Opinión

No he ido lo bastante lejos

La claustrofobia, en cierta manera, es otra sensación de la cuarentena. Por eso pensé en Francis Bacon que alimentó sus fantasmas, pintó situaciones extremas y nos encerró en sus cuadros

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mayo 23, 2020
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No he ido lo bastante lejos
Francis Bacon, Tres estidios de Lucien Freud,,1969

La claustrofobia, en cierta manera, también puede ser otra sensación de la cuarentena. El encierro amable de los avisos publicitarios “Quédate en casa” y sé feliz no es fácil. Para este tema he pensado que Francis Bacon puede ser un artista que alimentó sus propios fantasmas, vivió y pintó situaciones extremas y nos encerró en sus cuadros.

Es uno de los artistas más famosos del siglo XX, pero sus obras no producen placer, sus imágenes incomodan, intrigan y nos atrapan. Nos pone en alerta de una misteriosa inseguridad visual, mientras deforma la figura de los hombres que son animales salvajes.

 

Cabeza VI, 1949

Él mismo fue un animal que incomodó. Nació en Dublín en 1909 y ya en su pubertad tenía un comportamiento homosexual muy acentuado. Aspecto que enfurecía a su padre quien era un domador de caballos. Así mismo lo trató. De esta insólita relación fue saliendo una necesidad sadomasoquista que Bacon mantuvo en muchas de las relaciones durante su vida y que nos muestra en muchas de sus obras en donde no hay salida. Tuvo hasta el final de su vida, la tendencia de buscar relaciones y afectos donde la violencia y abandono estaban incluidos.

Su vida fue siempre un riesgo excéntrico. El asma me producía asfixia, mientras Bacon anotaba algo que muestra su actitud ante el arte: “todos los pintores desafiamos la muerte”.

A los 16 años se fue sin dinero a Berlín donde encontró la libertad que buscaba. Las actitudes sin límites, las conductas sin comportamientos. En 1928, busca en Paris una cosmovisión del arte moderno y encuentra una Crucifixión de Picasso que fue referencia para los cuadros con ese tema. Su pintura siempre distinta, siempre al margen de las corrientes contemporáneas porque le interesa el horror. Ese mismo, que existe y le muestra el mundo en el que vive pero, él realiza su propia interpretación. Estaba atento a las pesadillas del presente, pero las planteaba en su pintura dentro de una geografía mental diferente que mira al hombre desde un adentro hacia el afuera.

Pintura, 1946

Sin mucho éxito, en 1945 realizó su primera exposición en la galería Lefevre viendo terminar la guerra. Llegó a Londres en busca de reconocimiento y en 1955 encontró los representantes que lo iban a llevar muy lejos: la Galeria Marlborough y ya en 1962, Francis Bacon realizaba una exposición en el museo más importante de Londres: La Tate. Empezó el éxito con precios exorbitantes y también el desenfreno; era un alcohólico consumido con su alma de animal salvaje, le encantaban las fiestas y los bares de Soho mientras en los casinos del barrio, encontraba el riesgo de la deuda y llegó a la bancarrota. También jugaba en los casinos de Monte Carlo.

Uno de los muchos argumentos que explican su trabajo, es el estudio en el que trabajaba. Un lugar sórdido, sucio, lleno de libros, fotografías, cigarrillos, tarros, pinceles, basura y polvo. En las paredes ensayaba la tonalidad de sus colores así que era un espacio atiborrado de intentos cromáticos. Otro espacio sin salida donde pasaba lo imaginable y lo imposible.  De una de sus tantas relaciones, una con Peter Lancy, tuvo una pelea que le dejó la cara desfigurada. Ese era el caos de la resistencia. El desorden caótico le sugería el orden del inconsciente.

Por el caos y la suciedad, la galería mandaba a recoger sus cuadros… cuadros que nunca fueron pagados, dice el juicio de su herencia.

En 1963, conoció sorpresivamente  a Francis Dyer porque  lo encontró en su estudio en Londres y el extraño entró para quedarse como su compañero en una relación muy difícil.  Dos días de la inauguración de su gran retrospectiva en el Grand Palais en París, Dayer se suicidó con una sobredosis de drogas en el baño del hotel de Saint Peres. Todo fue un misterio. Bacon fue a la inauguración y voló a Londres esa misma noche.  Su pintura cambio y la imagen de Dyer sobrevivió en algunos de sus lienzos.

Bacon decía: “Quiero reflejar una taquigrafía de las sensaciones, busco concentrar en mis pinturas, las imágenes de la realidad”.

 

Papa Inocencio X, Bacon 1953-Veláquez,1650

 

Le interesaba el realismo en la figura humana. Viajaba por Europa siempre acompañado de sus amigos. En Roma encontró el retrato del Papa Inocencio X del pintor español Diego Velázquez y a Bacon le obsesionó la pintura. Lo pintó varias veces, pero insistía en que la superficie del cuadro tuviera aspecto de piel de rinoceronte.

Lo que más le interesaba de la figura humana era la boca que la pintó siempre expresando rabia salvaje. Francis Bacon, pintaba al óleo y después, desfiguraba aún más a las imágenes con trapos y cepillos.

Murió en Madrid de un infarto en 1992 mientras buscaba a su joven amante español.

 

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