Polombia, el país del mágico realismo

"Allí las personas prefieren la corrupción y la acolitan con tal de que los demonios comunistas no acaben con el paraíso"

Por: Andrés Felipe Marín Montoya
julio 03, 2020
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Polombia, el país del mágico realismo
Foto: PxHere

Estimado lector, el presente artículo es producto de la imaginación, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Polombia es un hermoso país ubicado muy al sur del Tío San, pero este la administra cual hacienda propia. Los gobernantes de Polombia son los capataces de las tierras que siguen fielmente las órdenes de su patrón el respetado y democrático Tío San.

Polombia limita con un país hermano llamado Macondo, donde una dinastía (la de los Buendía) han gobernado desde su fundación. En Macondo la realidad se transforma en hechos mágicos mientras en su país hermano, Polombia, sucede lo contrario, lo imposible se hace real. A continuación, veremos algunos hechos sorprendentes que solo pasan en ese cándido y hermoso país llamado Polombia.

Para tal fin, viajaremos al pasado y haremos un recorrido breve en su historia hasta llegar a los días actuales. Antes de Polombia convertirse en un país, pertenecía a los españoles quienes con mano dura dominaban a sus vasallos. Para tener un mejor control en su colonia, nombraron de capataces a los hijos de los españoles nacidos en estas tierras, ellos tenían algunos privilegios sobre los demás y vivían conformes con ser los segundones.

Pero un día, un rebelde, que por cierto no era de estas tierras, se levantó contra los españoles y logró derrotar las fuerzas opresoras, naciendo así una nueva nación, Polombia. Los sueños del libertador se basaban en que este fuera un país libre y soberano. De modo que este rebelde junto con los capataces empezó a construir una nueva república, pero empezaron a surgir las dificultades, pues el rebelde tenía una visión diferente a la de los capataces. Estos urdieron un plan y traicionaron al extranjero e intentaron asesinarlo, dando inicio a las traiciones que serían el pan de cada día en dicho país. Como los capataces tenían tantas diferencias entre sí, entraron en eternas guerras fratricidas, donde la carne de cañón fueron sus súbditos.

Después de la derrota de los españoles, al norte del continente americano un país creció tanto que soñó con dominar a los otros países, y este sueño se hizo realidad. De este modo, Polombia, de un momento a otro, perdió su independencia y pasó a ser de nuevo la hacienda de un nuevo dueño, el afable y bonachón Tío San.

En el siglo XX, se redujeron los conflictos sustancialmente hasta el asesinato de Gaitán, un líder que deseaba ayudar a los de abajo y perseguir el sueño de un país más justo y equitativo, pero los capataces no querían perder sus privilegios y conspiraron en las sombras para matarlo. Por este acontecimiento, surge de nuevo la violencia por todo el territorio de Polombia. Las guerrillas liberales y los conservadores se matan en el campo, regresando así los odios partidistas del siglo XIX.

En el año 2002 llegó un presidente que lo cambió todo, con su lema “mano fuerte corazón grande”, caló en las mentes y los corazones de los habitantes de Polombia. Este cándido presidente estuvo en el poder durante ocho años donde reinaron, gracias a su infinita sabiduría, las chuzadas a opositores, asesinatos a civiles que los llamaron falsos positivos, robo al erario público, venta de las empresas públicas, entre otras maravillas. Aunque este presidente quería gobernar eternamente no pudo, pero él, que era tan ingenioso, se las arregló para hacerlo a través de otros cuerpos. Es así que le dijo a sus seguidores que votaran en masa por un Santo que le cuidaría tres huevitos que dejaba en el palacio presidencial de Polombia.

No obstante, el Santo se convirtió en un demonio para este presidente porque no se dejó manejar y gobernó con autonomía. Por tal razón, El presidente eterno le declaró la guerra a su discípulo y lo llamó Judas. En ocho años que gobernó Santos, el presidente eterno le hizo una férrea oposición, pero en la parte económica siempre lo apoyó ya que en esta línea éste no se alejó de su mentor.

En la era de Santos, por este ser un santo, llegó la tan anhelada paz a Polombia. Este señor logró llegar a un acuerdo de paz con las guerrillas para que dejaran las armas y se integraran a la vida civil. Debido a este delito, el presidente eterno le hizo la oposición y le llamó castrochavista, el peor insulto que el presidente eterno le puede dar a una persona. Por el calificativo que el presidente eterno le hizo a Santos, en el imaginario de sus seguidores y de los polombianos ingenuos, asociaron a Santos con ser un guerrillero. Por tal razón, cuando este llamó a los polombianos a votar por los acuerdos de paz, todos hicieron algo que solo ocurre en Polombia, emberracados, votaron por el no a la paz. Algo mágico, un país bañado en sangre vota en contra de la paz solo porque un viejito bonachón y eterno les dijo que sí los acuerdos con la guerrilla se firmaban el país sería comunista, es decir, se convertiría en el infierno y acabaría con tan hermoso paraíso donde solo mana leche y miel.

Cuando por fin terminó el poder Judas, el eterno propuso a un joven viejo para que gobernara el país y lo salvara del fatídico comunismo, este joven no tenía una gran carrera política, solo se había desempeñado como senador, es más, nadie lo conocía. Pero con la bendición del eterno y los millones que se repartieron, el presidente más joven de la historia llegó al poder. Este joven viejo hizo lo mismo que su eterno presidente, gobernó con mano dura y corazón “grande”, por eso en su mandato asesinaron líderes sociales, excombatientes y todo aquel que pensara diferente, en pocas palabras, volvió el gobierno del presidente eterno en cuerpo ajeno.

En el país del mágico realismo las personas prefieren la corrupción y la acolitan con tal de que los demonios comunistas no acaben con el paraíso de Polombia, no importa que haya un alto desempleo, que no haya estabilidad laboral, que los gobernantes se roben el erario público y que la corrupción sea la norma. Hay que defender el paraíso utilizando el ejército para perseguir a quienes piensan diferente o son defensores de los derechos humanos, otro tipo de comunismo muy peligroso.

En fin, en mi querida Polombia se pueden desatar los escándalos más fuertes que le costaría el puesto político a cualquier persona que esté en una democracia, pero aquí solo se comenta y luego se olvida. Así le ocurrió al joven viejo presidente, se encontraba en apuros por su excelente gestión, y cuando el país estaba en protestas por su buen manejo estatal, llegó un virus que lo salvó de los malagradecidos comunistas que no aprecian el inmenso valor que tiene vivir en el país del mágico realismo, la querida Polombia.

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