No son niños bulliciosos haciendo pataletas, son ciudadanos empoderados

Carta abierta a la ciudadanía colombiana a propósito de la movilización y la agenda de diálogo nacional

Por: German Camacho
mayo 11, 2021
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No son niños bulliciosos haciendo pataletas, son ciudadanos empoderados
Foto: Nelson Cárdenas

Debemos estar en capacidad para interpretar las claves del fenómeno del colectivo que agrupa principalmente a jóvenes y adolescentes en las movilizaciones de mayo del 21, y reconocer que estos jóvenes ya se han configurado por derecho propio en un nuevo sujeto político.

El contenido social y subjetivo, el modo en que jóvenes de diversas estratificaciones interpretan la sociedad, y una evidente lucha de clases, entre otros criterios de agrupación, han movilizado a la juventud a las calles y plazas de las ciudades colombianas para expresar su disconformidad por un futuro incierto.

Es un reclamo donde el resto de la sociedad somos acompañantes, guías, orientadores, sin embargo, es preponderante reconocer la exigencia de mejores garantías en educación, salud, medio ambiente, empleo, entre otras, como expresión de la gente joven que hoy está en las calles.

El rancio modelo patriarcal, las diversas violencias de género, la corrupción gubernamental, la legislación en favor de las elites, la segregación racial, y múltiples cuestiones asociadas a la desigualdad han suscitado esta movilización, los jóvenes no quieren seguir siendo invisibles. Reclaman tener voz y decisión en los intereses de la nación, como sujetos de derecho y desde el reconocimiento de sus experiencias subjetivas.

No son niños bulliciosos haciendo pataletas, son ciudadanos empoderados capaces de enunciar los conflictos sociales que les afectan, como tal debemos reconocerlos y acompañarlos en la particularidad de su lenguaje y expresiones. Para ello debemos desmotar viejos paradigmas, entre ellos, el de los adultos como únicas autoridades de enunciación valederas de la vida social y política del país. Sí, son jóvenes, pero no ingenuos.

No es aceptable de ninguna manera el silenciamiento en los contextos políticos, sociales, familiares, educativos a que han sido sometidos los jóvenes, menos aún podemos tolerar las conductas violentas, y abusos del gobierno y sus fuerzas, que dan cuenta del irracional posicionamiento de la clase dirigente, cuando es cuestionada por estos colectivos de jóvenes.

Estamos ante la novedosa propuesta del discurso juvenil para superar las diferencias sociales que aquejan a todos. No debemos desconocer la capacidad de agencia de los jóvenes para decidir sobre su propia vida, para definir sus prioridades, tomar decisiones, y elegir objetivos, metas y propósitos.

El movimiento social requiere reconocimiento, identificación y compromiso de todos los actores sociales para la superación de la profunda ruptura que la violencia de las fuerzas estatales ha evidenciado en estas movilizaciones. Evitar el inminente riesgo de una catástrofe debe ser la prioridad de la ciudadanía como pares que avanzan con un objetivo común. La ineptitud del gobierno nacional y la indiferencia de algunos sectores de la población civil no pueden llevar al país a repetir épocas de violencia demencial. Los jóvenes no son rojos ni azules, son justamente gobiernos con esas ideas los que los han impulsado a la expresión legítima de su inconformidad en las calles.

La sociedad colombiana organizada y participativa, mayoritariamente la juventud, en su legítimo derecho a la expresión ha salido a las calles para manifestar su inconformidad por el manejo político y social del país, exigiendo reformas incluyentes para todos.

Como ciudadanos debemos celebrar una propuesta de cambio que conlleve a un diálogo para resolver los problemas de fondo que afectan a la comunidad, reconociendo la importancia de la participación de los diversos sectores que la integran.

Como comunidad debemos valorar el dialogo como camino para resolver las diferencias que han volcado a la ciudadanía a las calles. Reconocer el liderazgo de los jóvenes como actores políticos y sociales que integran plataformas comunitarias, comunidades indígenas y afros, feministas, movimientos obreros, campesinos, LGTBI, independientes, desempleados, víctimas del conflicto armado y de la contención estatal durante las protestas, como también reconocer su liderazgo durante las manifestaciones.

Hoy debemos convocarnos como sociedad para exigir que los jóvenes sean incluidos de forma activa y propositiva dentro de un gran acuerdo nacional que busque superar las diferencias estructurales de nuestra sociedad. Del mismo modo invitar a los representantes de organismos internacionales y de DD. HH., a participar de esta convocatoria.

Debemos insistir en que no se deslegitime la protesta denominándola “vandalismo” y como comunidad reiterar nuestro respaldo a quienes han salido a manifestarse en las calles, a quienes debemos considerar nuestros representantes en un gran acuerdo nacional.

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