Un Polo no tan democrático

Reflexiones de un polista arrepentido

Por: Eduardo del Río Amador
Octubre 16, 2014
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Un Polo no tan democrático
Foto:Archivo del Autor

“Yo no estoy en contra del libre comercio, más bien diría que esto no puede considerarse verdadero libre comercio. No creo que el congreso ni el presidente deban tener la autoridad de aprobar este tipo de tratados que solo sirven a intereses particulares… que fueron diseñados en la Organización Mundial del Comercio, o en el marco del ALCA… son este tipo políticas las que considero lesivas a nuestra soberanía nacional: hacen daño a nuestros trabajadores, y nos aproximan una crisis de empleo… y el congreso por su parte no está a la altura de la responsabilidad que tiene con el pueblo. El congreso debería estar protegiéndonos… Pero estas acciones irresponsables han generado un gran déficit fiscal, por una mala política monetaria, y también por la guerra, que están destruyendo la economía, y que nos deparan una inevitable catástrofe” [1].

Estoy seguro de que nadie tendría problemas en creerme si dijera que la anterior cita pertenece al senador Jorge Enrique Robledo. Sin embargo, esas palabras no las pronunció el reconocido líder del Polo Democrático, sino Ron Paul, un congresista norteamericano, oriundo de Texas, miembro del partido Republicano y representante de la derecha más dura, al punto de ser considerado el padre ideológico del Tea Party.

Confieso que soy un polista arrepentido, o más bien, alguien que se salvó de ser polista. Siempre tuve al Polo por un partido de izquierda progresista, lo más parecido a una socialdemocracia moderada, y por esa razón estuve interesado en pertenecer.

Como mis primeros acercamientos fueron con miembros de la línea de Robledo, para documentarme, en aquel entonces, entré a la página web del Moir. ¿Qué es el Moir? Dice la página, que el Moir es “un partido político de la clase obrera. Su misión fundamental consiste en dirigir la lucha de clases del proletariado colombiano por su emancipación definitiva, instaurar el socialismo en Colombia y realizar el comunismo. Defiende los intereses del pueblo y de la nación colombiana y su objetivo inmediato es la revolución de nueva democracia” [2].

Eso de “implantar el socialismo y realizar el comunismo” no me simpatizó en lo más mínimo, pero nunca he sido una persona dogmática. Consideré que posiblemente el Moir constituía alguna suerte de línea heterodoxa del marxismo, que no simpatizaba con los excesos cometidos en los regímenes soviético, maoísta y del sudeste asiático, y que más bien era una nueva conformación, acaso más ética y racional, de la construcción de esas utopías de izquierda. Sin embargo, ahí mismo en la página, en una pestaña dedicada al Marxismo, no encontré ninguno de los escritos de los marxistas heterodoxos, como Antonio Gramsci y Walter Benjamin, o al menos, de marxistas ortodoxos que jamás justificaron la violencia, como la escuela germano-holandesa de Gorter, Korsch y Pannekoek. Lo único que encontré fue el marxismo de siempre: Vladimir Lenin, José Stalin y Mao Zedong, y claro, los escritos de los padres ideológicos del Moir, principalmente Francisco Mosquera.

Cuando pregunté a unos jóvenes militantes del Moir, qué pensaban de la lucha armada, del mal llamado socialismo bolivariano (porque Bolívar era liberal y burgués, y despreciado profundamente por el mismo Marx), y del estalinismo, me respondieron sin vacilación con la falacia del falso escocés (no true scotsman fallacy [3]): “La lucha armada estuvo justificada en su tiempo, pero ahora no tiene sentido. Y aquellos no son gobiernos socialistas; de hecho, hacen quedar mal al verdadero socialismo”. Entonces, cuando les increpé sobre el genocidio de Mao Zedong en la ‘revolución cultural’, dijeron (bajando un poco la cabeza): “pero no hay que negar que también se lograron cosas buenas”.

Desafortunadamente, no tuve oportunidad de preguntarles lo que pensaban del padre fundador de su movimiento, Francisco Mosquera. Pero bastan algunas citas para ilustrar su pensamiento. En una entrevista titulada “Somos los Fogoneros de la Revolución” [4], preguntado sobre la vigencia de la lucha armada, Mosquera dijo esto:
“Las fuerzas marxistas-leninistas, y con ellas nuestro partido en gestación, han insistido como principio táctico, en que las muchas luchas son cambiantes y flexibles, y no inmutables y rígidas, y están determinadas por la correlación de fuerzas con el enemigo… la pauta fundamental al respecto ha de ser la de que la acción aislada de los revolucionarios no puede suplir la lucha de las masas … El deber de los revolucionarios es ponerse al frente de esas luchas y pugnar por elevarlas a expresiones más altas y conscientes. Este proceso de cualificación y ampliación de las batallas de las masas convergerá algún día en la lucha insurreccional de todo el pueblo unido por la liberación y la revolución.”

¿Debemos entender esto como una adhesión a la combinación de formas de lucha por parte de Mosquera? ¿la lucha de masas desde la sociedad civil debe converger en la lucha insurreccional de todo el pueblo unido? Sigamos leyendo lo que dijo:

“Un hecho de innegable significación en la vida nacional es la aparición, desde hace más de un década, de movimientos guerrilleros que los gobiernos han querido sindicar a toda costa de expresiones de delincuencia común pero los cuales están movidos, como todo mundo sabe, por ideales políticos contrapuestos a los de la vieja violencia bipartidista… El marxismo-leninismo nos enseña que la guerra es la continuación de la política por otros medios. En Colombia hay dos bandos claramente definidos: uno que estanca el desarrollo del país y lo sume en la miseria y el hambre, y otro que combate por el progreso y bienestar de las inmensas mayorías…”

En Colombia hay dos bandos. Vaya, vaya. Tal vez el Polo Democrático esté contra la lucha armada, como siempre afirman. Puede que incluso el mismo Moir haya logrado desligarse de esa línea de pensamiento que les dejó su padre fundador. Aunque la verdad completa no puede saberse. Desafortunadamente el Moir se caracteriza por ser un movimiento de muy poca difusión pública, no existen videos donde se expresen sus ideas, sus causas o luchas, y lo único escrito en su página web que sea contemporáneo, son noticias. Si uno quiere saber qué se piensa al interior, le toca pertenecer al partido.

Y si uno quiere pertenecer al partido, ¿qué clase de movimiento político encontrará? En la misma entrevista mencionada [4], preguntado por el tipo de estructura de su partido, Mosquera dijo:

“Forman parte del partido solamente los elementos del proletariado, aunque no sean de extracción obrera, que asuman la posición revolucionaria y proletaria y cumplan los siguientes requisitos: acepten el programa y los estatutos del partido, contribuyan a sostenerlo materialmente y se incorporen y trabajen activamente en una de sus organizaciones… El partido se rige por un principio organizativo básico: el centralismo democrático, cuyo fundamento consiste en que el partido cuenta a todo nivel con una dirección centralizada y ésta se conforma democráticamente. Sin excepción, el miembro obedece a la organización, el nivel inferior al superior y todo el partido al Congreso Nacional y al Comité Central”.

¿Cómo entiendo yo esto? Pues que en la práctica, ud limítese a difundir la línea decretada por la cúpula del partido. Procure convertirse en un megáfono de lo que digan los líderes, y si quiere escalar como cuadro político, trate de ser un Robledito, como hacen Juan Sebastián López, Sergio Fernández e Inti Mesías, los jóvenes líderes del Polo, a quienes, si leemos sus cuentas en redes sociales, no sabríamos decir si hablan ellos o habla Robledo, o si cuando hablan como voceros de la MANE lo hacen a nombre de los estudiantes o del ideario del Polo Democrático.

Ese tipo de prácticas me recuerda los concilios ecuménicos de la iglesia católica. Un conjunto de sabios se reune a determinar qué es inspiración divina y qué es herejía, y posterior a la santificación del canon, toda controversia es condenada. Como dice Aurelio Suárez: “todo el que quiera pertenecer al Polo es bienvenido, siempre que acepte y cumpla el Ideario y los estatutos”.

Este tipo de comportamiento hace parte del recelo sectario que Mosquera le imprimió al partido desde su gestación. Y que está expresado en amplitud en sus ensayos “Lecciones de táctica y lucha interna”, y “Unidad y Combate”. Por sectario, se entienden tradicionalmente las actitudes y comportamientos dentro de una comunidad ideológica que busca activamente la conversión de los no pertenecientes. También se busca que las disidencias internas sean purgadas o neutralizadas. Se practica la ortodoxia de pensamiento y se caracteriza por el antagonismo entre las líneas divergentes del movimiento.

También permítanme enumerar las características que los sociólogos [5] han encontrado respecto al fanatismo:

1. Convicción firme de la absoluta certidumbre de las posturas propias.
2. Tratar de imponer nuestras convicciones en los demás. La no existencia de puntos medios, acuerdos o concesiones.
3. Visión dualista del mundo.
4. Devoción y sacrificio por la causa del movimiento.

Para contrastar con esos incisos mencionaré cuatro cosas.

1. Alguna vez el periodista Andrés Hoyos comentaba [6] que Robledo había enviado una carta al diario El Espectador pidiendo comunicar al periodista que no había lugar a una discusión entre ellos, pues sus opiniones eran inapelables.
2. En época de elecciones presidenciales, cuando se planteaba la necesidad de hacer alianzas en un frente de la izquierda, Robledo respondió, como siempre, “quienes quieran hacer alianzas con el Polo ahí tienen el ideario del partido”.
3. ¿No da muchas veces la impresión de que toda política propuesta por algo que no sea el Polo, ante el análisis de Robledo, producirá nada diferente a la catástrofe?
4. Cuando se destapó el escándalo del carrusel de la contratación en Bogotá, Robledo se mantuvo firme en la defensa de Samuel Moreno, todo por mantener la unidad del partido.

Ese es el legado de Mosquera. El logotipo del Moir es una estrella amarilla en un fondo rojo. Es un símbolo del comunismo chino, donde la estrella representa “el liderazgo único del partido”. La denominada “revolución de nueva democracia”, la que se especificó al principio entre los objetivos del Moir, es una tesis maoísta, basada en “el bloque de las cuatro clases”, que son los campesinos, los proletarios, la pequeña burguesía (clase media) y los capitalistas del orden nacional. ¿Por qué Robledo defiende la industria nacional, a los campesinos y a la clase obrera? porque los ve como sujeto revolucionario.

En democracia, la libertad de pensamiento y opinión son irrenunciables; pero en política, la responsabilidad es, acaso, un deber mucho mayor: uno tiene que saber escoger a sus maestros.

Solo basta con repasar las ideas de Lenin, de Mao Zedong, del Che Guevara, para encontrar innumerables citas justificando la violencia y el asesinato con fines políticos. Por no mencionar que no ha existido NI UN SOLO GOBIERNO o estado comunista, que no haya practicado sistemáticamente la persecución, el genocidio y los crímenes políticos. El comunismo tiene a sus espaldas, 10 veces más muertos que el nazismo y el fascismo juntos. En Europa del este hay monumentos a las víctimas del comunismo, así como en Alemania hay monumentos a las víctimas del nazismo. Y el marxismo propiamente dicho tampoco se salva. La violencia marxista no es armada, pero sí es violencia estructural: la lucha de clases, la dictadura del proletariado (dominio de una clase sobre la otra), la extinción de la propiedad privada, y supeditar los derechos del hombre a los intereses de la revolución.

Yo le creo a Robledo cuando dice que rechaza la lucha armada. Mis objeciones hacia su pensamiento y accionar político no tienen que ver con temores del coco comunista, sino con el hecho de que se ha formado en una escuela de pensamiento que siempre ha sido autoritaria, que comprende la democracia como una lucha de intereses y la supremacía de los mismos, y que sus ideas económicas son anacrónicas. Porque el pensamiento económico de Robledo no es siquiera del siglo XIX, sino del siglo XVI, ideas propias del mercantilismo de los estados nacionales.

No me agradan Robledo ni su partido porque no me parecen democráticos. El canon incontrovertible no es democrático, la obediencia irrestricta no es democrática, la supresión de la diversidad al interior del partido no es democrática. Tomar la política como una forma de hacer la guerra, no es democrático. Enseñarle a los jóvenes a admirar a Mao Zedong, un hombre que mató a millones de hermanos suyos, no es democrático.

Cuando se planteaba la posibilidad de apoyar a Antanas Mockus contra Juan Manuel Santos, durante la campaña presidencial de 2010, Robledo dijo que “el proyecto de Mockus no era intercambiable con el del Polo” [7]. Y luego de linchar dialécticamente la persona de Antanas, enfatizó en que “no puede confiarse en la honradez de alguien que esconde sus ideas”.

Entonces, dado que no puede confiarse en la honradez de alguien que esconde sus ideas, le pregunto yo a ud, senador Robledo: ¿es ud marxista? ¿es ud socialista? ¿es ud comunista? ¿utiliza ud su partido como un caballo de batalla que lleva por dentro al Moir y su Revolución de Nueva Democracia? ¿cuándo piensa decir en el congreso que su objetivo principal es “implantar el socialismo en Colombia y realizar el comunismo”?

No crea ud, senador, que estoy sacando al coco soviético. Solo le pido que tenga la honradez de exponer con claridad sus verdaderas intenciones. Diga cuáles son sus ideas. Si el Moir ya no quiere “implantar el socialismo”, ¿por qué lo dice en su página web? Y si todavía lo quiere, pero ud no, ¿por qué milita ud ahí entonces?

Procure tirar menos piedras a los cristales, y trate de soplar más botella. Hizo bien en asomarse al encuentro de las Dignidades Agrarias. Porque durante el paro campesino ni se apareció, y también se quedaron esperándolo en la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular. Cepeda, que no es del Moir, al menos va por allá. No habla bien de ud que solo ande buscando a los campesinos para ponerlos a quejarse por las casas de Santos, y que no los apoye en las iniciativas que ellos mismos desarrollan, en esas verdaderas expresiones de “nueva democracia”.

Ah, cierto, el liderazgo único del partido. Robledo soy yo. El Polo soy yo. La izquierda soy yo.

REFERENCIAS
[1] Ron Paul: Oppose Free Trade Agreements | NAFTA, Trans-Pacific Partnership, TTIP. https://www.youtube.com/watch?v=OFLRuMHAK_w
[2] http://www.moir.org.co/-MOIR-.html
[3] http://www.logicalfallacies.info/presumption/no-true-scotsman/
[4] http://www.moir.org.co/SOMOS-LOS-FOGONEROS-DE-LA.html
[5] Kalmer, Marimaa. THE MANY FACES OF FANATICISM. ENDC Proceedings, Volume 14, 2011, pp. 29–55. http://www.ksk.edu.ee/wp-content/uploads/2012/12/KVUOA_Toimetised_14_2_kalmer_marimaa.pdf
[6] http://www.elespectador.com/columna200411-respuesta-robledo
[7] Robledo. El proyecto de Mockus no es Intercambiable con el del POLO. https://www.youtube.com/watch?v=2IeLt026l3s

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