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Opinión

El paro minero, las transnacionales y Venezuela

El paro del nordeste antioqueño no es solo un conflicto de mineros y Gran Colombia Gold, son también las determinaciones sobre la explotación y comercialización de nuestros bienes comunes

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Agosto 11, 2017
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El paro minero, las transnacionales y Venezuela
Solo quienes tengan título podrán vender, así que para el caso de Remedios y Segovia ningún minero puede ahora disponer del oro que tenga en su poder

Continúa el paro minero de Remedios y Segovia, en el nordeste de Antioquia. Su definición, pese a que se piense en él como el problema de una esquina perdida del interior del país, envuelve determinaciones concretas en un asunto de primer interés nacional, la explotación y comercialización de nuestros bienes comunes.

A su manera, el conflicto entre los mineros y la Gran Colombia Gold, reproduce en pleno siglo 21 la milenaria confrontación entre imperios y pueblos sometidos. Las invasiones y exacciones de ciudades o países poderosos a otros más débiles en procura de hacerse a sus riquezas, son una historia tan vieja como la Biblia, que registra numerosos episodios de esa índole.

El oro y la plata de América que la España atrasada llevó a Europa desde sus colonias resultó vital para el desarrollo del capitalismo, el cual a pesar de su inmenso desarrollo científico y tecnológico, poco ha hecho para cambiar la imagen de socavones y mineros trabajando como esclavos largas jornadas, para beneficio de los ricos propietarios de las minas.

Corren los tiempos de las corporaciones transnacionales dedicadas a la especulación financiera, aunque se afirma que tras la crisis general del 2008, volvieron sus ojos hacia el sector primario. Hoy día, firmas casi fantasmas, con bajo capital, consiguen con métodos no siempre santos, adjudicaciones mineras en países gobernados por élites indiferentes a la suerte de sus pueblos. Luego, gracias a la valorización de sus acciones como consecuencia de los fabulosos yacimientos que anuncian, realizan jugosas negociaciones en bolsas de valores del extranjero. Ellas mismas, engrandecidas por los aportes de nuevos socios, u otras compañías que las adquirieron, llegan finalmente a explotar las minas adjudicadas con toda clase de gabelas.

Teorías surgidas en las grandes escuelas de economía de Londres, París o Washington, se encargan  de pontificar que las cargas tributarias y las imposiciones de índole social ahuyentan la inversión. Así, en los  países objeto de la inversión minera transnacional, los impuestos y regalías se reducen a los mínimos. Se impone el criterio de que la creación de empleos directos e indirectos, como consecuencia de la generosa inversión, junto con las actividades económicas colaterales, compensan con creces la pérdida de los ingresos por las diversas exenciones.

Nuestros países dejaron de ser dirigidos por burguesías o terratenientes nacionales, con repentinos arranques patrióticos que los llevaban a veces a reñir con grandes poderes mundiales, para ser gobernados por élites sin sentido de patria, vinculadas íntimamente con las grandes redes del capital transnacional, preocupadas fundamentalmente por el éxito de éste, que redundará finalmente en el aumento de su propia fortuna. Se ha hecho natural que los altos funcionarios del Estado vinculados a estas transacciones, terminen una vez cumplido su período en el cargo, como empleados de confianza en esas grandes compañías extranjeras.

Es así como poderosas corporaciones arrasan con los recursos mineros de los países, dejan escasas regalías, están exentas del pago de numerosos impuestos, generan poco empleo, y si lo hacen pagan salarios miserables por cuanto se valen de tercerías para la contratación de la mano de obra. Pueden expandir su actividad por toda el área adjudicada, que incluye hasta cascos urbanos poblados, zonas de histórica vocación agrícola y pequeñas y medianas explotaciones mineras que pasan a ser consideradas ilegales. Como ejemplo de sus abusos, La Gran Colombia Gold amenazó a Colombia con una demanda multimillonaria si no garantiza sus explotaciones en el país.

Son puestas también al servicio del enclave minero las aguas requeridas para la explotación, es decir los ríos, quebradas y lagunas que antes servían a las comunidades. Si se repara bien, se trata de una fuerza invasora que lo devora todo y cuenta con la protección policial y militar del Estado, presta a caer brutalmente sobre las cabezas de quienes se le opongan.

 

Quienes vivieron de minería artesanal podrán continuar haciéndolo, dicen las nuevas leyes,
si obtienen título de explotación, con los mismos estándares de la corporación,
un imposible.
Además, se les prohíbe la comercialización del mineral

 

Las miles de familias que vivieron de minería artesanal podrán continuar haciéndolo, dicen las nuevas leyes, siempre que obtengan su título de explotación minera, para lo cual deberán cumplir con los mismos estándares de la corporación, un imposible. Además se les prohíbe la comercialización del mineral. Sólo quienes tengan título podrán venderlo, así que para el caso de Remedios y Segovia ningún minero puede ahora disponer del oro que tenga en su poder. Otra fiesta para los intermediarios de la corporación.

En Venezuela, una joven revolución se empeña en recuperar para su pueblo sus recursos, en contra de la lógica dominante mundial. Eso la hace objeto de los odios imperiales y de todas las élites neoliberales del continente, que la atacan sin piedad. Afirmó el general Padrino López refiriéndose a los traidores, es fácil ser revolucionario con el petróleo a 100 dólares, otra cosa con el bloqueo encima. Eso pasa en una democracia con un ejército patriótico y una poderosa milicia popular. ¿Qué pueden conseguir los mineros del nordeste, solos y tratados como criminales?

 

 

 

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