Opinión

Ordenemos el debate sobre la Policía

No es el momento de sacar la Policía del Ministerio de Defensa mientras subsista la amenaza a la seguridad del Estado por cuenta del ELN y las disidencias de las Farc

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septiembre 24, 2020
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Ordenemos el debate sobre la Policía
El debate sobre la Policía debe alejarse de la polarización, ser ajeno a intereses políticos y descartar de tajo propuestas absolutistas. Foto: Twitter

Luego del lamentable episodio en el que perdió la vida Javier Ordoñez resultado de un procedimiento policial en Bogotá, cuestionado con razón, por el uso excesivo de la fuerza y el incumplimiento de los protocolos existentes; surgieron voces con múltiples matices, sobre la necesidad de reformar la policía. Las más radicales, en mi opinión, claman por acabar la policía y en ese propósito incitaron protestas para atacar los CAI con actos vandálicos que alteraron gravemente el orden social arrojando la pérdida de vidas inocentes y más de un centenar de heridos entre policías y civiles.

Otros proponen una intervención más amplia y estructural en Derechos Humanos, revivir la figura del Comisionado, revisar los procesos de selección, formación e indicadores de desempeño, replantear el servicio de vigilancia y ¨recuperar¨ su carácter civil, el que ya posee desde la Constitución del 91.

Algunas iniciativas coinciden con la salida de la Policía del Ministerio de Defensa, bien sea para adscribirla al Ministerio del Interior o creando una nueva institucionalidad parecida a un Ministerio de Seguridad Ciudadana, Seguridad Interior o de Seguridad Pública. Que no nos pase el grave error cometido con la otrora mejor policía de Latinoamérica, Carabineros de Chile, hace pocos años adscrita al Ministerio del Interior de ese país y que hoy afronta una dolorosa politización nunca antes vivida.

Adicionalmente pero no menos trascedente, aparece la opinión polarizante, que brota de extremos y domina tendencias en redes sociales, obedeciendo a precisos intereses partidistas, oportunistas y peligrosos. Es tan grave manipular a los jóvenes para que salgan a las calles a atacar la policía, llevándolos a protestas donde se infiltran anarquistas, células terroristas urbanas y grupos sociales radicales, ofreciéndolos como bocado de cardenal para hacerlos mártires en medio del caos; como aseverar que la protesta es consecuencia del acuerdo con las Farc, antesala a las elecciones de unos movimientos políticos y causa promovida para cumplir con los pactos de La Habana de reformar la policía.  La Fuerza Pública no fue objeto de negociación y así lo corroboran los señores generales que integraron el equipo de negociación.

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Aunque pueda sonar utópico, la Policía Nacional busca ser eminente para la sociedad, que se debe al ciudadano y que exige ser ajena a intereses con cálculo político

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Aunque pueda sonar utópico, la Policía Nacional busca ser eminente para la sociedad, cercana al ciudadano y exige ser ajena a intereses con cálculo político. Así lo instituyó el general Santander cuando separa las funciones de Policía del Ejército en el siglo XIX. En la coyuntura actual se requiere especial cuidado ante posiciones absolutistas que presionan por una reforma a fondo de la Policía. Tampoco se pueden desconocer las problemáticas internas que inciden en la buena o mala prestación del servicio. El policía es de carne y hueso, necesita mayor comprensión, su vida vive en riesgo, sus familias están alejadas, y sus incentivos de retorno son insuficientes. La institución se esfuerza en mejorar estos aspectos, se repiensa cada día y aprende de los procesos de transformación cumplidos, todos con aportes externos y claves en su reconocimiento a nivel mundial. Interpol, Europol, Ameripol, Pearls and Policing expresan siempre su orgullo de trabajar con una policía como la colombiana.

Tuve valiosas oportunidades de cooperar en Colombia y afuera con muchas policías del mundo. Aprendimos sobre policía comunitaria y mediación de Francia y España; Inteligencia e investigación de USA, Canadá, UK, Australia y Alemania; educación, liderazgo, resiliencia y género de Suecia; Policía científica y criminología de Alemania, Portugal e Italia; Tecnología e innovación policial de Japón y Corea del Sur. Viví en La Haya (Holanda) sede de Europol casa del conocimiento y entrenamiento policial europea y conocí sus entrañas. Estudiando en Georgetown realizamos jornadas de intercambio académicas y productivas con el área de seguridad ciudadana del BID, fui delegado para participar en un proyecto liderado por el departamento de Seguridad Pública de la OEA y con expertos Latinoamericanos construimos un modelo de seguridad ciudadana para las Américas que acogieron Costa Rica, Honduras, El Salvador y Guatemala y que avanza en su implementación. Aquí se diseñó una fórmula amplia que determina y conecta los roles y misiones de los diferentes actores, uno de ellos La Policía, en el concierto de la convivencia y seguridad ciudadana.

La Policía Nacional no es una Institución perfecta. Actualmente avanza en un proceso serio, sistemático y profundo de innovación que será revelador y que con seguridad es el camino adecuado, pero requiere de decisiones urgentes y compromiso ineludible del Congreso y Gobierno Nacional. Considero no es el momento de sacar la Policía del Ministerio de Defensa mientras subsista la amenaza a la seguridad del Estado por cuenta del ELN y disidencias de Farc. Importante abordar sin dilaciones la reestructuración del Nivel Ejecutivo, así como una mejora significativa en el régimen salarial que proyecte la ¨Marca Policía Nacional¨ lo suficientemente atractiva, respetable y apreciada por los ciudadanos de bien que aspiran ser policías y tienen vocación de servicio a la comunidad. Es necesario implementar mecanismos más eficaces y confiables para detectar el patrimonio sospechoso de policías a todo nivel. Y no habrá modelo efectivo de servicio de policía sino se cuenta con un talento humano eficiente y motivado, que tenga la genuina convicción, que la organización a la que pertenece, brinda expectativas de crecer integralmente en sociedad.

Ordenemos el debate sobre la Policía. Comenzando por alejarlo de la polarización del país, ajeno a intereses políticos, descartando de tajo propuestas absolutistas, con liderazgo real y efectivo del gobierno y el Congreso, acogiendo las ideas propositivas de la academia, empresarios y de la sociedad, escuchando con interés a la reserva activa, gobernadores, asambleas, alcaldes y concejos, y lo fundamental: recogiendo la propuesta interna que actualmente tiene definida la Policía. Esta no es espontánea, improvisada o más de lo mismo, tampoco para meter el mugre bajo la alfombra; es una solución juiciosamente diseñada, que movilizó todo el esfuerzo policial con ayuda de validadores externos y que toca fondo sobre aspectos crucialmente críticos. Para la Policía Nacional no aplica el refrán: “en casa de herrero, azadón de palo”, los invito a que la conozcan desde adentro y descubrirán una invaluable joya en pulimento constante.

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