“Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”

Con esta frase que Dante Alighieri lee en la entrada del infierno al empezar su viaje en la 'Divina Comedia' se puede resumir nuestro país

Por: Sebastián Acosta Zapata
julio 12, 2019
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“Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”
Foto: Pixabay

Colombia se podría sintetizar en esa inscripción y solo para tener un listado corto: el desempleo sube y se ubica en dos dígitos; el empleo informal aumenta; la economía se estancó; los impuestos suben; las empresas multinacionales se están yendo del país (Philip Morris, Mars, Krispy Kreme); se está reactivando el conflicto que por un par de años cesó (más de 100 excombatientes y más de 400 líderes sociales han sido asesinados desde la firma del acuerdo); se regresó a la política criminal de los falsos positivos; vuelven las aspersiones con glifosato; se incorpora un nuevo método de extracción de hidrocarburos como el fracking; se quiere acabar con las altas cortes de la rama de la justicia; se quiere acabar con la Jurisdicción Especial de Paz; se cayeron por leguleyadas y falta de trámite las leyes anticorrupción. Y el gobierno y la clase dirigente, entre la que se encuentra el uribismo como secta, asumen una actitud despótica frente a los problemas reales de millones de colombianos.

Frente a la actitud despótica me quiero detener. El hecho de que la vicepresidenta haya dicho que si alguien se toma 500 vasos de agua en un día también es peligroso, como el glifosato, no demuestra brutalidad ni idiotez, sino un profundo desprecio hacia las inteligencias de los gobernados. La manera en la que Peñalosa habla con desdén y explica sus ideas como si le hablara a un kínder, es la forma en la que él se imagina que son los ciudadanos, niños de menos de 5 años.

Las cifras falsas que constantemente menciona Duque, como que se han erradicado 80.000 hectáreas de cultivos ilícitos en su gobierno, lo que significaría 10,8 hectáreas por hora, o que en los 100 primeros días de mandato capturó a 50.000 delincuentes, lo que sería 500 diarios, o que en el escenario internacional está diciendo constantemente que apoya la implementación de los acuerdos de paz y protege el medio ambiente, cosa a todas luces falsa y mentirosa, es una muestra más que ellos, los poderosos, los que están en el gobierno, nos creen ingenuos, brutos. Desprecian nuestras inteligencias.

Renglón a parte está Uribe. Un ser obnubilado por el poder, megalómano, y sociópata sin diagnosticar, sin tratamiento, con Twitter y con una caterva de seguidores. Ha sido hábil. Le deja a Duque jugar con su cuentico de la Economía Naranja, hacer foritos, y truquitos con la pelotica y guitarrita en el exterior. Pero él se encarga de lo que realmente le importa, construir su Estado de Opinión: exigiendo que las cortes desaparezcan para que le sean funcionales sus reemplazos, boicoteando la Jurisdicción Especial de Paz, imponiendo una agenda extractivista contraria a la famosa Economía Naranja, auspiciando impunidades de sus gobiernos con políticos, empresarios y militares, permitiendo contrarreformas rurales, e incendiando el país con más odios, venganzas y rencores.

Tampoco se puede dejar de lado el poder detrás del poder: Los dueños de los medios de producción y reproducción económico y cultural. Sarmiento Angulo, Santodomingo y Ardila Lülle con sus empresas, entre las que se encuentran los medios de comunicación, son los que definen las agendas mediáticas y de gobierno. Todos en últimas halan para el mismo lado, el de seguir sometiendo al país a sus intereses. Es inconcebible que en un país como Colombia- con el mayor número de desplazados del mundo, uno de los más desiguales, con la mayor brecha urbano-rural, vulnerable al cambio climático- el sector bancario y financiero reporte en el año 2018 ganancias netas por 36,8 billones de pesos; el presupuesto de la Nación oscila entre 240 y 250 billones de pesos, es decir, que las ganancias del sector bancario y financiero representan alrededor del 15% del presupuesto nacional. Y tras de eso se hunde la propuesta que buscaba eliminar la cuota de manejo de las tarjetas de crédito.

La primera frase de este texto es lo que está pasando en Colombia. Debemos resignarnos a que todo siga peor, a que todo se deteriore porque ese sector privilegiado que ha estado al mando de este país no va a cambiar sus prácticas, sus modos y despotismo; y los otros, los que no detentamos el poder vamos a seguir diciendo “ahí vamos” sin siquiera pensarnos una solución colectiva. Es que los poderosos también han sido exitosos en dividirnos, en establecer diferencias ideológicas cuando hay una clara confluencia socio-económica en la mayoría de los colombianos.

La renuncia a que todo puede mejorar es necesaria, asimilar esa frustración, impotencia y sumisión como parte fundamental de lo que es ser colombiano, ya que no tenemos la misma fuerza aguerrida de los peruanos, ecuatorianos o bolivianos quienes han derrocado presidentes y condenado a empresarios, y seguimos pensando en conceptos vacíos como comunismo, socialismo y castrochavismo.

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