Odiar a Paulo Coelho es para pseudointelectuales

Análisis sobre el articulo “Por qué es tan malo Paulo Coelho” publicado en el año 2003 por el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince

Por: LUIS FELIPE VÁSQUEZ ALDANA
febrero 27, 2020
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Odiar a Paulo Coelho es para pseudointelectuales

Hace casi una década el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince se dio a la tarea de encontrar cuál era el secreto detrás del extraordinario éxito editorial de Paulo Coelho; a lo Jack el Destripador, por partes desmembró las estrategias temáticas y narrativas del brasileño más publicado, vendido y traducido. Para aquel entonces, Faciolince hizo un brillante análisis literario que dejó por el piso la obra de Coelho, en términos narrativos.

No obstante, Faciolince mientras, por un lado, aseguraba que todo se debía a la experiencia mercadotécnica de Coelho, por el otro, quizás sin saberlo, se develó así mismo como un hombre oscuro, que también guardaba un secreto.

“Por qué es tan malo Paulo Coelho”, fue el título de aquel artículo de Faciolince en la revista El Malpensante, en una edición del 2003. Un texto que quedó en el pasado, pero no lo suficiente cuando los pecados quedan escritos. Entrando en materia, desde los argumentos lógicos Faciolince, describe que parte del éxito de Coelho, viene de saber conectarse con las masas y de su saber sobre los embelesos humanos. En este sentido, Paulo desde su quehacer hábil, los impregna en sus textos aplicando dichas fórmulas. Una de ellas, nos la cuenta Faciolince así: “los libros de Coelho explotan hábilmente un universal humano: nuestra fascinación por los poderes de adivinación y conocimiento sobrenaturales”. Es decir, que Coelho disfraza toda bobada en misterio y asombro para que la gente caiga rendidita, pues al parecer, la gente navega en la expectativa mística de cambiar su vida o su destino. Hasta aquí estamos bien, y aun mejor, Faciolince mejora en su análisis cuando entra en lo meramente literario, cuando nos dice con el ímpetu propio de toda estructura gramatical: “Sus técnicas para ir tejiendo la trama son tan elementales que me recordaron de inmediato el estudio clásico sobre las formas canónicas del cuento infantil. Vladimir Propp, uno de los padres de la narratología, publicó en Leningrado su monumental Morfología del cuento infantil (1928)”. Caramba, aquí nos encontramos con en “verduguismo” intelectual de Héctor Abad en franca lid contra las humaradas chamánicas de Paulo, severo embeleco: narrador intelectual Vs narrador-místico.

¿Dónde pela el cobre Mr. Abad?, se preguntará algún lector.  Pues bien, quizás no, pero la perla viene por aquí cuando nos dice al referirse sobre los libros de Coelho: “Si fueran libros profundos, complejos literariamente, con ideas serias y bien elaboradas, el público no los compraría porque las masas tienden a ser incultas y a tener muy mal gusto”.  ¡Santos rascacielos, Batman!, ¿la pelea es con Coelho o con las masas? Metámosle otra perlita cuando lanza la siguiente sentencia: “En vez de tranquilizarnos con respuestas facilistas y tautológicas (el vulgo es vulgar, el mercadeo vende), conviene examinar con cuidado los libros de Coelho y no desdeñarlos de entrada con altivo esnobismo”, para los lectores que no se la cogen en el aire.  Palabras más, palabras menos, señoras y señores, les quiero decir oficialmente que Héctor Abad Faciolince es un experto en marketing. Lo que pasa es que dentro de las mercadotecnias, la mejor guardada es la mercadotecnia del intelecto.

Faciolince, entre sus líneas devela los dos mercados: el culto y el inculto, la masa y la minoría. Una mercadotecnia es para las masas y, por ende, un tipo de narrativa; y otra, mis estimados, la literatura de los cultos, o sea la minoría. Algunos lograron la amalgama, la fórmula mágica: hombres de cultura sobrenatural que escribían coloquial: Faulkner, Hemingway, descubiertos por Rulfo, Rulfo, descubierto por Mutis y develado a Gabo, y Fuentes que descubrió a Gabo, fue el príncipe de la ecuación y el gestor de la mayor mercadotecnia intelectual hispana para el mundo.

La mercadotecnia del intelecto no es de anuncios publicitarios por prensa, es de columnas estratégicas en periódicos, no es de comerciales o spot de radio, es la entrevista bien calculada detrás del micrófono en horario prime time matutino, no es de vallas exteriores, es de reuniones en interiores: lobby puro y rudo. Es infiltración orgánica en todo medio de comunicación con el objetivo concreto de hegemonía cultural, maquillada y camuflada. No es el gran evento de lanzamiento, es el premio amañado, concertado con los editores, la rosca que escoge a dedo quien será su próximo atalaya con el gran patrocinador privado. No es de pagar espacios en televisión nacional, es inventar espacios con charlas con personajes de talla internacional en congresos y festivales. Finalmente es lo mismo como para fingir con la carteta lagarta de que no lo es.

A otro perro con ese hueso, ahí está, les presento: la mercadotecnia del intelecto.

Por qué no debe tomarse en serio al escritor Paulo Coelho

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