Opinión

Ocampo en Colciencias: rareza y esperanza

Ingeniero aeroespacial de la Nasa, con amplísimo reconocimiento internacional y sin tolda política viene a dirigir esta maltratada entidad pública

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febrero 27, 2017
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Ha sucedido algo extraño: nombraron a un ingeniero aeroespacial, investigador, César Ocampo, que no proviene de ninguna tolda política ni es amigo del presidente, ni cuota de nadie, director de Colciencias. Hijo de humildes quindianos que migraron a los Estados Unidos cuando tenía dos años, que desde pequeño quiso ser astronauta y que, con tesón, se graduó en la Universidad de Colorado, hizo la maestría y coronó su doctorado con la tesis Optimización de trayectorias para satélites y constelaciones distantes de la Tierra.

Pertenece al equipo creador del sistema Copernicus, asociado al título de su tesis, que la Nasa utiliza. Con al menos 30 trabajos publicados en revistas internacionales indexadas de primer nivel, capítulos en libros, patentes otorgadas por la oficina ídem de los EE. UU. (USPTO) y múltiples reconocimientos (Nasa, universidades, asociaciones de ingenieros), Ocampo viene a dirigir una de las entidades públicas más maltratadas en los últimos 30 años, en un país que, en el 2015, qué vergüenza, invirtió tan solo el 0,24 % del PIB en investigación y desarrollo.

Un valiente. Se vino al ámbito de la mermelada, cínico término acuñado por un ministro de Hacienda, justamente, para aludir a las regalías que se distribuirían entre las regiones, incluyendo las destinadas a proyectos de ciencia y tecnología. Y Ocampo, al contrario de los cínicos prácticos, cree en el país y en el papel del conocimiento como fuente de creación de riqueza en contextos de sostenibilidad ambiental.

Aunque lo conozco hace un par de años, no había tenido la oportunidad de ver a César Ocampo en acción hasta un lunes de julio del año pasado. En el colegio Divino Salvador (ahora hay que decir institución educativa departamental tal y tal) en Cucunubá, en el Valle de Ubaté, daba una charla a unas 400 personas, campesinas y del casco urbano, entre estudiantes, padres de familia y docentes, reunidos a las siete de la mañana en el polideportivo cubierto.

La charla la tituló “Transformando a Colombia: el papel de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas en la creación de un país sostenible”. Pensé que los asistentes se iban a aburrir y que desertarían poco a poco, de cara a unos temas que poco interesan a buena parte de nuestra clase dirigente.

Sorpresa: Ocampo, apoyado en extraordinarios videos y material fotográfico, gráficas y juegos, con un carisma excepcional, se fue metiendo en el tema de la sostenibilidad ambiental y el cambio climático, convocando la atención de todos.

 

Echó el cuento de la física que impulsa los cohetes,
explicó por qué había explotado el transbordador espacial Challenger.
El paroxismo llegó con el video del lanzamiento de otro transbordador espacial

 

Y, ¡zas!, se cuela al tema espacial, su fascinación desde niño. Ahí percibí que los niños cucunubenses presentes se parecían al conejito del Libro de Sofía, que se asoma al cubilete del mago, fascinados y curiosos por lo que hay afuera, desconocido y misterioso. Echó el cuento de la física que impulsa los cohetes, explicó por qué había explotado el transbordador espacial Challenger en enero del 86. El paroxismo llegó con el video del lanzamiento exitoso de otro transbordador espacial.

Ocampo había dispuesto unos parlantes de alta potencia, de manera que en el conteo regresivo, faltando pocos segundos para el lanzamiento y, luego, a medida que el transbordador despegaba, el ruido atronador de los motores en el video hizo vibrar el suelo del polideportivo  para elevarse, ir soltando los tanques de combustible y perderse en el cielo. Asombro en la tribuna.

En un momento Ocampo llamó a varios chicos, les entregó unas pelotas de diferente tamaño que representaban la Tierra, la luna y Marte.  Un niño sostenía la Tierra y, a 6 metros, la luna estaba en manos de una compañerita. En esas proporciones, teniendo en cuenta que la distancia a Marte varía, la más corta puede estar a algo más de 3 km, y eso que hablamos del vecindario.

Como a las ocho y media terminó la charla con un dron operado por él mismo, volando por el polideportivo, con cámara incorporada y proyección de las caras de todos en la pantalla, aludiendo a las posibilidades que nos abre la ciencia en la agricultura y el control del cambio climático. Literalmente, niños y docentes se le fueron encima a Ocampo, encantados.

Ocampo llega a Colciencias faltando menos de año y medio para que culmine el actual gobierno. No tiene espacio para incidir sobre el menguante presupuesto del 2017 ni para contribuir a cambiar el mediocre y perverso sistema de asignación y  distribución de recursos de las regalías, en el que Colciencias tiene el rol de avalar la calidad de proyectos (procesos en los que los gobernadores son los protagonistas clave, sin que haya ordenamiento de prioridades para el país). Qué pena: más de billón y medio de pesos quedaron sin ejecutar desde que se creó el sistema (2011) y que se quieren destinar a vías terciarias.

Sin embargo, además de administrar con pulcritud lo que le corresponde, César Ocampo puede jugar un papel de primera línea en otro terreno: el de ser un agitador alrededor del papel del conocimiento, de la ciencia y la tecnología en la sociedad, como llave para la prosperidad y la equidad. Con su inmensa capacidad pedagógica puede generar el debate, persuadir, organizar, promover propuestas hacia una Colombia del 2040 creadora de riqueza basada en el conocimiento. Detectar empresarios y académicos visionarios en todo el país que le caminen a una visión de largo plazo. Hace 23 años se reunió la misión de sabios y puso sobre el tapete, blanco sobre negro, el recetario… que no se cumplió. Como dijo García Márquez (“Por un país al alcance de los niños”, 1994) refiriéndose a la educación que necesitamos: “…que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.”

*https://www.nasa.gov/centers/johnson/copernicus/index.html#Development.

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