Opinión

Por pasos contados hacia un conflicto bélico

La declaratoria de Márquez, el reconocimiento de Maduro, la guerra política, los intereses de Venezuela y Colombia son factores convergentes donde algún incidente llevaría a confrontación armada

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septiembre 11, 2019
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Por pasos contados hacia un conflicto bélico
Maduro responde agresiones con agresiones porque le conviene para fortalecer su precaria posición personal. Aquí en los ejercicios militares que inició el 10 de septiembre. Foto: Twitter/Nicolás Maduro

Las declaraciones de Iván Márquez no cayeron por sorpresa. Poco a poco se habían dado los pasos para que fuera evidente que a eso llegaríamos.

Alrededor de eso se han lanzado toda suerte de interpretaciones extremas en relación con lo que representa para el proceso de paz; van desde que con esto se vuelve trizas el Acuerdo, hasta que no tiene ninguna importancia o consecuencia.

Pero visto dentro de otro contexto es simplemente un paso más hacia lo que empieza a parecer como un futuro inevitable.

Esa declaratoria de volver a las armas fue complementada casi inmediatamente por el reconocimiento de Maduro de la legitimidad de tal acción.

Con esto se completa lo que se podría calificar de guerra política, donde cada país se solidariza con el enemigo interno del otro.

Pareciera que todos los factores convergen para que se llegue a una etapa en que el enfrentamiento se manifestara en forma de algún incidente en el que la participación de las armas será el paso siguiente.

La lógica más evidente es que a cualquier dictador le conviene la existencia del enemigo externo para buscar solidaridad en su pueblo. Que el mandatario venezolano participe y busque propiciar esta confrontación no se sale de ese libreto.

Tampoco es difícil de entender -aunque sí de aceptar- por qué nuestro gobierno decidió que nuestro país jugara ese papel.

Al fin y al cabo, la propuesta central del partido de gobierno es volver a la política que se llamó la ‘seguridad democrática’, y la polarización alrededor de una confrontación externa favorece a sus propósitos. El uribismo como movimiento caudillista de extrema derecha vive de que exista cualquier ‘izquierda’ para confrontarla.

 

 

La propuesta central del partido de gobierno
es volver a la política que se llamó la ‘seguridad democrática’,
y la polarización alrededor de una confrontación externa favorece sus propósitos

 

 

 

Como también coincide un interés americano en que –una vez fijado como propósito tumbar un Gobierno- se le ataque por interpuesto actor. Si algo ha repetido la historia de los Estados Unidos es que su gobierno no tiene aliados sino intereses.

El argumento de que el objetivo de derrocar a Maduro es beneficiar al pueblo venezolano, que por razones éticas o humanitarias es que tanto Colombia como los Estados Unidos han lanzado una cruzada no es cierto ni válido. Son sus propios intereses y sus propios objetivos lo que persiguen.

Y que Maduro denuncie esto cae un poco en el mismo juicio: responde agresiones con agresiones porque le conviene para fortalecer o defender su precaria posición personal; no es el interés de nuestros vecinos una confrontación con Colombia, ni el apoyar a los insurrectos de acá beneficia a la población de allá.

Se podría alegar sin embargo que es natural que cada cual persiga o responda a sus intereses y que los justifican dentro de sus propias lógicas.

La pregunta es ¿hasta dónde pueden o deben ir?

O más exactamente hasta dónde está dispuesto el presidente Duque a llevar esta posición. Una cosa es insistir en descalificar (así sea con razones) una forma de gobierno y otra cosa es dedicarse a tratar de tumbarlo a las buenas o las malas. Al nivel que se ha cazado la pelea (reconociendo un presidente, solicitando la aplicación del TIAR, con el slogan de ‘los días contados’, con denuncias ante la Corte Penal Internacional, etc.), la única escalada posible pareciera ser la declaratoria de guerra, lo cual sería simplemente darle formalidad a una situación que ya existe.

De ahí a la verdadera confrontación armada solo se requiere cualquier pequeño incidente.

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