"No me arrepiento ni de la guerra ni de la paz"

Pablo Catatumbo estuvo en primera línea con fusil y en La Habana, y hoy como senador tiene una obsesión que hace pública en esta conversación con Juan Manuel Ospina

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diciembre 03, 2021

Pablo Catatumbo fue comandante del Bloque Occidental de las Farc y uno de los guerrilleros más cercanos a Alfonso Cano, quien empezó las negociaciones de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos y cuando este cayó, Catatumbo fue clave para que las Farc siguieran en su empeño. Pero él no quiere hablar del pasado, ni de la guerra, de su historia en las Farc, ni siquiera del proceso de paz o de su rol en el senado, temas que aborda escuetamente, lo suyo ahora es el tema de la tierra. La lucha por la tierra, entendida como el nudo gordiano del conflicto colombiano, desde los tiempos de Simón Bolívar. Esa es su obsesión y así lo expresa en esta conversación con Juan Manuel Ospina.

Juan Manuel Ospina: ¿Cómo explicaría que una persona como usted termine enredada en una guerra y en un grupo como las Farc?

Pablo Catatumbo: Yo era de la Juventud Comunista y en 1969 me gané una beca para ir a estudiar a la Unión Soviética. Allá estuve dos años. Y cuando regresé me enteré que mi hermano se había ido para la guerrilla. Eso fue un golpe muy fuerte porque él era mi ídolo, él era mi hombre a seguir. Pregunté dónde estaba y por qué se había ido, y quien me dio las respuestas fue Jaime Bateman Cayón. Yo lo contacté y le reclamé por qué se lo había llevado, por qué lo había convencido, pero él me dijo que no se lo había llevado, que había sido mi hermano el que lo buscó.

Bateman ha sido el mayor conspirador y organizador que ha tenido Colombia. Ese hombre convencía al que fuera, y yo quedé encantado con la conversación que tuvimos, que fue casi toda una tarde. Mejor dicho, él era un encantador de serpientes. Ahí mismo le dije: yo también quiero irme para la guerrilla. Fue Bateman quien me enroló en las Farc.

PC: En la guerra estuve 45 años, porque yo ingresé en el año 72 y la guerra la finalizamos en el año 2016.

JMO: Vistos estos 45 años de militancia, ¿qué conclusión puede sacar? Creo que ya estamos en ese tiempo en el que se puede hacer un balance del conflicto y de las acciones de las Farc.

PC: No me arrepiento de mis años de lucha, eso es lo primero. Lo segundo, creo que el Estado colombiano tiene una deuda histórica con los campesinos y el pueblo en general porque no ha podido resolver el problema de la tierra, que ha estado presente desde siempre; en la conquista, en la independencia y en la república. Esa deuda, que es con el mundo rural, toca resolverla.

JMO: Ese era el principal tema de las Farc, el mundo rural.

PC: Es verdad, y como le digo, hay deuda histórica, social y moral. Todos los países del mundo han tenido problemas agrarios. Honorato de Balzac dijo una frase muy sabia, "donde hay tierras hay guerras". Sun Tzu, considerado el mayor estratega, dijo que el problema de las guerras era la tierra y no había motivos distintos para hacerla si no es por la tierra.

JMO: Guerra y tierra están en la misma sintonía.

PC: He reflexionado bastante en estos años y me di cuenta que acá los favores de la guerra se han pagado con tierra. Simón Bolívar le dio tierras a los indígenas y a los negros que hicieron parte de su ejército, pero el tema no es dar tierras, el problema es que también hay que entregarla con ayudas técnicas, con vías, con educación.

JMO: Un desarrollo rural integral. Pero las Farc tampoco logró resolver ese tema.

PC: Pero es que todos nuestros problemas vienen de la propiedad de la tierra y no hemos sido capaces de resolverlo. La Guerra de los Mil Días fue por la tierra, La Violencia también fue por ese mismo tema porque el presidente López Pumarejo, con un decreto, dijo que la tierra tenía funciones sociales. Eso no es una tesis comunista, sino de Adam Smith, o sea, liberalismo puro.

JMO: Claro, lo que se llama “la funcionalidad de la tierra” que fue la reforma más importante de López Pumarejo y tal vez su aspecto más revolucionario.

PC: Sí, pero al mismo tiempo originó más violencia porque Laureano Gómez llegó a oponerse y dijo que había que crear grupos civiles armados. Eso dio paso a una época oscura en la que los terratenientes defendieron su derecho a la tierra.

JMO: Bueno, esa es una tarea inconclusa del Estado colombiano, pero, ¿se hubiese podido resolver con la lucha armada o en algún momento usted creyó que ese camino ya no nos iba a salvar y era necesario jugársela en el escenario político?

PC. Países como Estados Unidos, Alemania, España o Francia nacieron desde la agricultura y a partir de esta hicieron un tránsito hacia la industria. Primero fueron potencias agrícolas, pero luego fueron potencias industriales. La agricultura es la base de todo.

JMO: Pero el problema de la agricultura va más allá que el problema de la tierra, pasa por ahí, pero va más allá.

PC: Eso es lo que no han entendido estos señores que nos han gobernado. Por eso hablamos de una oligarquía. Es una palabra muy desprestigiada, pero eso es verdad. Hay unos señores que tienen el poder, pero no se preocupan por resolver ese problema. Lo primero que tiene que hacer una nación es darle de comer a quienes viven en ella y no como creen algunos que la nación solo es la “gente de bien”.

JMO: Usted hoy es senador, ¿será que estamos perdiendo el tiempo en el Congreso o esos ideales de la lucha armada hoy se pueden empatar con los principios de la política?

PC: La lucha armada definitivamente valió la pena porque el acuerdo de paz que firmamos es el hecho más importante que ha ocurrido en Colombia en los últimos 50 años. La firma permitió que hoy podamos hablar de estos temas libremente, así como lo estamos haciendo usted y yo. No como antes que se partía de señalamientos y acusaciones de terroristas, comunistas y narcotraficantes. Entonces, el acuerdo nos permitió acercarnos a la violencia de Colombia y les abrió las puertas a otros problemas como, por ejemplo, el tema de género y LGBTI.

Yo le digo una cosa: Petro y las opciones de hoy no serían lo que son hoy si no hubiese habido acuerdo de paz. Si estuviéramos en guerra Petro sería calificado como guerrillero y bandido. El acuerdo le abrió nuevas avenidas a la democracia.

JMO: La guerra tenía la vida democrática muy acorralada, se cerraron muchos espacios. Y el desorden que hoy vive Colombia es el desorden de los espacios que ahora se abren, son problemas que se están planteando y de fuerzas distintas que están surgiendo y de voces que hoy se escuchan. Lo cierto es que ese proceso nunca es ordenado porque el conflicto armado tenía subyugado el debate democrático, concentrado en la guerra y la paz. Pero hoy la agenda del país ahora está más cerca de la gente, los temas como el empleo, la seguridad, la salud se volvieron más urgentes porque son problemas que emergieron gracias a los acuerdos y que estaban sepultados por la guerra.

PC: Por eso se justifica este esfuerzo. Por eso digo, no me arrepiento ni de la guerra ni de la paz. Creo que la firma fue un acierto, pero para firmar la paz primero tuvo que haber una guerra.

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