Petro: la constituyente es el camino

"Las fuerzas que hoy representa el presidente Uribe son necesarias en el marco de un pacto por un territorio pacífico"

Por: Gustavo Petro
febrero 11, 2016
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Petro: la constituyente es el camino

De manera sorprendente y algo fuera de sí, el Presidente Santos salió grito en pecho a atacar la Constituyente y defender el plebiscito para refrendar la paz.

De alguna manera, algo imperceptible para la sociedad, salió a relucir el fondo del problema de la Paz en Colombia.

En 1957 hubo un plebiscito que cerró la violencia entre liberales y conservadores. el pueblo refrendó como solución al desangre, que las elites dirigentes de los dos partidos, se repartieran el poder milimétricamente y los presidentes de uno y otro partido se alternaran durante 16 años, los demás quedaban excluídos: el Frente Nacional. A la postre el Frente Nacional no pudo gobernar sino con el Estado de Sitio, es decir sin democracia.

El plebiscito funcionó, pero el desangre continuó. El pueblo, el constituyente, no fue invitado a participar en el rediseño de un Estado de cara a construir la Democracia y la convivencia, el experimento, hoy historia, fracasó estruendosamente y el país se volvió a llenar de guerrillas, de guerra y de sangre.

Lo que se hizo en 1957, fue una paz chiquita, una paz barata que terminó en una guerra muy cara para todos los colombianos.

Yo creo que no debemos repetir la historia. La experiencia de la Paz con el M19 mostró otro camino hoy inconcluso. Una transformación democrática del Estado convocando para el efecto al constituyente: al Pueblo.

En realidad no necesitamos una refrendación sino una transformación.

El actor de una transformación debe ser la sociedad misma, el acuerdo entre cúpulas militares debe dar paso a la expresión de la sociedad desarmada.

Si la Paz no es un proceso de transformación democrática del Estado y del territorio, una vez firmada la paz por Santos y con todo y su plebiscito, en el gobierno siguiente lo que se verán serán primero, los cortejos fúnebres de ex guerrilleros desarmados como en 1958, 1959 … y luego, el regreso a la violencia, esta vez, ahora sí, bajo el ropaje de todos los narcotráficos y barbaries.

La Paz es una deconstrucción del enemigo.

En toda guerra el enemigo es el otro uniformado y armado. El rival, el contrincante, antaño de civil y desarmado se transforma en enemigo cuando se arma. Ejercito, policía, guerrilla, se ven mutuamente como el enemigo. El enemigo es el soldado, diría el guerrillero, y viceversa. El comandante rebelde estudia al general para eliminarlo y viceversa.

Una vez cesa la guerra, aparece algo extraño, algo que nunca entendería el civil que ordena la guerra. Los militares confraternizan, envejecen unos y otros contando sus anécdotas de guerra, los momentos duros, tristes y alegres, se abrazan entre sí, se consideran compañeros de armas. Algo que evoca el honor de los guerreros, aparece y se vuelve amistad mutua. Los guerreros entienden que se mataban estúpidamente entre sí, y que lo que había detrás del uniforme y del arma no era más ni menos, que un ser humano, tan igual, tan imperfecto, tan grandioso, independientemente de la bandera, del color, del bando. Cuando cesa la guerra, después no será el antiguo guerrero el que mate al otro, será el civil: la política.

La guerra no es de los guerreros. La guerra es de la Política.

La Política ha construido un territorio colombiano violento. Ha construido enemigos por doquier. Ha construido el odio más que la guerra. La forma como de manera tan triste fue destruido un proyecto de justicia social territorial como Bogotá Humana, no fue con el odio de la guerra, fue con el odio de la Política. El territorio violento es injusto por definición, excluyente. No permite la convivencia. Si los guerreros hacen la Paz y retornan al territorio violento o perecerán o tendrán que ser guerreros de nuevo. Será una paz chiquita.

Cuando Santos, afanado por su ambición histórica de ser el Presidente de la Paz, ambición loable, y se enceguece por ella, puede llevarnos a una paz chiquita: el inicio de una nueva violencia.

Como hacer del territorio violento colombiano, un territorio pacífico? Acaso el tránsito de uno al otro, el verdadero proceso de Paz, no es su democratización? Y acaso la democratización no es el fruto de su propia sociedad: el constituyente? Pasa por una refrendación o pasa por una transformación’

Cuando escucho a muchos dirigentes de izquierda decir que la constituyente puede ser un retroceso de las conquistas del 91, porque el uribismo puede vencer, pienso que se equivocan.

No porque el uribismo no pueda vencer, una elección siempre implica el riesgo, y ese riesgo no es más que la libertad que se genera por la decisión democrática. Democracia y libertad son sinónimos, y libertad y riesgo, igualmente; sino porque las fuerzas que hoy representa el presidente Uribe son necesarias en el marco de un pacto por un territorio pacífico.

Soy yo, el que inició la investigación de los nexos del paramilitarismo con la Política en el territorio. Más de sesenta senadores fueron puestos presos tras esas investigaciones. Pero por ello puedo decir que lo importante de esas investigaciones no eran los presos, sino la realidad que afloró de nuestro territorio. Lo que mostré fue la radiografía del territorio violento: el de la exclusión y la masacre.

Siempre vi en el uribismo rural, la expresión de las élites territoriales que usaron la violencia, el paramilitarismo y el narcotráfico para no dejar aplicar la fuerza democratizadora de la constitución del 91 allí. La constitución del 91 solo aplica en fragmentos de grandes ciudades. La más completa aplicación de la Constitución de 1991 fue Bogotá Humana y ya pasó.

La transformación del territorio violento en pacífico, su democratización, implica o una derrota militar de las élites regionales: tenemos un ejército nacional capaz de ello? le pregunte en una de mis primeras conversaciones al Presidente Santos. O implica un pacto con esas élites que permitan una cesión pacífica del poder a las ciudadanías territoriales?

Puede Uribe, en el nuevo contexto llevar a las élites violentas regionales a una transformación democrática del territorio para hacer la Paz, lo puede hacer Santos? Sin ex guerrilleros muertos, sin desaparecidos, sin paramilitares, sin secuestros, el problema gravitaría en una democratización de la posesión de las tierras fértiles y el agua.

En mi viaje a México, me sorprendió observar como las mafias violentas no han podido lavar sus dineros con la tierra. La reforma agraria mexicana de principios del siglo XX ha salvado la tierra y la agricultura mexicana del narco. No así sucede con los contratos públicos de las alcaldías.

Me sorprendió ver, y quizás se burlen de estas palabras o me las malinterpreten, cierta ingenuidad política de las Farc en la conversación que sostuve con ellos en La Habana. Pero me sorprende más pensar en un proceso de Paz que comience con nuevas exclusiones, como el de 1957.

Yo creo que las fuerzas más retardatarias pueden ser vencidas en elecciones a constituyente. Pero esas minorías retardatarias serán básicas para transformar un territorio violento en pacífico. Aún recuerdo la experiencia de la Paz territorial japonesa que llevó al Japón a ser potencia industrial. A los señores de la tierra y sus ejércitos privados, los samuráis, el Estado le cambio la tierra por bonos de deuda pública. El Japón transitó en Paz del feudalismo a la industrialización y se hizo potencia. Eso no hubiera sido posible sin la aceptación generalizada de los dueños de la tierra y sus samuráis. La película el último samurái, cuenta el caso de la única excepción.

Uno de los integrantes más brillantes de las Farc es Yezid Arteta, no se porque no está en su mesa de negociaciones, y no se si sea aún de las farc, pero creo que aportó mucho al traernos la experiencia del proceso de paz guatemalteco: una paz chiquita.

El Estado guatemalteco hizo la Paz con una guerrilla tan vieja como las Farc. Los empresarios privilegiados usando sus medios de comunicación, medios de la guerra, hundieron el plebiscito. Guatemala no se transformó. La guerrilla fue política y estratégicamente derrotada. Pero el Estado Guatemalteco quedó en manos de las mafias. Hoy se debate en la peor de sus violencias, y su sociedad no acierta a transformar su país. Guatemala perdió la oportunidad de una transformación democrática que hiciera crecer su sociedad. Se transformó en Estado fallido.

La Constituyente nos remite a la transformación del territorio, a su democratización, al Pacto. A diferencia de la Constituyente del 91, esta constituyente debe hundir su raíz en el territorio más que en la Nación. Y lograr que en el territorio se deconstruya el enemigo. Si la Política generó la guerra, también la Política puede generar la Paz.

El afán de Santos debe dar paso a su ecuanimidad: que no tuvo en temas como el metro de Bogotá o la Reserva forestal Thomas Van der Hammen, o en Isagén. Si sigue poniendo atención a la intriga palaciega, que le deforma hasta las cifras, de su aliado el vice y su séquito de ministros y superintendentes, terminará saboteando su principal sueño: la Paz.

Si Santos siente la brisa de la grandeza, y se que la siente, debe romper sus propias amarras internas y desatar el proceso constituyente como el paso siguiente a la Paz de los guerreros.

De una paz chiquita a una definitiva era de la Paz en Colombia

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