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El petróleo rondará los 50 dólares aunque los grandes productores se aprieten el cinturón

Opep y Rusia siguen dándose el lapo con los recortes, pero el aumento de producción en EE. UU. hace vanos los esfuerzos por subir los precios. Seguiremos sudando petróleo

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Mayo 25, 2017
El petróleo rondará los 50 dólares aunque los grandes productores se aprieten el cinturón

Como en los más fascinantes cuentos árabes, este de los dueños del petróleo tenía  una buena dosis de intrigas y manipulaciones.  Y un final previsto para cuando luces y cámaras anunciaran la acción de los protagonistas en los salones de Viena este jueves de mayo. Así fue. Arabia Saudí cumplió con su papel de líder de la Opep, anunció lo que estaba en el guion, se ciñó al libreto y presentó la prolongación de los recortes de producción por nueve meses más en compañía de Rusia y los productores que se han unido al intento de hacer subir los precios. Pero la pregunta del millón quedó en el aire, más allá de la capital de Austria: ahora, ¿quién confía en Opep?

El que fuera poderoso cartel con 13 miembros capaces de manipular los precios a su voluntad, ha tenido que unirse nuevamente con Rusia -el mayor productor del planeta- y once más para poder tener alguna influencia en el mercado. Seis meses después del acuerdo de Viena, que ratificó el de Argelia, poco se ha visto. El objetivo de 60 dólares por barril se ha quedado dando tumbos alrededor de los 55 como máximo para el Brent y un poco menos para el WTI. Un triunfo pírrico para los grandes productores del mundo porque después de anunciar recortes de 1,8 millones por día, los precios apenas han subido de los 48 dólares de hace un año.

Para empezar, los planes han fallado por la falta de cumplimiento de buena parte de los que firmaron. Rusia que se comprometió a retirar 300 000 barriles diarios, solo estaba produciendo 40 000 menos en abril. Omán, Kazajistán, Malasia, Azerbaiyán o Guinea Ecuatorial, que juntos habían prometido retirar 177 000 barriles, no han reducido sus bombeos. Sí lo ha hecho México, que se había comprometido con 100 000 barriles diarios menos.

Opep también ha cumplido con la tarea. Su producción conjunta de 31,7 mbd en abril, supone 1.3 millones de barriles diarios menos que en diciembre: su objetivo era 1,2 mbd.  Pero a pesar de todos los esfuerzos de unos y otros, todavía sobran 770 000 barriles por día en el mercado, según los cálculos de la mismísima Opep.

En este punto, lo que está claro es la pérdida de influencia del cartel para acomodar la oferta de crudo a la demanda existente. Porque, detrás de bambalinas hay un actor de primer orden: Estados Unidos. El notable aumento de su producción, con 550 000 barriles de más entre el último trimestre de 2016 y el primero de 2017 da buena cuenta de ello.

Es que la producción de petróleo en Estados Unidos no ha parado de crecer desde octubre de 2016. La industria del shale ha renacido de sus cenizas para amargar a la Opep el recorte que pactó en noviembre del año pasado, a tal punto que hay quienes se atreven a decir que “el precio del oro negro tiene un techo que se mueve al son del fracking “.

Trump le ha dado carta blanca al fracking por encima de los problemas medioambientales

 

Su base es la Cuenca de Permián, que ocupa gran parte del oeste de Texas y un trozo del este de Nuevo México, y desde allí está haciendo de las suyas, tanto así que hoy representa una cuarta parte de todo el crudo que se produce en Estados Unidos. Muchas empresas que parecían condenadas a la desaparición han vuelto a la vida gracias a los bajos costos de extracción en esa zona. Lilus Energy, por ejemplo, una petrolera que trabaja en esta cuenca, tiene previsto multiplicar por siete su producción a mediano plazo.

Porque con la llegada de Trump, su laxa actitud frente a temas medioambientales, y los mejores precios, el shale que lidera uno de sus asesores, Harold Hamm, ha tenido un repunte espectacular. Para la muestra, Dakota del Norte produce más de un millón de barriles diarios, es decir, casi tanto como Argelia y Qatar, y más que Omán, en su inmensa mayor parte con fracking. Y según estudio de la Agencia Internacional de Energía, la producción de petróleo y gas de esquisto se disparará en los próximos 20 años y, para 2035, el 25% del crudo y el 50% del gas del país procederán únicamente de estos yacimientos ‘enquistados’ en la roca. Más cerca en el tiempo pronostica que Norteamérica aportará el 40 % de los nuevos suministros energéticos, mientras la contribución de la Opep se hundirá al 30%.

Después de visitar Arabia Saudí, Trump anunció que venderá 340 millones de barriles en 10 años

Para completar el escenario, Donald Trump está en escena. Esta semana hizo cundir el pánico cuando anunció, dos días después de su visita al rey de Arabia Saudí, que en el  presupuesto para 2018 prevé vender la mitad de las reservas estratégicas y  comenzar a explotar los yacimientos de la Reserva Nacional del Ártico. El plan busca sacar al mercado la mitad de los 688 millones de barriles que la Casa Blanca atesora en cámaras subterráneas en Louisiana y Texas desde la crisis de los años 70. Así entrarían 95 000 barriles diarios al mercado en los próximos diez años. La razón de esas propuestas es simple: la dependencia de los hidrocarburos importados ha caído dramáticamente por el notable aumento de la producción. Trump espera conseguir unos 16.600 millones de dólares para compensar el aumento del déficit público ocasionado por rebajas sustanciales de impuestos y aumento en infraestructura. Las prospecciones del Ártico indican ingresos por 100 000 millones de dólares en 2022. Los ecologistas ponen el grito en el cielo, los republicanos de Alaska lo secundan. Aún falta que el Senado le dé luz verde al proyecto. Aprueben o no, lo que está claro es que el petróleo será la fuente a la que acudirá Trump para allegar los recursos que cubrirán la deuda.

Los grandes productores del petróleo del mundo pueden ya estar dándose cuenta de dos cosas. Que su incidencia en el mercado es “muy baja” y que en lugar de definir los precios van a tener que cambiar su papel al de un simple “estabilizador”. Y reconocer lo poco que pueden hacer con los recortes de producción y la gestión de las reservas de crudo frente a la aparición energética, llena de creatividad, tecnologías y recursos financieros de los nuevos productores de shale oil .

Además, que están inmersos en un perverso círculo vicioso, donde el aumento de los precios solo hará que crezca la ambición de los dueños del fracking que de 60 dólares han logrado bajar a cerca de 40 sus costos de producción.

Para Colombia, que no es miembro de Opep y no tiene cuota, un petróleo por encima de los 50 dólares le ayuda a por lo menos mantener lo que proyectó en el presupuesto de 224 billones de pesos para este año con crudo en 47,5 dólares por barril. En ese presupuesto ya se manifestaban los efectos de los bajos precios con un recorte de inversión de 10 % y una deuda de 54,34 billones, que se representa 24 % del presupuesto total, como fruto del endeudamiento interno y externo para tapar los huecos. Mientras tanto, el bolsillo de colombianos era perforado por el aumento del IVA a 19 %.  Mejorar las perspectivas no es posible por ahora. Los precios del petróleo se mantendrán en el mejor de los casos y, por lo tanto, el precio del dólar seguirá fluctuando en la banda que lo ha estado haciendo.

A estas alturas, lo que es cierto es que la gran batalla del anciano exministro de Petróleo de Arabia Saudí, Alí al Naimi por no dejarse arrebatar una parte del mercado de los productores de esquistos, que llevó los precios a 20 dólares, está dejando a unos cuantos tendidos en el campo. Con una certeza de Perogrullo entre pecho y espalda: es más fácil bombear para descolgar los precios que apretarse el cinturón para hacerlos subir. De paso, cuando se paguen las luces de Viena, estará sobre el tapete hasta dónde más debe llegar el sacrificio de los miembros del cartel y sus aliados y si es la hora de que Opep empiece a pensar en soluciones más imaginativas que los simples recortes de producción.

 

 

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