¿Paranoia y censura en la Universidad Nacional?

Al parecer, los estudiantes han perdido espacios culturales y de diálogo

Por: Mateo Córdoba Cárdenas
Octubre 31, 2014
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¿Paranoia y censura en la Universidad Nacional?
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Cualquier colombiano, al escuchar “Universidad Nacional” puede construir distintas relaciones en su cabeza. Hay desde quienes relacionan aquel nombre con los mejores estudiantes del país, hasta quienes piensan en guerrilla y encapuchados. Ciertamente, ambas apreciaciones tienen algo de verdad. Por la Universidad Nacional han pasado personajes tan ilustres para la historia colombiana como Virgilio Barco y el mismísimo Jorge Eliécer Gaitán. También personajes como Jaime Garzón o Antanas Mockus caminaron por el campus –cada vez más viejo y arruinado– de la universidad. Y sí, también algunos jefes guerrilleros y uno que otro pillo de la política hacen parte de la lista de egresados. De allí que podamos agarrarnos de aquella frase que tanto se escucha dentro y fuera del campus: “La nacho es una Colombia pequeñita”. Hay de todo, basta con caminar por los diferentes senderos para darnos cuenta que la universidad tiene exactamente los mismo problemas de la ciudad y el país. El espacio está copado de mini-tiendas, conocidas como chazas dentro del campus, en su gran mayoría administradas por los estudiantes que ven en ellas una posibilidad de sustento y trabajo. También hay huecos por donde usted quiera ir. A veces los carros que transitan por la “nacho” violan las normas de tránsito que rigen dentro de la misma, que por cierto, no son muchas. Incluso uno podría afirmar que la Universidad tiene un lado bonito y un lado feo, así igualito a como a veces queremos entender Bogotá, lo bonito al norte y lo feo al sur.

A pesar de todos estos aspectos que, en efecto, hacen parte de la infinita lista de problemas con los que cuenta nuestro querido campus, la Nacional ha forjado históricamente en sus sedes –regadas por varias zonas del país– unos espacios de cultura y academia que enriquecen el compromiso de la universidad con la sociedad. Si, este compromiso si existe. La universidad no solo ha sido un lugar desde el cual se exportan teorías e investigaciones, aunque de esto ha vivido por mucho tiempo. Los espacios culturales abundan en el alma máter. Toques, canelazos, murales, fogatas, conversatorios, cine-foros, y muchas otras actividades resultado del proceso de apropiación que han tenido estudiantes y ciudadanos con su campus, el campus que a todos nos pertenece. “Parchar” en la Nacho era uno de los planes de la inquieta juventud bogotana, aunque seguramente no solo a jóvenes se reduce la población que a diario disfruta de la universidad como segundo hogar. La cultura hace parte del paisaje, además de la inteligencia y el pensamiento crítico, y es esta la que ha construido y fortalecido a la institución como aquel lugar para la diversidad y la pluralidad, dos pilares del buen ejercicio de la cultura.

Desde hace unos años se vienen desarticulando dichos espacios tan ricos en cultura y diversidad que en la Nacional pervivían. Y no quisiera señalar al gobierno de algún ilustre presidente egresado de una universidad pública de Medellín como el gestor de estas tendencias anti-culturales. Poco a poco la universidad ha cerrado sus puertas. Desde las directivas, año tras año, se han ido desarrollando políticas de censura a las diferentes manifestaciones que, buenas o malas, hacían parte del SER de la Universidad Nacional de Colombia. Es incuestionable la permanente problemática de los desmanes causados por los grupos encapuchados, que eran muy recurrentes hasta que la herramienta –facilista por demás– del desalojo, le empezó a solucionar aquel dilema a estas directivas.

Por estos días la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) nos da una lección de paz y convivencia. Se han sentado todos los actores que hacen parte del gran problema en las universidades públicas además de la falta de plata: Los encapuchados. Las directivas de la pedagógica se han sentado a hablar con estudiantado y grupos clandestinos para llegar a acuerdos de convivencia y concretar un ambiente democrático y pacífico dentro del campus.

En la Nacho no pasa eso, ni más faltaba. Ignacio Mantilla, matemático egresado de la misma universidad que ahora dirige como rector y Diego Hernández, ingeniero y vicerrector de la Nacional, se han esforzado por no dialogar y simplemente censurar. La alarma de desalojo es una de las pocas muestras de que tenemos directivas. Una alarma que por cierto, altera a cualquiera. No hablaré de la legitimidad de estos dos personajes como rector y vicerrector, eso es otro tema que debe seguirse tratando dentro de la casi inexistente democracia universitaria que tanto se nombra dentro del campus. Como directivas, estos 2 años no han hecho otra cosa que acallar la voz de los estudiantes, sus peticiones y, por si fuera poco, sus manifestaciones culturales.

No hay cosa más triste, para uno como ciudadano, que ver la nacho cerrada. Es inconcebible que la paranoia de estos dos satíricos personajes nos prive a todos, no solo como estudiantado sino como ciudadanos, de “parchar” y vivir la universidad.
Permítanme explicarles un poco de uno de los mayores mitos en la universidad: El famoso Aquelarre. Esta palabra está llena de significados dentro del campus. Históricamente, llegado el Halloween, en la universidad se armaban fiestas que terminaban en fogatas, música y gente volviéndose “loca”, aunque espero que este calificativo no resulte ser demasiado sugestivo para usted como lector/a. Las políticas de censura, que vienen aplicándose en el campus hace algunos años, han ido difuminando esta y otras formas culturales propias de la Nacional. Aquelarres ya no hay y cuando de pronto por allí se ve la intención de armar uno, desde las directivas se opta por cerrar la universidad. No pregunte qué pasa con las clases y todo lo demás que cotidianamente se hace dentro del claustro. Simplemente el repudio de aquellos personajes pusilánimes (puestos a la cabeza de la Universidad por el gobierno nacional para salvaguardar ciertos intereses) por la expresión cultural y estudiantil, ha hecho de la Universidad un parco lugar de clases.

Hace 1 año la nacho se cierra los viernes a las 4. No hay cultura ni nada que valga, simplemente se cierra. Y la más reciente medida de censura de las directivas hacia el estudiantado ha sido la de esta semana, que sin dios ni ley, ha optado por cerrar la universidad jueves y viernes. Es que qué miedo que de pronto hagan un festival o se cree cultura en la Nacional, tal vez hacemos aquelarre y eso no genera plata para Mantilla.

Que paradoja es querer hablar de autonomía universitaria cuando las mismas directivas violan aquel principio. Autonomía no es poder cerrar la universidad cuando se les antoje, autonomía es, ante todo, soberanía sobre el territorio universitario e independencia y libertad en el ejercicio académico y cultural.
Yo quisiera invitarlos a todos a la nacho, aunque invitar no es la palabra porque esa universidad es de ustedes y mía, pero es que me da pena que lleguen y esté cerrada. Y bueno, también me da pena decir que los directivos de mi universidad no me dejan ir a estudiar.

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