Por qué algunos blanquitos y otros blanqueados no soportan a Francia Márquez

Márquez se ganó el sitial vicepresidencial a pulso, como todo lo que ha logrado en su vida. No llegó para ser una figurita exótica, sumisa y amable

Por: César Augusto Patiño Trujillo
mayo 16, 2022
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Por qué algunos blanquitos y otros blanqueados no soportan a Francia Márquez

Están muertos de miedo. No saben qué hacer. Divagan con soeces improperios y escupen racismo, aporofobia, clasismo y arribismo. La “gente bien” no puede aceptarla porque es negra, viene de la periferia, servicio doméstico de los señores y señoras representantes del blancaje racial, luchadora infatigable contra lo que significa el proyecto de nación de las élites, madre adolescente abandonada, en otras palabras, la síntesis del no-futuro en medio de una sociedad inhumana y perversa.

Por todo eso y mucho más la intimidan, la amenazan de muerte, la linchan inclusive en los periódicos de talla nacional han mostrado el desprecio elevado a la N potencia; han terminado de pelar el cobre; la ha comparado con un King Kong una tal Marbelle, cuya mezquindad raya en la lumpénica vulgaridad; aunque la defensa hacia Márquez de Gustavo Bolívar también deja perplejos a quienes levantamos la bandera antirracista. ¿Cómo defender una causa con la misma ofensa?

El nombre de Francia Márquez ha venido opacando un poco el de Gustavo Petro con su experiencia propia de los “nadies” venidos a más a punta del golpeteo constante de las luchas anónimas que crecieron hasta convertirse en gesta heroica. El líder de la Colombia Humana es uno de esos líderes honestos que lleva décadas luchando por la transformación de una nación y ha tenido para su suerte, o desgracia, las luces de los medios; en cambio, Francia Márquez ha tenido que ir emergiendo del anonimato, mostrando con orgullo toda una vida de lucha y sacrificio.

Desde la lucha contra las mineras criminales e, incluso, contra los desaires que en el Pacto Histórico, sufrió cuando se conformaron las listas de Senado. Hace un año era una “nadie”, como todos los y las “nadies” que ella en su viva estampa representa. Hoy es la compañera de fórmula de un hombre que es la representación de la lucha constante por llegar al poder para esparcirlo por todas las ciudadanías históricamente acalladas e intimidadas.

Con cierta reticencia del candidato progresista, Márquez se ganó el sitial vicepresidencial a pulso, como todo lo que ha logrado en su vida, con un discurso iluminador y con cientos de miles de ciudadanos que confiamos en ella y la hicimos parte de nuestra esencia, la esencia de los y las “nadies”.

Francia Márquez no llegó para ser una figurita exótica, sumisa y amable; ella, la gran lideresa de Colombia, pues así lo ha decidido San Pueblo, llega a un posible gobierno a trabajar por esa ciudadanía excluida por los siglos de los siglos; llega a ser, incluso, de ser necesario, una piedra en el zapato del Gobierno a la que ella misma podría pertenecer para hacerlo cumplir.

Ella no será un actor mudo o figura decorativa. Eso es lo que molesta a propios y extraños, que la voz de una mujer negra se alce contra la irascible voz de los “alguien”, de aquellos que siempre se han sentido con el derecho hereditario de mal administrar y saquear las arcas del Estado y de decidir quiénes tienen la dicha de ser “algo” y quienes la desgracia de “no ser”. Esos patriarcas prostituidos por su soberbia y egos se sienten escogidos por la Providencia. No dudan de su destino y privilegio.

Pero la realidad es otra. Mientras César Gaviria se siente maltratado y agraviado por la señora Márquez, citico el dotor; mientras Daniel Samper duda de su competencia para gobernar, como si los anteriores hubiesen sido la competencia en pasta; mientras una mujer como Paola Ochoa trata de denigrarla con un comentario racista e infame; mientras la señora Cabal le invita a cambiarse el nombre de Francia y el apellido Márquez (Francia es un nombre muy apropiado para ella por ser la tierra de la liberté, égalité, fraternité); mientras le critican, gobernados por la ignorancia y los prejuicios, su lenguaje incluyente; mientras un personaje como el imputado Álvaro Hernán Prada hace un monumental oso al acusarla de no saber hablar el idioma, de no haber aprendido el español, demostrando profunda ignorancia sobre las maneras hermosas de comunicarse de los ancestros de los pueblos afrocolombianos, ella, se pasea oronda con sus vestimentas coloridas y hermosas por las pasarelas de la patria; y mientras a trochas y mochas se abre camino dentro de este pedazo de tierra bañada por la sangre de los inocentes, en el resto del mundo, logra captar la atención, y no es que en el exterior no haya racismo, supremacismo blanco y aporofobia, lo que pasa. Es que naciones mucho más democráticas reconocen el aporte sabio y maravilloso de la gran líder ambientalista más allá de los prejuicios y comportamientos primitivos de los “Escogidos”.

Esa reina de ébano que tiene en su corazón un diamante negro se convierte hoy en la madre de los excluidos, en la Argentina de los años 50, Evita representaba a los descamisados, olvidados de un sistema oprobioso; hoy nuestra mayora logra pellizcar la gloria cuando decide representar a esos y esas “nadies”.

Ni las amenazas de muerte ni el veneno expulsado a chorros por los políticos vulgares del Centro Democrático y otras huestes, prole abyecta que destila odios oscuros y vítores a la muerte, pueden acallar la voz más bella, una sinfonía en su discurso, en medio de las estridencias caótica de burdos sonidos que incluso han rayado en el delito.

Eduardo Galeano nos define o mejor, describe a los nadies a los que tanto respeta y ama la doctora Márquez, desde estas eras la madre de ellos:

“Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”.

A su representante dentro del Pacto Histórico también los “alguien” o “gente bien” la han discriminado; hacerlo lleva a revictimizarla a ella y a los millones de invisibilizados; esos “alguien” que vociferan sus lógicas con las armas, el desprestigio, la irracionalidad, con la invitación al magnicidio, estrategia inmensamente efectiva para ellos en esta Colombia amarga; esos “alguien” que se rasgan las vestiduras ante las cámaras por el infame asesinato de dos niños hijos de “nadie” en Arborizadora Alta, o que, como el caso del niño “nadie” de La Enea en Manizales, pierde la vida dentro de su colegio producto de la violencia escolar, a la postre, gozan, porque con estos actos demenciales enriquecen sus discursos de la guerra, y se frotan las manos a sabiendas que el dolor de sus progenitores y de la sociedad dejará en las urnas un resultado a su favor, si esa misma sociedad no se planta con donaire y dignidad para vencerlos y enviarles el mensaje preciado de la vida: “ustedes no seguirán imponiendo sus lógicas de la muerte”.

Esos “alguien” que derriban la humilde casa de una anciana de 93 años en la ciudad de Pereira para mostrar resultados en la lucha contra las hoyas expendedoras de fármacos allá en la “Querendona, Trasnochadora y Morena”; pero, peor aún, esos “alguien” que han hecho un montaje con habitantes de calle dentro de la casa de la ninguneada anciana para mostrar el circo de su efectividad, son los que quieren mantener postrada a esta nación bajo sus pies. A veces, incluso, los “nadies” son utilizados por los “alguien” para “algo” que les mantenga en la cima del poder adueñándose de “Todo”.

Francia Márquez, es aminorada por un personaje como Daniel Samper Pizano, quien duda de sus capacidades para gobernar, como si los azucenos oligarcas hubiesen demostrado muchas competencias para administrar a esta nación, a su vez un oscuro Luis Guillermo Vélez asume la defensa de las ideas de Samper con su muy lamentable columna, “La insoportable levedad de Francia Márquez” (La Silla Vacía, marzo 26 de 2022).

A su vez, periodistas que, en bandola, se pegan a esta idea, haciéndose pasar por originales, reproducen tales posturas contra una lideresa antisistema, tan necesaria como nunca en esta nación que se digna de ser “la democracia más antigua del continente” (Sonríe uno con cierta sorna).

Quienes estamos al otro lado, buscando salidas a la democracia colombiana, nos negamos a reproducir la aporofobia, la xenofobia, el racismo, el supremacismo blanco, el cristianocentrismo como único discurso válido en cuestiones de fe; nos negamos al clasismo y al arribismo de unas clases sociales seguras de su fin como clases superiores y signadas para gobernar a propios (los suyos) y extraños (los nadies).

Nos negamos a creer que la única realidad, la creada por ellos (los alguien) es la menos mala de las realidades como lo sostiene el señor Vélez cuando escribe descarada y cínicamente: “Todos los presidentes colombianos de los últimos treinta años –hombres blancos, burgueses de clase alta con educación de élite– han actuado de buena fe en el mejor ejercicio de sus habilidades, algunos con más éxito que otros, algunos con más visión que otros, algunos con más efectividad que otros, pero todos con las mejores intenciones. Y hoy vivimos en un país mejor gracias a ellos o, por lo menos, en un país mejor que cualquiera de los otros países de la región que decidieron “cambiar el modelo” e implementar muchas de las políticas que Francia Márquez y sus amigos dicen defender. De eso no hay ninguna duda” (Luis Guillermo Vélez, La Silla Vacía, 26 de marzo de 2022).

Con todo lo anterior se le puede decir a los estrategas de la debacle como el señor Vélez, la señora Cabal, el imputado Prada, la ordinaria Marbelle, que ellos no van a lograr destruir el sueño de millones de colombianos y colombianas que creemos en un país para todos.

Es obvio que defiendan a su clase a pesar de lo corrupta e inepta que ha sido para gobernar, pero estamos decididos a validar en las urnas un cambio, una transformación, la que tanto esperamos las multitudes hace centurias, y esa meta tiene a toda la ciudadanía pluriétnica, pluricultural como objeto para proveerle verdadera democracia.

Esta gesta apenas va camino a buen puerto; camino a asegurarle a la ciudadanía libre un país que siente sus bases en la dignidad, no en la escoria que levanta sus pilares xenófobos, aporófobos, racistas, clasistas y arribistas. Sí señores, están muertos de miedo, ya no saben qué más hacer.

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