Opinión

¡No más toreo! Un llamado al alcalde de Bogotá

Alcalde, no se enrede en leguleyadas, Bogotá había avanzado en la prohibición de esa práctica de tortura y maldad. Ahora nos toca dar la pelea definitiva y decir ¡Nunca Más!

Por:
febrero 13, 2017
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Alcalde, siente un ejemplo valiente y definitivo, no se enrede en leguleyadas, ¡acabe de una vez y para siempre con las corridas de toros! La ciudad entera lo apoya. Esa es una pelea que no se libra desde la diplomacia o la paciencia, porque se trata de valores fundamentales, de las líneas rojas de la civilidad, lo que representamos como comunidad humana. No hay puntos medios, ni negociaciones pendientes, ni eufemismos para aligerar el contenido de la aberración. El toreo es asqueroso, es abominable, es una celebración de la crueldad y el sadismo que merece el más absoluto y rotundo repudio. Bogotá había avanzado con la prohibición de esa práctica de tortura y maldad extrema. Ahora nos corresponde dar la pelea definitiva y decir ¡Nunca Más!, Bogotá no acepta esas prácticas que deshonran la vida y no estamos dispuestos a ser santuario de fiestas de sangre.

Se trata de una cuestión que va mucho más allá de prohibir una práctica barbárica que celebra lo peor del ser humano: el clasismo, el elitismo, el racismo, el machismo, la tortura, el sadismo, la crueldad, la violencia contra los animales. Es también una apuesta por el país que queremos para el posconflicto, por el tipo de valores que celebramos y que nos representan, por cómo planteamos nuestra convivencia con el resto de los seres vivos que padecen nuestro carácter predador, el ecosistema al que estamos conectados y de cuya supervivencia dependemos.

Usted, Sr. Alcalde, gobierna con el ejemplo. Día a día lo vemos recorriendo la ciudad en bicicleta, preocupado por las fuentes de agua, reconociendo las fuentes de oxigeno de la ciudad y entendiendo que preservarlas es vital para nuestro futuro. Usted mismo, en su primer mandato, hizo mucho por continuar el modelo de cultura ciudadana que le devolvió el sentido al espacio público, que nos regaló parques y bibliotecas, y que promovió la construcción de la red de ciclorrutas para transportarse. Ese ejemplo debe extenderse a los elementos del pacto social que nos corresponde firmar a los ciudadanos por una ciudad-territorio de paz, solidaria, compasiva con quienes sufren, sostenible, que celebre la vida como lo más sagrado.

La guerra nos ha dejado un país expoliado y retrasado, injusto, mal representado, y una cultura cruel, entumecida, en la que no existe sentido de el otro, una cultura de supervivientes en las que se desdibujó la vecindad y la comunidad como núcleo de desarrollo.

 

La aspiración de esta ciudad
no puede ser solamente este agotado sueño de tener un metro,
construir una autopista o descongestionar las calles

 

La aspiración de esta ciudad no puede ser solamente este agotado sueño de tener un metro, construir una autopista o descongestionar las calles. Celebre usted un pacto de sostenibilidad, un pacto con la naturaleza, con los animales, entre nosotros mismos, y fije símbolos que le hagan saber a los nostálgicos de la violencia que Bogotá es territorio de paz, es zona de civilidad, es una ciudad parque, es un monumental proyecto social de reciclaje, de cero contaminación, es una ciudad que planea su futuro hacia el consumo de energía limpia, y es una ciudad que repudia los espectáculos crueles y la celebración de la violencia.

El ejercicio de la crueldad no es un derecho y Bogotá no tiene por qué invertir recursos valiosos en sostener semejante aberración. Ahí están las líneas rojas, ahí están los valores que no se negocian. Solo así podemos construir una ciudad verdaderamente en paz, civilizada y generosa. Esta tierra es nuestra casa, y a ella estamos profundamente conectados. Un proyecto de ciudad sostenible tiene que fundarse en la erradicación de todas las violencias, ¡solo así podemos garantizar que el pasado no vuelva a repetirse!

#NoMasToreo
@nataliaspringer

 

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