Opinión

Otra vez con siete sin “Hablando de…” que me excedo

“Su marido miró a su amante del quinto por unos segundos…”

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Diciembre 02, 2018
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Otra vez con siete sin “Hablando de…” que me excedo
“Para su asombro, se encontró a su marido en mitad de faena…”

Cosas de él

La mujer del canoso Cruz llegó a casa mucho más temprano que de costumbre, es que con la crisis el tráfico es mucho más fluido, afirma como si fuese una verdad matemática, y para su asombro, se encontró a su marido en mitad de faena, con nada menos que con la fulana del quinto. Estaban ambos desnudos, tremendamente desnudos. —Cruz —le dijo (siempre lo ha llamado por el apellido, cosas de ella…), debo decirte que estoy sorprendida—. Su marido miró a su amante del quinto por unos segundos, quien aún mantenía la almohada cubriendo sus pechos, para mirar acto seguido a su mujer que se mantiene aún bajo el marco de la puerta de la habitación conyugal. —Perdona que te corrija, amor, —le dice con toda la seriedad del caso, —pero querrás decir estupefacta, ya que tienes que saber que el sorprendido soy yo—.

 

El hombre miró a su amigo con una amarga tristeza, viendo cómo el pobre tipo obedecía todo lo que su mujer ordenaba. Que te levantes, y el otro se levantaba, que ve y haces esto, y el otro obediente, que tal y cual, y el tipo sumiso, y todo le quedó más o menos claro cuando su cabizbajo amigo le aclaró que en mi casa se hace solo lo que yo obedezco.

 

Patria o muerte

—Cielos, cómo brilla hoy el valle—. Tras unos treinta segundos de tensa espera, el flaco Sarmiento miró a la pecosa Urrutia y repitió la frase, ahora con energía y ganas: —¡Cielos, cómo brilla hoy el valle!. —¿Quién es?, —se alcanzó a oír. —Sarmiento y la Urrutia, —explicó el flaco en voz baja. —Ah—, dijeron, a la vez que se oía la apertura de la puerta. Ya, dentro de la habitación, entre los cinco jóvenes acordaron modificar el santo y seña por uno más moderno y ágil y que haga alusión, por supuesto, a los ideales del movimiento justiciero, anarquista y libertario que están creando.

 

Psiquiatras y fabulistas

Hoy domingo 25 de octubre de 2009 me he despertado a las nueve de la mañana, exacto a esa hora, ni un minuto más ni un segundo menos, a las nueve exactas. Abrí el ojo y miré mi agenda: “Psiquiatra, cita a las nueve de la mañana”. Me levanto de la cama. A las nueve y diez estaba desayunando, a y veinte me duchaba y siendo las diez menos veinte salí a la calle. A las diez menos diez minutos estaba en la consulta de mi psiquiatra y me acordé a tiempo de retrasar una hora mi reloj, hoy comenzó el invierno y tenemos una hora de más. A veces pienso que mi psiquiatra debería acudir a mi consulta de fabulista.

 

Cosas que ocurren

El jueves pasado estuve hablando al público, comenté a los amigos, ofrecí una conferencia literaria, aclaré, pero en lo que guardé un respetuoso silencio fue lo que ocurrió después, cuando el gentío vitoreaba mi nombre y el eco llegaba a todas partes, el Paseo de la Castellana de Madrid detenía su velocidad y logré despertarme cuando vi al final del sueño a mis fans agitar sus sostenes y lanzármelos con cautela. Casi que no despierto.

 

Chico busca chica

El joven luce una inquietante sonrisa, no separa los labios y sus ojos se ven tristes. Está muy peinado, tal vez demasiado, el pelo aplastado al cráneo. Está ajeno a los ruidos del espacio donde se encuentra y solo piensa en su sonrisa. Pareciera encorvar la espalda hacia adelante y su cuerpo hace equilibrio con la banqueta de tres patas sobre la cual está sentado. —No te muevas, —le ordena el fotógrafo—. Luce una muy delgada corbata negra y una camisa blanca, y en su vida pensó que pudiera ser seleccionado para ser portada de la revista de solteros del mes que buscan novia.

 

El pensador y otros delincuentes

Anoche llegó la policía a mi edificio. Armaron un ruido brutal, patadas en las puertas y a enseñar la documentación. Nos llevaron a todos, o a casi todos y la culpa no es de otro que del poeta Andrade. Llegó con ese cuento de la intelectualidad, nos cambió a todos la cabeza y la vestimenta y hay muchos por ahí que llevan el pelo largo y ensortijado, acompañado de una barba descuidada, de un tatuaje que dirá felicidad en chino y hasta el joven vecino del cuarto tiene un hierro en la nariz. Desde que llegó el poeta Andrade hablamos de la poesía en el marxismo apenas nos encontramos en los ascensores. Ya, en la mañana de hoy, tras dormir en los fríos calabozos, el comisario nos iba preguntando profesión. Todos somos novelistas, pintores, teatreros, filósofos y el pinche Ruiz afirmó sin tapujos que él era pensador. Nos condenaron a setenta y dos horas de calabozo y repito que la culpa de todo la tiene el poeta Andrade. Antes de que él llegara todos trabajábamos en cosas naturales, lógicas, como Dios manda.

 

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