¿Por qué apoyo a mis profes?

Por: Daniel Jamal Prieto
abril 28, 2015
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¿Por qué apoyo a mis profes?
Imagen Nota Ciudadana

En el auge de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, el crecimiento de las redes sociales y la proliferación de aparatos electrónicos para tales efectos, no se puede negar la creación de ciertos lazos digitales que nos mantienen en contacto con nuestras amistades contemporáneas y también con quienes lo fueron en el colegio, pero me pregunto y le pregunto: ¿Sabe qué fue de la vida de sus profes de preescolar, primaria y bachillerato? Creo que si respondemos solamente a esta inquietud llegaríamos pronto a la conclusión que hemos sido ingratos y muy olvidadizos.

“La profe” o “El profe”, como uno de esos tantos personajes que el mexicano Mario Moreno “Cantinflas” encarnó en 1971, es una manera común – y muy latinoamericana – que adoptamos para referirnos a nuestros docentes, dentro y fuera del aula. Quizás por ese aprecio fundado en el escenario educativo o pudo ser porque oímos a alguien más decirle así. En mi caso particular, recuerdo que nos referíamos afectuosamente hacia nuestra docente de inglés como “La Teacher”, cosa que el Profesor Súper O, sin duda, señalaría de gazapo y desaguisado idiomático. Puede ser que usted la hubiese llamado de otra manera en – éste que nos tocó – el país de los alias y los sobrenombres: “La profe estricta”, “El profe aburrido”, “El profe loco” o “La profe rara”. Ya debe haber recordado a alguien.

El paro nacional de maestros ya completa su primera semana. Con el amarillo, azul y rojo de la camiseta de la selección Colombia, maestras y maestros de todo el país marcharon por las principales calles de Bogotá y otras ciudades del país. Bogotá, al igual que lo ha sido en otras ocasiones, ha sido un escenario histórico de grandes movilizaciones sociales que han involucrado a todos los sectores en la lucha por el acceso y la garantía de derechos consagrados en la constitución. Sin embargo, las movilizaciones, las protestas, las huelgas y plantones se miran con desdén, reproche y hasta rechazo. Veo con tristeza cómo en Bogotá – y como bogotano que soy –prevalece el individualismo sectario antes que la consideración derechos colectivos fundamentales como lo son el salario digno y equitativo, la educación, la salud y la seguridad social, o la vivienda, entre otros.

Luego de la gran movilización del 9 de abril, Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas, donde hasta el mismísimo Juan Manuel Santos invitó a salir a las calles, casi 3 semanas después pasamos a comentar cosas como las de un reconocido tuitero: “Claro que los maestros tienen derecho al paro. La pregunta es: Tienen derecho a paralizar e inmovilizar media ciudad [sic]”. Sic erat scriptum, así se escribe y así se piensa. ¿Creemos en la paz y la salida negociada del conflicto armado pero le damos la espalda a la crisis en el sector educativo y el ejercicio docente? ¿Paz y Educación van por caminos distintos?

No hace poco, una profe – a quien aprecio y llevo en el corazón – me compartió la emoción que siente cuando ve a sus niños y niñas cada día más grandes, verlos pasar de un curso a otro, graduarse del colegio para luego, en el mejor de los casos, entrar a una institución de educación superior. Su emoción se hace mayor cuando enaltece el haber sido parte de su proceso de aprendizaje, por ejemplo, en el leer y escribir. Es indescriptible la sensación de aquella profe al relatar su inmenso esfuerzo depositado diariamente en la enseñanza, la educación, la didáctica y la pedagogía. Fuimos estudiantes, tuvimos profes, y seguimos estudiando y trabajando.

¡Fuerza mis profes, adelante! La razón y la justa reclamación de derechos les asiste y el Gobierno Nacional debe responder. Y si usted es de los que se queja porque le bloquearon las vías, quedó atrapado en un Transmilenio o porque llegó tarde a su trabajo y lugar de estudio, no le eche la culpa de la paralización a “La profe” y “El profe”, Bogotá siempre está paralizada, ni tampoco piense que no quieren trabajar y que son flojos, mejor comience por recordar cosas como que ella y él posibilitaron que me esté leyendo y que yo esté escribiendo, que les hemos asignado el hacer la veces madres y padres, de cuidadores, o por qué no rememorar que su profe con entrañable compresión y afecto lo orientó en sus crisis existenciales de adolescencia. Porque construyen conocimiento, paz y país apoyo a mis profes en el paro nacional del magisterio. Después de casi una década de graduado del colegio nos siguen dando clases, ésta vez, una clase con una lección muy valiosa: sobre la dignidad.

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