La idea de Petro de poner como superintendente de Salud a Daniel Quintero, investigado por duros casos de corrupción, me hizo recordar el título del western

 - Petro: el bueno, el malo y el feo

El Bueno, el Malo y el Feo, es una floja película del llamado spaghetti western, a finales de los sesenta, con tres pistoleros de características distintas, al final todos iguales, que se tienen que unir para buscar un tesoro guardado desde la guerra de secesión.  El bueno en la película, a decir verdad, era malo, el malo muy malo, y la película se hizo célebre sobre todo por la banda sonora.

Por alguna razón, la idea de Petro de poner (dicho así, porque más que nombrar, es poner, como se pone una cosa en un mobiliario) como superintendente de Salud a Daniel Quintero, un personaje investigado por gruesos casos de corrupción, me hizo recordar el título aquel.

El bueno o lo bueno, como el título de la película, es que Petro, con una capacidad insumisa para moverse con convicción ideológica, ha marcado una línea divisoria en la historia de la política nacional; es bueno, muy bueno, que siendo siempre este un país polarizado estemos hoy en día ante la posibilidad de la alternancia ideológica, la alternativa de que la izquierda gobierne, se vaya del gobierno o vuelva mediante formas democráticas.

Sin llamarse a mentiras, en Colombia la izquierda no pudo participar o gobernar antes porque la mataron, la desaparecieron, la torturaron

Sin llamarse a mentiras, en Colombia la izquierda no pudo participar o gobernar antes porque la mataron, la desaparecieron, la torturaron. Que el país esté a menos de cincuenta días de elecciones en la perspectiva de la alternancia, es decir, que tras el primer gobierno de izquierda en la historia, pueda esta volver a ganar o ser reemplazada por un gobierno de otra tendencia (descartando por supuesto a De La Espriella, cuya única tendencia es él mismo), es más que bueno, es sano, es un país que cambia para bien en la noción democrática del poder.

El malo y el feo, eso sí, en Petro, se ha situado principalmente en la obstinación para rodearse mal, en esa tendencia al “yoismo” y al desafío tosco: Benedetti, el primero, o Juliana Guerrero, tan solo por ejemplo; tanto flojo y dudoso, en fin, que ha pasado por el gobierno autoatribuyéndose la característica de ser de izquierda, sin serlo en esencia, pero con la capacidad suficiente para la adulación, el mercenarismo politiquero y esa otra de estar dispuestos a hacer “la vuelta que sea”.

Duras han sido las líneas rojas cruzadas en materia de corrupción por muchos funcionarios de este gobierno y eso, además de malo y feo, es imperdonable. Le ha salido costoso a Petro, ha sido negativo para un proyecto político, y le saldrá mucho más costoso al país que, como siempre, será obligado a pagar.

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Del miso autor: Vive libre o muere

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Por Gonzalo Castellanos V

Gestor de políticas e iniciativas culturales y sociales en América Latina. Catedrático. Escritor.