, la reporté y cité a recuperación. Ella asistió mostrándome el informe académico y preguntándome porqué le había regalado la nota. Pero yo no le había regalado nada. Habían sido los directivos, supongo, porque una estudiante insignia de esa promoción, no podía tener un tachón. ¿Monigote o no monigote?

Con el hijo de la secretaria me pasó lo mismo que me había pasado en el colegio anterior, pasó al 100% un examen de recuperación porque había estudiado. Era lo que le faltaba para aprobar el año, pero los directivos cambiaron la nota y lo hicieron perder. Supongo porque, querían aburrir a la secretaria y deshacerse de ella sin echarla. Ellas no tienen contratos a 10 meses como nosotros. ¿Monigote o no monigote?

Y en el tercer colegio, ahhhh el tercero…. Mis compañeros me pedían informe sobre un estudiante que cometía tenaces actos de vandalismo, pero me los devolvían primero sugiriendo y luego exigiendo modificaciones. No querían acumular evidencia para que fuera justo echarlo. Cuando me quejé, el concejo me manifestó sobre el estudiante en cuestión “hay que tenerle paciencia, él tiene problemas de drogas. Usted debe apegarse a la filosofía institucional”. Me quedé perplejo. ¿Monigote o no monigote?

Ese es el alcance de la palabrería, los eufemismos, el discurso pomposo y la sensiblería en la labor docente. Todo está al revés. Asistir a prolongadas reuniones donde profesores y sobre todo directivos devotos discurren elocuentemente, se convierte al paso del tiempo en una espuria competencia de a ver quién habla más bonito y se vuelve más influyente mientras fuera de la reunión todo es la misma porquería, y a fin de año se hace feria con las notas y el trabajo de los profesores se va por el desagüe. Les recuerdo que no hablo de un colegio sino de 4 muy diferentes uno del otro, sobre todo socioeconómicamente. Pero en todos ocurrió la misma vergüenza. No aspiro a tener una muestra más representativa. Por eso “Modelos pedagógicos”, “trazabilidad”, “inclusión”, “formación en valores”, “el PEI”, el día de la excelencia etc; prr, PURA CARRETA.

* La educación es una industria, como la comida procesada, las comunicaciones, los textiles, la metalurgia, ¿qué se yo? Los clientes son los padres, los productos son los jóvenes acreditados y los operarios: los profesores. Para un padre moderno, el colegio es un servicio más. Es donde parquea a sus hijos. Esta situación se ha normalizado tanto que los propios administrativos de colegios reconocen públicamente a los padres y sus hijos como ‘clientes’, haciendo de mi sarcástica comparación una triste realidad. Los papás no son más papás de niños en proceso educación, sino ‘clientes’ si son ricos, y ‘usuarios’ si son pobres.

* Si un padre o acudiente, aún después de la jornada escolar no puede recoger al estudiante, muchos colegios ofrecen “asesoría en tareas” por un pequeño precio adicional. A los profesores les asignan esta función adicional, pero, igual que los paseos, hace parte de su contrato. Y sobra decir que no es asesoría en tareas, sino servicio de guardería, puesto que ni el niño ni el profesional tienen las energías necesarias más que para esperar que se acabe. Obvio, eso no lo admite ni lo manifiesta nadie que “necesite el trabajito”.

* Hay muchos colegios, sin importar lo grande y estructurado o lo “de garaje” que sea, que alquilan las instalaciones por las tardes y/o en fines de semana para empresas similares. Los daños a la propiedad del colegio explotan como volcán pero, mientras los dueños reciben el arriendo; están tranquilos porque ahí están los profesores que responden por las aulas y tienen que cobrarle los daños a sus estudiantes y, si ellos no se dejan, pues siempre se puede descontar del sueldo al docente.

* Los Padres se quejan ante la industria de la que son clientes o usuarios, porque no hay servicio de parqueo de hijos ni entretenimiento en períodos de vacaciones.

* La comida también hace parte de la gama de servicios de ofrecer en la industria educativa, con la garantía de que sus operarios se harán responsables de que coman los miembros del club. Para un profesor, masticar la comida o ‘dejarla bajar’ es un lujo inaccesible.

* En muchos casos, Los profesores también deben usar uniforme y qué coincidencia, los vende el colegio.

* Las fábricas de jóvenes acreditados o llámense “centros educativos”, piden listas de útiles muy costosas a los clientes. Fortunas en papelería. Pero los operarios, fieles a la institución, se someten a todas las complicaciones impuestas para hacer uso de ella. Y quién lo creyera, es peor en colegios más grandes y con más recursos, puesto que para fotocopiar una hoja hay que llenar dos de formulario y esperar 8 días. Los que no son operarios, sino profesores de corazón, llegan a usar sus propios recursos para disponer de material, pero eso solo lo cree y lo entiende un profesor de verdad.

*Las instituciones educativas nunca ofrecen un contrato a un profesor superior a un año. Debe ganárselo siendo parte de la rosca. Esto hace que la vida crediticia de un docente sea especialmente difícil y que desarrollar su proyecto de vida sea como hacer magia, sobre todo comparado con otros profesionales. En contraste, los beneficios de contratos cortos son para las instituciones, porque pueden rotar personal a su antojo y deshacerse rápido y fácilmente de profesionales por cualquier motivo no profesional, aparte de no que no tienen que subir los salarios ni pagar liquidaciones grandes.

* Debido a lo que dije del pos-modernismo, el docente ya no es ni con mucho una figura circunspecta. Y, por lo anterior, por la calidad de “cliente”, los padres ricos son mucho peores que los padres pobres. Los padres de familia acomodados pueden ver muy fácilmente a un docente como una coima, recibir a su niño de la mano sin subir la mirada más allá del pecho del profesor que se lo está entregando, o sentarse de muy mala gana delante de él para cumplir con el tedioso requisito de recibir un informe. Pueden culpar al profesor de una mala calificación, puede decirle que no enseña bien. Es el que dice “usted como profesor debería…”, porque creen que ser profesor es como sacarse mocos.

* Los profesores constituyen los integrantes del gremio con mayor índice de enfermedades nerviosas y problemas psicológicos.

* La deserción profesional en docencia, debe ser de las mayores sino la mayor. Nadie pasa de cinco años en colegios, al menos por sincera voluntad.

* Cuando buscas trabajo de docente, los anuncios dicen que para postularte debes ser puntual, atento con los padres, manejar grupos grandes y manejar disciplina, tener vocación, disposición de horario, actitud positiva, debes diseñar, planear y ejecutar... y en la información sobre salario, dice “A convenir”. Una vez vi un anuncio donde requerían un “docente-vigilante”. No quiero saber a qué se referían…

* Las exigencias de la comunidad en cuanto a los docentes son quiméricas, pero las condiciones para ellos son paupérrimas a y a nadie le importa. En 2015 conocí la historia de alguien – historia lamentablemente repetitiva - que sufría de cierto trastorno psicoafectivo y terminó suicidándose. Pero el escándalo sobreviene si el difunto era profesor, y no porque se pregunten ¿qué enloquece a los profesores? No… lo que se preguntan es ¿qué clase de personas inadecuadas están de profesores?

Bueno, ya quedó. Ahora a superarlo y seguir con mi vida.

Es posible que esto haya herido la susceptibilidad de docentes que estén tan ilusionados con el oficio como lo estaba yo, o el orgullo de directivos. Si es así, debo decir que ignorar los comentarios es parte de mi terapia.

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