Opinión

Petro, ¿se va o se queda?

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enero 18, 2014
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“-Acepte el hecho de que algunos días usted es la paloma, y algunos días usted es la estatua.”

“-Mantenga siempre sus palabras suaves y dulces, por si tiene que comérselas.”

“-Acepte que es posible que su único propósito en la vida sea simplemente servir como una advertencia para los demás.”

“-Algunos errores son demasiada diversión para cometerlos una sola vez.” Frases  que circulan en un mensaje de correo electrónico

Ha trascendido las fronteras de la capital la destitución del Alcalde Mayor por parte de la Procuraduría. Se ha convertido en el plato del día desde su anuncio, el 9 de diciembre del año pasado, para el país entero. Jugoso manjar que está siendo utilizado, aprovechado, manoseado por todo el mundo. Los medios sirven en bandeja cada día declaraciones, entrevistas, anuncios, adobados con toda clase de ingredientes que sirven para abrir el apetito de la confrontación, de la polarización, de la discordia, de la apología. Menú que despierta, como pinche jugo de borojó, las pasiones.

Para nadie es un secreto que este asunto se ha convertido en un juicio político. Tanto los dos principales protagonistas como sus defensores, sus detractores, sus simpatizantes o malquerientes, llevan más de un mes atizando el fuego que cocina fanatismos, fervores, amores y odios.

El alcalde ha aprovechado la oportunidad para emitir las más variopintas opiniones, realizar acciones legales, convocar a manifestaciones públicas en su defensa, cual víctima de una acción perversa y aparece como el mayor defensor de la democracia. El procurador continúa explicando sus razones para ejercer la potestad disciplinaria contra este funcionario público, enarbolando la bandera de impecable cumplidor de sus funciones.

El presidente se muestra como un adalid de la institucionalidad y el cumplimiento de la Ley. Eminentes juristas, columnistas de todas las tendencias y especialidades, dirigentes de los partidos, público en general emiten conceptos, críticas o halagos. Palabras van y vienen, cual balacera cruzada donde el ciudadano se pierde en los pantanos de la desinformación y de la desorientación.

A estas alturas del alboroto se han vuelto muy difusas las causas de la acción del procurador y de la reacción del alcalde mayor. Para muchos ya no importa si hubo extralimitación de funciones por parte del primero o faltas disciplinarias por parte del segundo. El interés se ha centrado más en las características personales de cada uno, sus ideologías, sus creencias, su pasado, sus tendencias políticas… Despliegue del arte adivinatorio de los motivos ocultos de cada cual en sus actos. También en otro arte: el que enseña los ardides con que se puede ofender y defender. A veces da la impresión, al leer o escuchar las noticias sobre el tema, que se trata más de una crónica biográfica o uno de esos semblantes de la revista Hola! que amenizan nuestro tiempo de peluquería.

Poco importa ya lo que en verdad a los bogotanos y a quienes vivimos en esta ciudad nos debería importar: si Petro es o no un buen alcalde, si es apto o no para continuar en el cargo, si su permanencia o retiro beneficia o no a la ciudad, y sus habitantes… De aquí a que todos nos preguntemos esto y tengamos respuestas, los juicios políticos y la medición de sus consecuencias seguirán siendo el corrientazo del día, mientras la ciudad va a la deriva en espera de saber, por fin, si Petro se va o se queda.

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