Opinión

El origen de las bombas – terror

Será que existe la consciencia colectiva y parte de ella expresa la maldad. Como esa memoria flotante en el universo, que une las mentes e impregna su esencia: odio o amor

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junio 24, 2017
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El origen de las bombas – terror

Solicitamos investigar la violencia ya vuelta un hecho, condenamos los actos terroristas, preguntamos por sus actores para llevarlos ante la justicia y castigarlos. Estamos obrando a posteriori y no en la prevención. Igual que en la medicina, que ha relegado la prevención a un segundo plano y se concentra en atacar al atacante —la enfermedad—. Los médicos deberíamos aprender más sobre salud que sobre enfermedad. A los seres humanos nos deberían enseñar más a manejar los sentimientos violentos, cuando van apareciendo en nosotros, antes de que se conviertan en maldad.

Pero no vamos al origen profundo de los hechos. No preguntamos con vehemencia por las causas detrás de la violencia. Menos intentamos corregirla. La pasividad rampante, luego de la muerte violenta, no hace sino avalar a quien la produjo.

Será que algún cromosoma tiene el origen del mal. Al parecer no se ha encontrado una relación directa. Lo que si es evidente científicamente es que en las personas violentas se activan o desactivan ciertas áreas del cerebro, se producen más o menos ciertos neurotransmisores y por tanto se reprime o no la respuesta agresiva. Pero esto sigue sin mostrarnos la causa, solo da una fotografía de lo que sucede en el cerebro con cada conducta humana.

Será que sí existe la consciencia colectiva y parte de ella expresa la maldad. Consciencia colectiva como esa memoria flotante en el universo, que une las mentes de las personas y les impregna su esencia —odio o amor—. Creo en ella, creo en la herencia emocional que nos hace escoger uno u otro camino (ocupación) en la vida. En mi caso esa herencia fue más fuerte por parte de mis bisabuelos que por mi abuelo materno —escogí medicina en vez de agronomía—, ambas me fascinan. Allí hay una causa que se puede influir, si en cada familia se rompe el circulo violento y se enseña a amar sin restricción. Esto se puede aprender.

Lo más conocido y estudiado es el influjo del medio ambiente en el niño. Moldea su comportamiento como adulto. Es una realidad. La sociedad otorga ejemplos cercanos al niño en desarrollo, de violencia y maldad, así como también de compasión y amor. Por seres humanos está compuesta esa sociedad. La responsabilidad final es de cada individuo en particular, la suma constituirá lo que lo rodee —odio o amor—.

 

Seres conocemos, de carne y hueso,
que luego de una vida violenta
optan por el respeto y por el camino constructivo

 

Seres conocemos, de carne y hueso, que luego de una vida violenta optan por el respeto y por el camino constructivo. Aquí cerca de Santa Marta lo viví. Viendo una película sobre rescatistas, uno de ellos señala que luego de cuatro años unido a un ejército rebelde, decide dejar de matar y unirse a los cascos blancos para rescatar a los vivos luego de las bombas y misiles que caen en su tierra.

No es fácil, para nada, darnos cuenta que estamos como individuos, como persona, a punto de cometer un acto violento, (un puñetazo, una palmada, un insulto) y lograr detenernos a tiempo. Se logra, lo digo por vivencia propia, si que se logra. Tal vez la interiorización, que otros llaman meditación, sirva para ello. O sea, sí hay un método para prevenir la violencia, a nivel de cada ser humano y por ende ante la humanidad. Solo requiere determinación, aquella determinación que vemos en el violento, pero volcada del odio y transmutada en amor.

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